La llama se nutre de la llama
fuego al fuego, karma de luz.
Ojos tiritan sin tiempo,
espectantes,
al fondo de la habitación cerrada.
Las risas se atrapan y destajan en llantos sanguíneos,
perforándole oídos al cadáver de las flores.
Y el augurio de un amanecer sin reflejo se desliza bajo la puerta,
temblando,
a horcajadas,
como el hijo enfermo de un demente.
La neblina se tensa y desata entre palabras buscándose entre sí,
perdiendo el lazo invisible entre certeza y delirio donde todo es posible.
Espeluznante, como una mirada sobre la cara de una niña triste.
Como la puerta entreabierta donde el asesino se cobijada, apuntando la
garganta desnuda de su víctima entredormida.
Como un sueño asaltando la conciencia en el tierno suicidio que la pastilla
promueve.
Como el bufón disparando versos al infinito y besos a la espalda de la luna.
El sol espera del otro lado del espejo por un amanecer transparente
frente en su monótona luz, desgastado por el ojo cautivo que quedó esperando
en la ventana la aparición del luminoso invitado.
Aún se escucha el borde imperfecto de la razón, el eco vomitivo que se
arrebata del limbo. La respiración se suspende en un beso artificial y
combustiona el aire haciendo explotar una ventana olvidada en el rocío blanco,
donde una sombra desvaría y se proyecta con luz negra en una pared muda y
desplomada sobre el primer paso de un viaje sin final.
El corazón se parte y pulveriza hasta volverse uno con el hálito de los
espectros que llenan los párrafos sin terminar de mi eterna huída.
Cierro los ojos y grito, cierro los ojos y me quemo la vista en tinieblas,
vuelvo a mi ceguera, tomo el puñal…
Poesía original por Memeth Astrodog.