“ Ojalá pase mucho tiempo antes de volver a verte, no quiero sentir como mi corazón caerá en pedazos “
l. Carretera.
Puedo observarlas desde lejos, en una paleta de colores púrpuras difuminadas en lo alto del cielo con apenas bordes oscuros.
Las lejanas montañas de superficie rocosa te han dormido con una canción de amaneceres coloridos, vientos fríos, nieve de ensueño y lluvia ha terciopelo.
Imagino cada estación del año pasando por tu piel de seda, Haciendo reverencia ante tus ojos de fuego.
Comienzo a idealizarte como un hombre sin pasado Que vive de Páramos mágicos andando entre rocas, arbustos y frutos salvajes.
¿ya no me recuerdas?
Tus pies y tus manos recorren sueños desde las curvas de carreteras turísticas, deleitas tu oído con las voces de los viajeros, y ese sonido de armonía sustituye mi voz de tus deseos.
Al caer la noche aún me pregunto, Si cuando ves alguna montaña difuminada contra el cielo:
¿También me recuerdas? ¿Nos recuerdas?…
…subiendo al árbol más alto, para abrazar nuestros sentimientos, congelar el momento y guardar en las nubes nuestros sueños, Aquellos que un día compartimos.
Intentos de querer fusionar el fuego con el agua. Intentos… que se derritieron en mis mejillas… y que se mostraron inútiles ante tu inestable alma.
Vuelvo…vuelvo… en la distancia… Aún te observó durmiendo entre las montañas más altas cansado de amores fallidos e ilusiones de rostros a los cuales les has borrado el nombre.
Cualquier atardecer que pinte tus colores en lo lejos, Siempre… Me traerá el recuerdo donde pintabas los paisajes felices Que alguna vez recorrimos juntos.
¿Ella me recuerda?
Estancada en los labios de él, con las entrañas revueltas de remordimiento y su lengua relamiendose las sombras de mis besos.
¿Todavía me verá venir en las mañanas, entre sueños y sollozos?
Mi silueta amarillenta. Sus ojos preciosos que el sol sumerge en miel.
¿Se acordará de mis caricias?
A veces como cera caliente en la piel, a veces como sábanas de satín tibias.
De ese golpe directo y violento que dejó marca en esta hoja de papel.
¿Se acordará mis palabras?
Las de una mujer perdidamente enamorada. De un alma inexperta lista para morir.
De una vida completa dispuesta a sucumbir.
De unos ojos, labios y manos siempre buscando complacer.
De una existencia y esencia siempre a su merced.
¿La recuerdo yo?
Con el ridículo corte de cabello que atribuía madurez a su silueta infantil.
Con una taza de té verde quemándole los labios.
Los ojos diminutos a través del cristal empañado, la mirada de duda, la sonrisa perversa, el puchero típico y su mano en mi piel.
Después, el mundo para mí sola.
¿Yo la recuerdo?
Díganle que no, que su traición me ha dañado la memoria, que ya no me sé su nombre ni su canción favorita.
Díganle que soy libre y agraciada, fuerte y sabia, que nada se me ha vuelto a hacer añícos.
Díganle que si quiere pasar a saludar, ya sabe dónde encontrarme.
Quizá fue un sueño de aguas tóxicas, ó el impacto eléctrico de un verso que me dejó el aliento lleno de amores sedientos y anhelos de fuego.
Quise que cada invierno fuese como bucear entre las esmeraldas nacaradas de una pálida y reconfortante melancolía; quise que las vértebras de mi espalda, regadas por tu cabello y por el viento de verano, florecieran sonrientes entre tu olor y el de la tierra seca.
Ya no importa. No te necesito.
A las nubes por fín se le empiezan a caer las malas carnes; el atardecer por fín rueda fresco por mi pecho.
Ahora, el silencio humeante que siento sobre mi ropa, sobre mi piel, sobre mi aliento, me provoca placeres subterráneos que tú jamás podrías darme.
Ahora, sólo me sirves para saber cómo debo sofocar de ahora en adelante los torrentes de luz puerca y descuidada que suelen irradiar las almas cargadas de veneno.
Y aunque la esperanza siga siendo el molde de la tempestad y de los arco iris agotados, tengo que decirte que la soledad es el mayor premio que un hombre podría recibir tras haberte conocido.