Reímos hasta llorar,
pies descalzos trazando la orilla en la que el cielo tocaba la tierra,
yo huyendo de las lágrimas y tu sumergiéndote en ellas.Dijiste te amo tantas veces que tu voz se tornó en la brisa
y derramó la luna entre las olas
y yo no podía quitar los ojos de las estrellas
derritiéndose en la arena.Susurré un te amo, casi inaudible,
que las olas arrastraron hasta al fondo del océano.
A tientas, acerqué mis pies a las orillas, donde tu cuerpo yacía
ensimismado en mis palabras
y me sumergí a tu lado.
Esta semana pasada tomé unas vacaciones después de un año sin descansar. Fui al mar y me enamoré un poco de la vida.
Lectura del día: Cotidiana maravilla por Alma Rosa García.
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