
“Había tanto amor en aquellos ojos, que me era imposible no quedarme a ver las estrellas a su lado”
Poesía original de @castillosliterarios

“Había tanto amor en aquellos ojos, que me era imposible no quedarme a ver las estrellas a su lado”
Poesía original de @castillosliterarios
Depende mucho de como me sienta.
Por el momento mis favoritos son El despertar por Alejandra Pizarnik y Soy mi cuerpo por Jaime Sabines.
Mis partes favoritas son:
“Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada”
y
“Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.”
Esto debido a que últimamente no me he sentido nada bien; estoy en esos días como que no tienes ganas de nada, días en los que te gustaría irte a dormir y ya no despertar. Llevo ya meses en esos días y no logro salirme del hoyo.
¡Gracias por preguntar!
– Aileen.
Todo adquiere en mi boca
un sabor persistene a lágrimas:
el manjar cotidiano, la trova,
y hasta la plegaria.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.
Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.
– Gioconda Belli
…La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje
los objetos que duermen en la playa…
Desnudo soñado una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.
La tiniebla no pudo
traspasar los umbrales de su casa.
Se consumió entera
de calor y de luz como una lámpara.Nadie le vio las manos
vacías o cerradas.
Entregó su tesoro
de actos vivificantes, consolaciones, graciasIgual que en un crisol se hacían en su boca
verdaderas y puras las palabras.
No dijo más que amor
y amó hasta el fin “como quien se desangra”.Cuando vino la muerte
buscó su corazón para alancearla
y nos ha herido a ti, a mí, a todos,
donde su corazón se derramaba.