No desnudes tu cuerpo, eso vendrá después. Desnuda tu alma, desnuda tus ojos, desnuda tus brazos, desnuda tu mente. Quiero ser tu subconsciente, que tú seas el mío, que no haya secreto alguno.
Si después de desnudarnos sigues aquí, todo habrá valido la pena.
En esta sed vacio
Pareciamos extraños
Deboramos nuestros cuerpos
Nunca llegamos a sentir
Nuestras almas
No eras tu
Ni yo
Solo el vacio
Entrando
En el cuerpo.
Una vez me enamore de un desastre.
Era de esos desastres que te hacen
querer ser humano.
Un desastre alocado,
con el cabello
enredado
y los calcetines bonitos.
No era aquel típico desastre
de cabeza;
era una tormenta
de emociones con
las rodillas pinchadas
y el aroma de todas las primaveras.
Era un desastre bonito,
con su flequillo todo
mal cortado por
un arranque
de ira.
Porque aún
siendo la más hija
de puta,
era tremendamente guapa,
con sus rabietas
y esa devoción por la
nostalgia.
Era un desastre,
un desastre con una marea
preciosa en eso de amar.
Era un desastre que juraba no llorar
cada vez que se quedaba sola,
y un desastre inquieto,
y un desastre roto.
Y no sabía diferenciar de cuando
le hacían daño,
a cuando le querían.
Era un desastre,
sí,
pero era de esos desastres
que daba gusto querer.
Yo no sé si exista la magia,
pero os juro,
que era el puto desastre
más bonito que jamás
haya visto.
Después del amor
vino el silencio
grité toda mi voz.
Morimos juntos
muchas noches.
Incendiamos
recuerdos – voces.
Arañamos las
caricias ajenas.
Nos desnudamos
de otros.
Quedamos
frente a frente
en silencio
para siempre.
se cae
tu silencio,
míralo
como resbala
por mis mejillas
arrastrando todo a su paso,
mis lágrimas,
las esquinas del tiempo,
hasta mi voz,
que se hará silencio con la tuya,
y ya mudos,
sabremos cuánto hubo que gritar
para dejar de amarse.