Y después de todo sólo nos quedaba, nos queda la lúgubre tarea de seguir siendo dignos, de seguir viviendo con la vana esperanza de que el olvido no nos olvide demasiado.
Fragmento de Las caras de la medalla por Julio Cortázar.
Somos carne remendada por los hilos de algo que jamás conoceremos, de algo a lo que busco encontrarle un nombre, una razón, una idea para entenderte y entenderme, para aceptar que lo que sucede entre el silencio y la oscuridad es algo mas que tu piel encendida tratando de adueñarse de la mía, algo mas que tu espacio intentando ocupar el mío, algo mas que tus labios devorando mi aire.
No merezco
un amor
como el tuyo,
no he sido
tan mala persona,
más bien merezco
un amor de antiguas,
de esos
de detalles y flores,
de amar
sin límites de tiempo,
de amar
hasta morir,
sinceramente
no me mereces,
soy demasiado para ti.
No sé si me engañaste, más fingiste
tan bien tu amor y tu entusiasmo loco,
que hoy, aunque nada entre los dos existe,
aún me parece que me amaste un poco.
Con las puertas abiertas
definitivamente
al dolor al dolor al dolor,
al crepúsculo humano, a los acontecimientos
resbaladizos, grises del corazón, de los ojos
cortados, bruscamente…
Fragmento de Oficio de tinta por Miguel Sánchez Gatell.