Cada vez me resulta más difícil escribir,
porque ya he dicho muchas veces que,
con ella, en el cielo estaba la tormenta;
porque ya no se me ocurre
cómo contaros otra vez de nuevo
las mil formas en que me arrastró entre los diamantes;
cómo se clavó, piadosa y bífida,
escondida en aquella belleza
tan llena de malas hierbas.
Ya he descrito hasta la náusea
cómo desde entonces
el silencio ya no suena igual;
cómo desde entonces
me atormentan por igual
los dientes de la lluvia
y el fantasma del Sol.
Al final es siempre
el mismo juego de palabras y pasiones: apenas hay poema
en el que no empuje a la Luna
a la cumbre de mis versos,
con unas ideas limitadas,
pero a veces muy bien disfrazadas,
que giran sobre sí mismas una y otra vez.
Pero , ¿qué podría hacer si no?
Ya sé que mi talento se ahoga contra el anochecer;
contra los mismos recuerdos,
ideas y nostalgias
que se aferran a la pluma
embravecidas e inmutables.
Ya sé que no soy Hermann Hesse,
y mis suspiros enferman de envidia
cuando leo cómo habla de Gertrudis
o de Demian.
¿Y qué, si la llama se apaga desde dentro?
¿Y qué, si mis escritos
son siempre lo mismo,
o mudan el pellejo
tan sólo levemente?
Porque al final, esto es lo que soy yo:
-Vértigo.
Vértigo al seguir pegado
contra el suelo,
y no poder volar.
-Sombra
Soy una sombra dentro de mí,
una mustia turbulencia
tendida entre las grietas secas
de un ayer prostituído y ultrajado.
Pero esta sombra refleja un fuego
que no se desploma
ante nada ni ante nadie.
Esta sombra emergerá de ti
lesionada pero invicta.
-Hombre
Porque con casi cuarenta años
entenderás que en mí
ya no hierve la inocencia
que movía mis impulsos,
mis patéticos llantos o mis súplicas.
El deshielo ahora
se produce gota a gota;
no puedo consentir
que un hechizo
cantado con la piel y con los labios
pueda endemoniar mi yugular
tan fácilmente.
-Y libre
Porque no necesito ni deseo
estar contigo;
me conformo con tan sólo
someter tu recuerdo
a la purga necesaria
para eliminar de él
cualquier parte de ti.
No soy nada más,
ni sólo eso…
Pues soy más que tú
pero nada sin ti…
Soy feliz llevándote conmigo
siempre y cuando no estés más conmigo.
Delicada, suave y efímera. Te vi caminando entre las rocas, el mar agonizaba por tus curvas. Las olas se rompían con cada paso que tú dabas. Amazónica y espléndida, eras de otro mundo. Florecías majestuosamente ante los rayos del sol, Sayulita, mi amor. Eras la erosión de mi éxtasis. Tú cabello áureo me seducía suavemente, aterciopelado con el reflejo del Sábado. Te hacías una con las olas, te deslizabas entre el mar y te convertías en sirena. Y tu cuerpo, no se diga de tu cuerpo: atezado y moldeado por Praxíteles en el Olimpo. Seductora de las olas y los dioses. Tú risa resonaba en las nubes y el cielo, estrepitosa y orgásmica, las estrellas se alinearon en tu nombre. Los astros nos abrazaban a las dos cálidamente. Con la fogata de mi ukelele te inmortalicé en el eco de la playa. Resonaremos eternamente hasta que se opaque el bello cielo. Mujer, eras un paraíso dentro de otro, abriendo puertas al infierno, dos amantes sin acercarse, dos mujeres sin tocarse. Sayulita mi amor, escapémonos a Chapala y embriagemonos con nuestros labios. Sayulita mi amor, vivamos en Bellas Artes y hagamos el amor con pinturas y cinceles. Sayulita mi amor, recorramos la Republica mexicana de nuestros cuerpos que ansían por ser descubiertos. Te llevo en mi mente, mujer en cierne que crece en mis vértebras, como albur esporádico. Alcoholizada por tu recuerdo, montamos olas como peces en verano pérdidas en este océano que llamamos vida. Mujer en cierne, creces día a día dentro de mi, te llevo hasta el día que nací.
Y por fin me he dado cuenta de que no tiene por qué hacer tanto frío debajo de las canciones y los versos.
Por fin me he dado cuenta de que no es buena idea tratar de calentarse debajo de tu nombre.
Porque ahora por fín disfruto en soledad de los incendios que pulsan en cada melodía, o de las esmeraldas negras y punzantes que se retuercen en la cuerda de un violín, o de mis pequeños micromundos, que burbujean incinerados en la tinta.
Porque ahora el universo ya no tiene las costuras desgastadas al haber quedado medio roto entre tus labios.
Porque ahora puedo sonreír salvajemente cuando la Luna se arranca las cadenas y mi alma pierde el control.
Ya no te necesito ni en el pasado ni en el futuro; y mucho menos en el presente.
Tic…tac…tic…tac…
suena aquel viejo reloj situado al fondo del largo pasillo, la cera de la
apenas visible vela cae derretida lentamente para chocar congelada contra el
piso de madera que cruje por el frio.
Tic…tac…tic… vuelvo a escuchar sonar
las manecillas, pero se detienen faltando una nota la cual descubro acompañada
en un cuarteto del piano desafinado que se mantiene empolvado en la siguiente
sala completando así la canción de esta noche moribunda.
Tic…tac…tic…tac… una maldita vez más
y siento como mis oídos cansados están de aquel repetido sonido, mis ojos arden
en intentos de querer mirar en esta oscuridad, mis manos han perforado ya mi
camisón de seda y rasgado parte de mi pecho. Tic…tac… ¡mi garganta estalla!
grito solemne en lamentos de paz y siento un charco de lágrimas consumadas en
mi boca ahogando hasta el más mínimo de mis auxilios, lloran mis ojos y se
desangra mi pecho, mis dedos han perdido sus uñas al rasgar la carne de mis
clavículas, dejando a la vista el blanquecino hueso.
La oscuridad de esta habitación cae sobre mi cuerpo, a lo lejos observo al
culpable de mi juicio, me mira con sus ojos en delirio y sus labios excitados
en las sombras se relamen los restos de alguna otra víctima, ahora ríe y
comienza a arrastrarse por el suelo bañando con mi líquido carmesí su fúnebre
cuerpo. Antes de volver a verlo de cerca, interrumpen a lo lejos voces que no
reconozco –¡Asesina! ¡Asesina! –¡Castigadla Dios, no tengáis piedad con ella!–
Rugen
hipócritas sus plegarias y aves marías, en cada oración las telas de mi cama
comienzan a mudarse en telas rígidas y espinadas, el reloj ha desaparecido con
el eco de las voces, el frio se ha quedado dormido y la oscuridad comienza a
atenuarse, la rigidez en donde mi cuerpo yacía se transforma en terciopelo
satinado.
En la habitación ahora reina un
silencio exquisito, mi cuerpo dejo de sufrir y mis ojos podían ver con claridad
el rojo quemado de paredes que mi memoria desconocía. Voltee hacia arriba, mis
pupilas quedaron obsoletas al verme reflejada en aquel espejo colocado en el
techo, ni siquiera el sonido nostálgico de un violín como fondo me pudo apartar
de aquella visión.
Aquella bella visión, su cuerpo
tiene una contextura delicada, ojos grisáceos profundizando mis cavilaciones,
piel pálida, cabellos negros como el ala de un cuervo. Sus manos se extendieron
como olas por mi vientre, lirios bailando entre ríos, escucho aves cantando
liricas angelicales y campos floreciendo en inviernos muertos, sus labios me
invitan cual Eva a probar de la manzana… en silencio, penetra, recorre mis
tierras, su semblante frio, ángel caído,
partido, la cuna, mi carne… el hijo.
-¡Bendecid al niño Dios!- Escucho y
se agrieta el espejo, bajo la mirada, se esfuma la estampa de aquel hombre
bello, aparecen por el contrario dos cuernos, cabeza de cabrío, manos humanas,
escamas en vientre y plumas que suben hasta su pecho, grito aterrada y retumba
mi chillido en sus ojos, se marcha con una mueca sardónica, impulso a mi cuerpo
a moverse y escucho de nuevo en un coro pérfido -¡BRUJA!-, volteo acobardada buscando las voces, a cambio el espejo cae
tumultuoso en una nueva oscuridad donde siento como se incrustan pedazos del
mismo entre mis piernas.
En
mi mente imagino mi sangre pecaminosa vertida cual vino en la copa sagrada y mi
carne cual ostia en la lengua del incocente, mi cuerpo es el festín de la
ultima cena, mientras el padre salpica agua bendita y la muchedumbre escupe
desprecio en mi cuerpo, hay un olor pútrido, mi respiración se consterna, abro
los ojos…
Vuelvo a la realidad y observo como
no eran mis dedos los que rasgaban mi piel, sino el fuego consumado de esta
hoguera donde estoy , tampoco eran pedazos de espejos en mis piernas sino
grabados a fuego punzante en mi piel de sus sagradas cruces y el olor pútrido
era desprendido de mi carne ensangrentada, quemada, curtida; mis manos tienen
hoyuelos, me han dejado tirada cual abominación avergonzada sobre sus propios
pecados, me han culpado de servirle a Lucifer, a la bestia que tanto temen, al
demonio del cual se esconden entre sus credos, al Ángel Caído que no quiso
servirle a su Dios, pero para su buena y dócil suerte ninguno ha visto lo que
han salvado y como vuestro señor es misericordioso, todos los presentes que me
han mutilado, quemado y juzgado por querer regresar a aquel ser maligno a las
llamas ¡Van a escucharme gritar desde
esta montaña de madera y cenizas! ¡Van a ser testigos que su Dios existe al
mirarme sufrir por servirle de progenitora a Lucifer!…
Lo lleva envuelto en una manta
blanca, está sollozando, tiene la piel roja por el frio, lo arrulla entre sus
brazos para calmarlo. Carga inocente a quien nació de un amor profano, (tan
profano que él mismo querría arrojarlo a las llamas) sus suelas levantan
partículas de mi propia carne, fue señal
para mostrar mi arrepentimiento entonces grite el dolor que había guardado mientras
sus llamas y plegarias atentaban contra mis actos inhumanos, grite como el ser
despreciable que era para ellos, pedí perdón a su gran Dios con el sufrimiento
más sarcástico y por ultimo reí, no obstante el padre acercó a mi hijo y dibujo
una cruz en mi rostro y proclamo las siguientes palabras :
“Que vuestro señor os perdone por querer
entregar a vuestro inocente fruto a las llamas de Lucifer como ofrenda para
mantener su vínculo, Señora Salem vaya con Dios “
Había pasado tiempo para que alguien
volviese a decir mi nombre, pero en su voz escuche misoginia, marcho victorioso,
como todos los que había presenciado mi castigo, mi mente deambulo en rencor,
si algo había aprendido de ellos era a clasificar a los personajes malévolos de
la biblia entonces mi boca comenzó a cubrirse de sangre envenenada y antes de
que no volviera a producir sonido alguno, les revele el secreto por el cual
nunca preguntaron y fui castigada…
-¡Llamadlo Caín, porque os juro que
será la desgracia, el mal de todos ustedes mis amados hermanos!
-Abigail Gomez / Cuento realizado como proyecto para la clase de Literatura.
bailamos drogados en una pista vacía.la luna llena nos acaricia. enamorados.estrellas. estrobos iluminan nuestros miedos. bailamos. bailamos olvidando la alarma diaria. bailamos junto con los klaxons. junto con las bombas. bailamos fuera de este sistema que no se cansa de golpearnos. arriba.abajo.a un lado. al otro. lento. rápido. bailamos. en el suelo. en el cielo.en las nubes. en el pavimento.beso-beso-beso y ve eso que te palpita por dentro. confieso. tengo miedo de romperlo.miedo al progreso.miedo a los fantasmas.miedo a las arañas. miedo a que termine la madrugada. miedo a no ser lo que quieres. baila con tus peores pasos. dime lo que sientes. mientras te beso. basta.ya. ya me duelen. los labios. ya me duele el alma de tanto que me la muerdes.ya. ya me duelen los besos que mañana me harán falta. los besos que no podré olvidar. los besos que discriminan.humillan.hacen bullying. a todos mis otros besos. humedos.secos.fríos.cierra los ojos pide un deseo.estrella fugaz.tormenta.lluvia de ideas.macho alfa.beta.gama.delta.el amanecer inminente. negro.azul.rojo.naranja.amarillo.llegó el momento de despedirnos.adiós. mañana seremos desconocidos.buenas noches.mesero.por favor. traigáme otro de sus besos.