Capítulo I

Hace tiempo que me sequé las lágrimas,
que limpié las telarañas de mi corazón,
me deshice de las palabras que nublaban mis sentimientos:
Así desapareció…
el odio,
el miedo,
el rencor 
e incluso el dolor…
Comencé a avanzar.
Un paso,
otro,
una caída.
Pero esta vez no me iba a parar,
otro paso,
otro,
uno más hasta que me el camino se hacía solo. 
Y entonces te vi,
no supe entender tu luz, tu forma de brillar, de respirar o mirar…
El roce de tu olor me embelesó, en el océano de tus ojos bailé,
suave balanceo, como una música que suena y que no quieres parar,
un sentimiento que bombea a cada vena la sangre que te da la vida,
el tambor que retumba en las más oscuras pesadillas,
la voz que te guía, la mano que te levanta y acompaña,
en tu amor, Alejandro, en tu eternidad me quedaré para siempre:
El siempre que viene de la vida y hacia la muerte quiere yacer.

Poesía original de Líneas superpuestas.

Jolgorio

Despierta el colibrí astillado
Cansado, dentro del ajeno resplandor
Somnoliento y con corona
“El cielo nos mira” piensa
Y da chance al León llorar su amada sabana
“El cielo nos mira” susurra
Como envejeciendo con la palabra.

Poesía original de AQ.

BLIND.

El clima ha sido bastante frío en este día, me encuentro muy bien abrigada pero los temblores que recorren mi cuerpo no se detienen, mi corazón no ha dejado de latir rápido, es como si se fuese a salir de mi pecho, el dolor es insoportable.
Lo he perdido todo en tan sólo una noche, ¿Acaso no es curioso? 
Estaba tan feliz que me sentía en el cielo, me sentía tan viva, tan natural… Siempre fingí sonrisas, siempre aparentaba estar “bien” y cuando al fin sucedió, cuando ser feliz era real, tan sólo me duró un tiempo.
No sé por qué, no sé si merezco esto por haber sido tan feliz.

Me siento muy débil justo ahora y quizá mi aspecto luzca fatal, lo más probable es que me encierre en mi cuarto y no me deje ver por un tiempo, quizá se depriman al verme en este estado.

Mis noches permanecerán en un constante insomnio lleno de recuerdos de él; quizá me aferre a una situación diferente, no a la realidad, la realidad es muy difícil: en mi mundo alternativo no hay un corazón roto y él estará sanando cada herida de mi pasado con su amor, besos y abrazos, hasta al fin poderme tener total mente suya.
En ese mundo alternativo esta noche desaparece, el dolor no existe y él podría ser mío; él quizá podría ser mío cuando arriesgará todo por mí, pero, ¿A quién quiero engañar?

Esta es la realidad; una realidad en que me encuentro vacía, mucho más que antes porque he descubierto la felicidad y la paz en una persona que ya no estará más. 
Yo me quedo, me quedo aquí, me quedo con mis letras y en un lugar que se encuentra tan lleno de él…

En mi mundo alternativo no existe un final.

Narración original de Sara López.

Fueron más enamorados

Fueron más enamorados que el frío de un rincón cualquiera de la provincia

Flamígeros diluyendo glaciares en el tiempo

Sin miedo a las gentes que en sus prejuicios los envidiaban

Sin miedo a las convenciones, al delito o a las penas del infierno de las que habla el pastor cada día en el culto

Y se fogosamente amaban a la vuelta de la esquina

A unos metros de  los perseguidores y los calumniadores nuestros de cada día

Y se curiosamente conocían

Pretéritos imperfectos y disímiles que convergen en el punto de las tristezas

Fueron más enamorados que esos relatos del ayer

Que las marcas forjadas a momentos en el pecho de lo vivido

Más enamorados que los contratos nupciales, los divorcios y la sangre

Más enamorados que la fuerza de unos ojos belicosos y oceánicos en lo profundo del silencio

Que los otoños del cuerpo que nos hacen recordar que el flujo de las horas es inexorable

Que el duro metal en las costillas del joven soñador y revolucionario

Fueron volcánicos, volátiles y no les importaba con cuánto llegar al último día del mes

Fueron tan uno que se hicieron carne, fuego y tempestad en la profana complicidad de la  alfombra

Fueron más enamorados que el amor de los más enamorados

Fueron, y en esa forma verbal radica el problema, y no en la urdimbre o en la pobreza o en la deshumanización, o en el fascismo o en comunismo/

Fueron y como un mensaje a los pies de la arena, se olvidaron de la poesía.

Poesía original de Jorge Sandoval.

Maldito será siempre mi nombre

A qué ser feliz entre tanta muerte 
entre tantas noches de húmedos sueños 
de besos pixelados 
de rasguños virtuales 
explosionando en tu ausencia 
desde mi propia ausencia. 
a qué odiarte cada mañana 
con mi boca muerta hace años 
y mis manos muertas un poco más 
con mi cuerpo desterrado 
y mi voz pidiendo a gritos un suspiro. 
A qué tratar de flagelarme en tu recuerdo 
como si comiera una vez más de tu carne 
madre hermana hija compañera 
niña arcoiris 
ángel polilla 
A qué tratar de borrar tu risa de mi espalda 
haciéndola parte del mito de mi sangre 
encadenado a tus caderas 
perdiéndome en mis propios lupanares 
en el fornicio de las teclas 
maldiciendo mi nombre 
maldiciendo mi respiración.

Poesía original de Jorge Sandoval.

Poema de no te extraño

Poema de no te extraño
Porque yo no te conozco
Y no te conoceré.

No hay extraños conocidos, 
No hay extraños en verdad. 

No hay soledad,
No hay lagrimas,
No hay dolor,
No hay comodidad.

Quiero escarbar la cascara de mi alma
Para poder exprimir lo que salga 
Y buscarte en la pulpa de mis sentimientos.

Quiero encontrarte.

No puedo parar de buscarte.

Y no se quien sos.

Tus ecos recorren los renglones de mis hojas
Tu nombre impregna los océanos de mi almohada. 
Muero por conocer tu identidad.

Poema de no te extraño.
(Punto final)

Poesía original de Agustin Scuoteguazza.

Mirando el reloj

Me gustaría que el reloj comenzara a hablar

y me contase ahora sobre mi vida.

“En esta semana dormiste 42.07 horas, caminaste por otras 30.35;

hiciste el amor en un promedio de 124 minutos…”.

Que tuviera una bocina – bocina, porque

la boca miente, y peor que eso, convence -.

No quisiera que dijera bueno o malo, 

sino, esto y el otro.

Ni siquiera que recomiende caminar más o dormir menos,

porque inmediatamente se sentiría en confianza.

-Y nadie quiere una voz alardeando debajo de ropas en el suelo-.

Pensándolo bien, dejémoslo así,

Hasta el tic tac en ocasiones me molesta, me acosa.

Ya recordé que por algo lo compré sin siquiera alarma.

– me da el reloj más mudo que tenga, por favor.

– tenemos este nuevo modelo, no dice ni la hora.

– perfecto, me lo llevo.

Poesía original por Jonatán H. Andrade.

Después de todo

Me encantan los párrafos que inician con un “después de todo”. Siempre son tan contundentes, impactan por completo en la historia y advierten una reflexión que concluirá con lo acontecido. Después de esta frase viene el momento de encarar la verdad y retornar la vista al trama principal: una novela, un cuento, un poema, una vida, todo necesita un “después de todo”. Ese algo que indique cuándo detenernos, pensar y reafirmar camino o recostarse en el lodo. La gran revelación, el final, que se espera como escritor, sea importante; como lector, que sea satisfactorio y como quien lo vive, que llegue para bien, siempre para bien, aunque claro está, aquella frase es usada comúnmente para todo lo contrario: esos finales desgarradores, que te estremecen y hacen pensar que no sirvió de nada el esfuerzo, que todo resultó ser de una manera diferente, que pase lo que pase siempre estarás jodido después de todo.

Narración original de Jonatán H. Andrade.

Uvas verdes (Fragmento)

…era aún temprano y recordaba como aquel día, hace más de cinco años, despertaste primero, te estiraste, y me volteaste a ver con un ligero movimiento como para no levantarme, comenzaste a pensar qué hacer mientras tanto. Bajaste un pie de la cama apenas tapada, te quedaste mirando el techo, el humo del cigarro que recién apagaste hacia giros violentos por la ventana que quedó abierta. Movías tus manos, acariciabas tu vientre – aún no sé que era más suave, si tu vientre o tus manos, a mi me gustaba estar en ambos; y aunque a veces caía de tus manos, sabía que siempre estaría contigo en alguna parte de tu vientre y que tu piel me recordaba cuando posabas tus dedos por aquellos espacios en los que alguna vez estuve-.

Cuento corto original de Jonatán H. Andrade.