El lado anillado de saturno

Me veía perdido en aquel lugar en el que podía hallar una nueva forma de amar con el mismo sentimiento a demostrar en el momento en el que te vi no lo sé, me llamo la atención algo hermoso en ti que hizo a mi corazón latir -yo pensaba que no me harías caso y que esto sería un rotundo fracaso siendo para mí un bello momento en el que te miro y hablo todo el tiempo……… cada vez que puedo te veo e inevitablemente sonrió hay noches que no sales de mi cabeza noches que tu imagen me devora como los pensamientos a mi mente por que de sobra sé que tienes esa sonrisa y esas maneras y todo el remolino que formas en cada paso de gesto que das. Trato de pensar en otras cosas pero a veces ni con formula general consigo despejarte de mi mente y con mis tonterías trato de hacerte sonreír, ya que esa es mi vida mi rutina ya que desde el día que te vi mire al cielo y jure matar todos tus demonios tal vez no se supone que sea perfecto, pero sólo trato de no ser tan estúpido siempre he dicho que las cosas no pasan por accidente, así que no fue una coincidencia conocerte, tú eres un nuevo aclarecer algo que favorece cada amanecer porque ya he pasado toda una vida a oscuras, fue entonces que cuando pude ver el cielo son mirar hacia arriba solo tuve que verte a los ojos porque tienes esa mirada tan tuya que me llena de calma de paz me tranquiliza, y esa manera tan tuya de sonreír toda esa belleza tuya reflejada en el lado anillado más brillante de Saturno, yo sé bien que soy un músico de segunda un dibujante de tercera y un poeta de cuarta tal vez son solo un montón de palabras pero aquí mis más ínfimos sentimientos están relatando en versos…

Prosa poética original de Bruno Rendón.

El amor desinteresado

Seamos dos amorosos que dejen ir todo aquello a lo que se apegan, seamos desinteresados. Sabes que así no nos haremos daño. Quiero  que no te obsesiones en mí  porque podrías olvidar tu presente, quiero que nuestro amor no sea condicionado por delirios de inmortalidad. Demos un espacio a nuestras soledades. Yo te amo y tu me amas, pero no será porque yo lleno algo en ti o porque nos complementamos; nos amamos, porque no esperamos algo el uno del otro y así no tenemos nada que perder. ¡Corramos en la suave hierva y contemplemos el mundo! No importa quien seas o quien aparentes ser, sabes que el amor no está en sincronía con el ego. No existe un tal -me perteneces- porque eso solo refleja el miedo de perder algo que en realidad no tienes.

Prosa poética original de un tal bachiller.

Ya sé que el amor no da garantías
por eso mi amor te ofrezco mis días,
mis tardes de alegría,
mis noches de melancolía,
mis sueños, mis tristezas, mis más frías agonías,
y es que tú amor, mi amor inspiras,
para convertir mis sentimientos en las más dulces poesías.

Poesía original de Aldo López López.

Amor no correspondido

34-C, cabello lacio, 1:65, labios rosas. Esas eran las características de mi chica, bueno, en realidad no era mi chica, creo que ni si quiera sabía que existo. Pero yo si lo sabía, por eso siempre me la pasaba viendo sus fotografías en mi teléfono —un Samsung Galaxy Slll—, al anochecer, al amanecer, siempre observaba sus fotografías, y es que no era ninguna tortura ver ese rostro, ni ese cabello, mucho menos, ese… Ese par de 34-C, era casi un sueño observar tanta perfección en un solo lugar, aunque yo sólo era uno de lo 345 Likes que le daban en cada fotografía, así que a veces mejor, sólo me dedicaba a observarla por mi pantalla, a observarla a ella.

Mi nombre es Andres, tengo 17 años y al igual que ella estudio la preparatoria en el Bachilleres No. 8. Tengo muy buenas calificaciones en la escuela, de hecho, soy de los mejores, mis clases favoritas son Matemáticas y Química, he estado en el cuadro de honor un par de veces y jamas he tenido algún reporte de indisciplina. A pesar de todo, siempre he sido muy reservado, a decir verdad no tengo muchos amigos, de hecho, solamente tengo uno, el mismo desde la primaria su nombre es Ricardo. Ricardo y yo solemos hablar de nuestro futuro en receso, sentados muy a lo lejos de la «sociedad». El quiere ser abogado y yo quiero ser un Químico Biólogo o un Ingeniero en Robótica, queremos estudiar fuera del país, Ricardo quiere ir a Estados Unidos, yo por mi parte prefiero ir a Japón. Me gusta mucho el Anime, y en especial el genero Gore, obviamente, mis padres no saben nada al respecto ya que no lo permitirían, mi familia es muy reservada y correcta, pero en mi cuarto las reglas cambian, afortunadamente tengo puerta, una laptop, un celular y ambos con internet. 
Su nombre es Melisa, la chica perfecta, aunque su belleza no radica en su cerebro, reprobo un semestre por lo que tubo que repetir y para mi fortuna, quedo en mi salón, y desde luego todos y todas quieren estar cerca de ella. 5,000 amigos enFacebook, 10,000 preguntas en Ask.fm y 400 fotos, la mitad al revés y con filtros deInstagram, pero eso no le quita la belleza, que absolutamente es mejor en persona. 
Ya estamos en nuestro ultimo bimestre del semestre, y los exámenes finales se acercan, a Melisa parece no importarle mucho, la mayoría de los maestros son hombres y ella, sabe bien como convencerlos. Desafortunadamente la maestra de Química, la Señora Reyes no es hombre y no sedera por sus encantos. Yo tengo las mejores calificaciones en Química, se despejar con los ojos cerrados y me se la tabla periódica al derecho y al revés. En cambio Melisa es la peor, ella esta mas ocupada mandando WhatsApp’s desde su iPhone y contestando preguntas deAsk.fm, unas de las cuales yo he preguntado anónimamente, cosas cómo: «¿Qué buscas en un hombre física y emocionalmente?» Y al parecer yo no mido 1:80 ni tengo cabello largo y tampoco soy el alma de las fiestas. Así que creo que a mi no me busca. 
Era Viernes y la maestra había puesto un ultimátum a las personas que debieran tareas y no habían entregado ningún trabajo, personas entre las cuales estaba Melisa, así que recomendó a los 3 mejores promedios de la clase como tutores para ayudar, entre los cuales por supuesto, estaba yo.

— Jaime Capetillo con Rafael Dominguez. Melisa Rodriguez con Andres Fernandez. Isis Rubio con…

Cuándo la señora Reyes dijo esas palabras no podía creerlo, de repente todo quedo en silencio dentro de mi cabeza, por fin, por primera vez ella había volteado a la esquina derecha hasta el fondo del salón, yo la veía todos los días, pero ella, hoy por fin me había visto y tenía que estudiar y trabajar todo el fin de semana conmigo. No sabia si brincar de la emoción o cagarme en los pantalones.
Después de no haber ensuciado mis pantalones, la maestra me sentó junto a Melisa, hasta podía oler su dulce aroma, una combinación de brillo labial, shampoo y paleta de la rosa. Aunque yo parecía un maldito ladrillo petrificado, a ella no le importo y de inmediato me saludo.

— Hola Andres, ¿así que tú vas ayudarme a no reprobar eh?

— Claro, jaja, ya vez, encarguémonos de ese Manganeso toxico, jajajajaja.

— Jaja…

Si, al parecer ella no entendió mi refinado chiste ñoño, pero que va, estaba hablando con ella. Seguí tratando de mantener una conversación con ella, y nos pusimos de acuerdo en dónde nos veríamos, al final la cita seria en su casa alas 4:00 p.m. Ella me dijo que iba a estar sola y que podría hasta las 8:00 p.m. ya que iría a una reunión con unos amigos. Yo salí de la escuela a mi casa aún si cagarme en los pantalones y me prepare para mi primera cita con Melisa y mi primera cita en todos estos 17 años. Busque una camisa de mi papá que al parecer me quedaba bien, limpie mis zapatos y busque trucos de: “¿cómo besar a una chica?” Pero enYahoo respuestas sólo decían estupideces, aún así acabe tomando unos condones del cajón de mis padres. Sí lo sé, lo más cercano a tener sexo era masturbarme frente a mi laptop viendo hentai, pero cualquier cosa podría pasar. 
Llegue puntual a las 4:00 p.m. a su casa, Melisa vivía en una casa grande, al parecer su familia tenia bastante dinero. Toque el timbre y salio ella… Esta vez sin uniforme, con un pantalón de mezclilla y una blusa de tirantes rosa… No podía creerlo, todos los días la veía, pero verla así por primera vez, no podría creerlo, afortunadamente los libros que cargaba cubrían mi indiscreta erección. Ella me invito a pasar, llegamos a la sala, ella tenia música a todo volumen, era Skrillex y esa música de licuadora que esta de moda. Ella me dijo que me sentara y bajo un poco el volumen de la música.

— ¿Y bien ANDRES? ¿Por dónde empezamos? -Dijo ella, en un tono muy marcado y sensual mi nombre-

— Bueno Melisa, empezaremos con el bloque uno y dos, tenemos que contestar esta guía y luego…

— Espera, una amiga esta llamando, ¿qué tal si tú empiezas con eso mientras yo hablo con ella? Es algo muy importante, ¿shi?

— Ah si, esta bien, no te preocupes.

Pasaron 34 minutos exactamente y yo había contestado ya casi por completo toda la guia de Melisa, no me importaba, lo que en realidad me importaba era el hecho de estar en el mismo lugar que ella. Era casi una fantasía, una fantasía erótica de esas que pasaban en mis series de hentai y gore favoritas. Estaba pensando en eso, y me hizo recordar la vez que casi desangro a Ricardo. Una vez, estaba leyendo un experimento científico que habían inventado en China, para crear una droga casera con ingredientes que podías encontrar en casa, el experimento consistía en crear una droga similar a el Rohypnol, una droga que te deja en estado de inconsciencia, dejando cómo un títere a quien la consumiera, una de las favoritas de los violadores. Así que un día decidí prepararla en casa y probar mis dotes de científico. Al parecer fue exitosa, ya que cuándo se la di a probar a Ricardo en un vaso de jugo el se desmayo y se descalabro con la esquina de mi peinador. Quedo inconsciente unos 4 minutos y estaba derramando algo de sangre por su cabeza, pero por alguna razón yo no hice nada, sólo me quede viéndolo, y fue así hasta que llegaron mis padres cuando yo también empecé a gritar. Ricardo nunca supo que lo drogue, y todos pensaron que fue un simple accidente. 
Melisa seguía hablando por teléfono en la cocina y yo seguía en la sala sentado, terminando lo que supuestamente, era su trabajo. Estando tan sólo mi mente se empezó a llenar de recuerdos muy extraños, recordaba esas escenas de Elfen Lieduno de mis animes favoritos en el cuál, una especie de humano mutante del sexo femenino tenia brazos fantasmas con la fuerza de despedazar a 10 personas a la vez, arrancándoles cada uno de sus miembros haciendo que expulsaran chorros de sangre cómo si fuera una fuente, o más bien una cascada interminable de sangre, recordaba esos hentai de mujeres de caricatura desnudas en dónde alguna extraña criatura con tentáculos penetraba sin piedad a esas chicas de ojos gigantes, mientras ellas gemían de dolor y placer. Mientras estaba recordando todo eso, en la acogedora sala de Melisa, apareció de nuevo esa indiscreta erección, pero esta vez acompañada de algo más, sentía una especie de sentido animal dentro de mi, una necesidad de desahogar toda esta sed. Recordaba los días y noches viendo las fotografías de Melisa en mi celular, haciendo zoom en su rostro… En sus senos. Y cómo nunca me había masturbado viendo ninguna de sus fotografías, no sabía el porque, sólo pensaba que estaba enamorado de ella y no sé… Estaba mal hacerlo. Pero esta vez estábamos solamente ella y yo, y yo podía verla hablando de espaldas desde la sala. 
No dure mucho pensándolo y de repente, estaba bajándome los pantalones, así que lo hice. Empecé a masturbarme en silencio mientras ella hablaba por teléfono, estaba exprimiendo cada centímetro de su celestial cuerpo, cada centímetro, pero no podía verlo todo, así que me fui acercando poco a poco, quería observar más de cerca ese delicioso trasero cuando de repente. Melisa volteo.

— ¡AHHH! ¡¿Pero qué vergas estás haciendo maldito pervertido?!

Yo no supe que hacer y sólo me quede con los pantalones en las rodillas, los ojos abiertos como un búho y el pene en mi mano.

— Melisa, tranquila, yo sólo…

— ¡Alejate de mi, estúpido imbécil, ya veras lo que te pasa cuándo lleguen mis padres!

Melisa se hecho a correr por las escaleras al piso de arriba, pero antes de llegar y mientras yo trataba de alcanzarla, ella resbalo desde el último escalón, callo por rodando por todas las escaleras acabando en el piso.

— ¡MELISA ESTÁS BIEN?, —Dije yo— ¡MELISA!

Pero Melisa no respondía, al parecer se había desnucado dejándola sola y tirada frente a mi, yo estaba paralizado sin saber qué hacer, me quede casi 10 minutos parado, viéndola en la misma posición pero note algo, la erección no se había ido, de hecho, seguía igual o más fuerte que antes. Entonces la vi allí, tan frágil, tan delicada, tan débil, con su cabello lacio, y sus 34-C, su hermosa piel… 
Me inque a dónde estaba Melisa, y estaba a punto de tocar sus senos pero un pensamiento de culpa me abordo así que retire la mano. Desafortunadamente mi erección era más fuerte que mi sentimiento de culpa así que lo hice. Toque su brazo y fui subiendo lentamente hasta su busto, su piel aún estaba cálida. Empecé a tocarla y en unos instantes la deje totalmente desnuda al igual que yo, la cargue y la puse en el sillón, y estaba yo ahí, cómo en aquellos capítulos de anime, la estaba penetrando salvajemente, me desgarre incluso el pene por lo que empecé a sangrar pero eso no me detuvo, al contrario. Así que ahí me tenían, un maldito debilucho de 17 años de 1:69 cogiendo con una muerta como el maldito Hugh Hefner. El frenesí se volvía más intenso, más hambriento así que fui a la cocina y encontré unas tijeras para cocina, y volví con mi dulce Melisa, corte todo su cabello, corte sus pestañas, sus cejas, sus párpados y la sangre carmesí cubría su hermoso rostro, la penetraba y mientras lo hacía empecé a cortar sus pezones, no sé qué me estaba pasando pero el olor de su sangre me excitaba, tome la malditas tijeras y las hundí en su estomago. Abrí por completo a la desgraciada, todos sus órganos estaban expuestos, así que ahora también le hacia el amor a sus intestinos, pero me quedaba sólo una duda, todo este tiempo que nunca me noto, que nunca me volteo a ver si quiera, todo este tiempo que estuve enamorado de ella y nunca lo supo, tenía que saber una cosa más, así que metí mi puño por sus costillas y justo cuando lo sentí, tire fuerte. Al parecer la perra si tenía corazón después de todo.

Cuento original por Dante Vasách.

Fuente original.

El Cantinero Volador

Era el mejor cantinero de su abandonado distrito,

trabajaba en un bar, que era siempre el favorito.

Estaba prohibido prominente bigote

pero nadie lo delataba, parecía un monigote.

El piso de madera maltratado por la humedad

su uniforme impecable y la corbata al ras.

Siempre se antojaba de un buen cigarro

le lastimaba los pulmones, pero se imaginaba habanos

Venían los de siempre y a veces con sus amigos

venían pocas señoras y alguna vez un mendigo

pero disfrutaba atendiendo a una particular cliente

y de su olor a tabaco; tan solo verla en su ambiente.

Ella siempre se sentaba sola en la barra

pedía un bloody mary y una pizza bien horneada

además solicitaba que le traigan alcaparras

y salsa de ajos con albahaca y espinacas.

El cantinero vivía enamorado de aquella

soñaba la noche su vida con dicha estrella

con amor de clavo de olor y limón

Miel de nueces y frutas de estación.

Poesía original de Rómulo Engycel.

El cuerpo nos estorba, pues impide ver el espíritu escondido en el. Las personas son almas encerradas en claustros con cinco ventanitas. Así mismo por las ventanas de los sentidos podemos asomarnos al mundo para ver materia. Nos resulta imposible conocer la verdadera esencia de las personas por que los cuerpos se interponen. La belleza o la fealdad del espíritu, es algo que sólo podemos ver con los ojos del corazón.

Prosa original de Anny Good Feels.

De Dónde me Vienen los Besos

Un tiempo amanecí temprano,
minaba en las cuevas;
suspiros pasados
y en su estalagmita
tallaba con lija y aceite
labios sonrojados.

Un tiempo besaba los vientos
que me acompañaban
en cada transporte.
Llevaron sus aires a casa y
juntos destilaron
elixir de amores.

Un tiempo cargué mil heridas.
Por todas caían
gotas de tristeza,
los charcos se hicieron diamantes
olor a esperanza.
Los puse en mis dientes

Y un tiempo yo te veía toda,
sí, fueron semanas
en que te soñaba,
guardaba mis besos en ropas
con cuales vestirte
llegada la hora.

Y llegó
el tiempo en que fuiste
la dueña de todo:
de piedras talladas y elixir,
de dientes diamantes y ropas
y tomas mis besos
te los quedas todos
me exprimes el último labio,
reclamas a gritos
que te entregue todos
los besos que guardo en mi boca,
y en vez te sonrojas.

Tendré que encontrarte
los besos de aquél
recoveco en que nunca se agotan:
perforo mi corazón pronto
brotan cataratas de besos pasiones
te bañas bajo la cascada y
le bebes los ríos,
bebes mis amores

en tu boca.

Poesía original de Quidec Pacheco.

Los Cuatro

No le gustaba juntarse con nadie, excepto cuando jugaba póquer. 

El póquer era lo único que jugaba con su padre cuando era niña y, luego del prematuro fallecimiento de este cuando tenía 13, se empezó a juntar con aquellos interesados en jugar (o mejor dicho: aprender por medio de ella a jugar). Con el tiempo y por el juego, Nora (que es como se llama nuestra protagonista) y su exquisito y pequeño circulo (que en realidad era también el único) formado por Florencia, Julio y Alberto, jugaban religiosamente y todos los días después de clases a excepción de los sábados y domingos que no se veían.

Años más tarde ellos tres se enamorarían de Nora, ninguno lo demostraría de alguna forma y ninguno se enteraría que los otros dos estaban también enamorados, incluso después de acostarse con ella, lo disimulaban muy bien de tanto jugar póquer (Cara de póquer). Nora, por otro lado, no ha desarrollado sentimiento por alguno los tres, pero gusta pasar la noche con el mejor de la misma, (que en muchos casos era ella misma) solo cuando alguien juega mejor que ella se siente viva otra vez, llena de adrenalina, y solo lo sabe manifestar en la cama.

Ninguno de los tres hablaba con otro del grupo, solo sabían saludarse, decir su apuesta en el juego y despedirse, (bueno y también coordinar para la siguiente vez) así que no sabían mucho de lol.s que conformaban el círculo. 

Florencia es el producto de una noche de pasión de su soltera madre, ambas no se juntan mucho con el resto de su familia porque ellos ven mal a una soltera con hija. Ellas conversan todos los días aunque de forma algo sobria, les gusta hacerlo mientras ven una película en la noche.

Julio vivía con su madre divorciada y su hermana, no le gustaba lo mucho que peleaban las dos así que no las trataba mas que en el almuerzo, de desayuno solo tomaba agua para no tener que verlas y en la noche se compraba un triple y una botella de agua de regreso a su casa y luego de jugar.

Alberto tenía dos padres que nunca se amaron, todo era muy frío en su casa y casi siempre estaba solo en ella, conversando por internet con gente que no conoce pero le gustaría conocer.

Los tres saben muy bien como camuflar sus sentimientos hacia Nora en frente del resto, pero Nora sabe como son, esto por haber pasado la noche con cada uno, de esa forma sabe como interpretar las miradas que se les escapa de tanto en tanto a sus amigos y usarlas a su favor cuando juegan póquer.

Ninguno de los cuatro pensaba que jugar póquer los hacía verse geniales, los cuatro lo hacían por puro amor, un sentimiento extraño, divertido y agradable; los cuatro lo hacían de puro románticos, una mancha de los 47 colores que el ojo humano no puede percibir en medio de un mundo carcomido y gris, el gris más vacío que Dios logró hacer. 

Cuento original de Rómulo Engycel.

CAMBIO Y FUERA

Una noche fría y vacía, de esas que la gente huye, esas noches que con un solo suspiro inundan melancolía en cualquier alma, estaba sobre un muro, un gato negro, su piel era fina como el terciopelo; su maullido era más profundo, los demás gatos caminaban alrededor y ninguno lo miraba…

De un solo salto ágil y libre como su sentir, caminó por las calles, sin atreverse a mirar hacia el cielo, el en medio de su curiosidad quería descubrir que en algún otro lugar había otro gato con las mismas inquietudes.

Entre esas calles encontró un algo, si… ese algo que la gente común le llama basura hecha por niños, el tomó entre sus garritas un vaso con un hilo conectado, e inició su maullido, con la esperanza de que alguien le respondiera, no funcionó, bajó la mirada y soltó aquel artefacto, le dio la espalda y se dispuso a continuar con su andar, al dar el primer paso, escuchó el eco de un maullido, más dulce. Ello le hizo retroceder y tomar nuevamente ese vaso entre sus garritas y se puso a cantar, y del otro lado otro minino le contestaba con la misma melodía, se atrevió a contarle de su pena gatuna (de esa que llega hasta la luna, como aquella poesía infantil), el otro le habló de una solución para su sentir, puesto que el vivía enjaulado sabía de algo que le alimentaba su espíritu de libertad, le dijo:

“gato negro mira la luna, que todas las noches te sonríe y te cobija, y pone como locos a los demás seres, tu que la vez y puedes acariciarla con la mirada, platícame como es, quiero saber de su color plata, sueño con comerme a ese conejo, describe si las estrellas se ponen de montón a su alrededor para hacerla sentir menos”.

El gato negro comprendió que su tristeza se esfumaba con mirar al cielo y saber que en algún lugar había otro gato con las mismas inquietudes, un gato que tenía muy en claro su deseo, a diferencia de él que iba en búsqueda. Todas las noches el gato negro camina hasta ese callejón, antes de tomar el vaso en sus garritas, primero observa la luna, posterior se reporta:

-gato negro mirando la luna cambio

Del otro lado…

-gato blanco preguntándose ¿cómo está hoy ? cambio y fuera.

FIN.

Cuento original por Resalova.