…Descubrió el atractivo de las noches insomnes en un café, hablando de los cambios que necesitaba el mundo y contagiándose unos a otros con la pasión de las ideas.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

Igual que en el momento de venir al mundo, al morir tenemos miedo de lo desconocido. Pero el miedo es algo interior que no tiene nada que ver con la realidad. Morir es como nacer: sólo un cambio.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

…No siempre después de “te quiero”, va “y yo a ti”. A veces después de “te quiero”, va “pues yo no”. Y no hay forma de decirlo sin arrugar para siempre el corazón de alguien.

Fragmento de Croquetas y wasaps de Begoña Oro.

A Blanca también le preocupaba que su hija no jugara con muñecas, pero Clara apoyaba a su nieta con el argumento de que esos pequeños cadáveres de loza, con sus ojillos de abre y cierra y
su perversa boca fruncida eran repugnantes.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

…Si las locuras se repiten en la familia, debe ser que existe una memoria genética que impide que se pierdan en el olvido.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

Sobre una pila de grano, aspirando el aromático polvillo del granero en la luz dorada y difusa de la mañana que se colaba entre las tablas, se besaron por todos lados, se lamieron, se mordieron, se chuparon, sollozaron y bebieron las lágrimas de los dos, se
juraron eternidad y se pusieron de acuerdo en un código secreto que les serviría para comunicarse durante los meses de separación.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

Se fue quedando ciego paulatinamente, una película celeste le cubría las pupilas, «son las nubes, que me están entrando por la vista», decía.

Fragmento de La casa de los espíritus de Isabel Allende.