Ni tan bonita ni tan mía

Rasgando con mis uñas al cielo
solo consigo que caiga sobre mi pelo
la condensación que ha dejado durante el día
la ensoñación de vernos. 

Suspirando hacía el horizonte
solo consigo ecos remotos
de viejos tiempos de alegría
cuyo sonidos ya se han roto. 

Mirando en cada esquina
solo me encuentro en la penumbra
calles cubiertas con amarillas hojas
que como una húmeda lapida entierran
donde ayer soñé mirándote con dulzura. 

Paseo en la noche por la ciudad llena de basura,
pero la anhelada soledad se ve rasgada por figuras
que se mueven desde otro mundo
y me roban por instantes mi pequeño y frío reino. 

Busco recorrer la ciudad, acariciándola con mis paseos,
de la misma forma que recorrería
con mis dedos tu suave figura
encerrados en una habitación casi a oscuras. 

Paseo por las calles y sueño con oler tu cabello,
tumbada en mi pecho y soltando locuras
sobre saltamontes que vuelven de sus tumbas,
y sobre pájaros que hablan la lengua de la ternura. 

Miro a las esquinas en la soledad de la noche
e imagino recorrer lentamente todas tus curvas.
Las tomo con mucha precaución
por temor a encontrarme de frente con la luna,
que me sonría de nuevo y pierda toda mi cordura. 

Tengo ahora por amante a la ciudad
y está triste y decadente por tanta basura
que se agolpa en cada calle y en cada fuente.

Tengo ahora por amiga a la fría soledad
que me acompaña desde las alturas
para caer en picado y devorarme
cada vez que cierro los ojos
y saboreo la dulzura. 

¿Y qué sería yo
sin tantas noches poniéndole tu nombre a la luna?
¿Qué sería yo sin mi propia negrura?

Kaosbronazo (“Tu Nombre a la Luna”)

De lo incierto

De lo incierto
tenemos nada más los nombres.

Nos gusta pensar en libertad
volviéndonos al viento
y a las alas.
El breve espacio entre humanidad
y bestia: polimorfismos,
arte,
imagen y semejanza.
Acaso
detrás de cada hipótesis
aguarde una hipótesis primaria;
un bucle infinito. Quizás 
la nada o
la existencia por espejos.
Quizás palabras:
Cáncer, divinidad, tiempo,
vida y muerte 

y ninguna boca que las nombre.

Poesía original de Merari Lugo Ocaña

Mis Amores Infinitos

Si fuera a darte

mis amores infinitos

desde lo más escondido

desde donde sale el sol

verías

en tu cara cada día

el destello de mi risa y corazón

porque soy

cariñosa supernova

la más tierna paradoja

longar beso en tu mentón

es debido a

que al principio de los tiempos

la que puso en movimiento

se esfumó

y el enigma

dejó hoyo negro encima

del que yo ya no detengo

mi horripilante succión.

Dado, expulso cada hora,

cada día

tantas palabras tan lindas

tantas hojas de pasión

es por eso

que este amor huele a infinito:

tiene un hoyo malherido

que del otro lado llora

mi cortejo tan dulzón.

Necesito

de una mano cósmica

astrofísica blandura

susurrantes letras biónicas

que despidan cordura

así ya

en la hora más oportuna

me olvidaré de la boria

colapsará mi agujero en

tu boca gravitatoria

llegarán mis afecciones

a balance universal

y sólo a ti te dirán

“Te Amo”.

Poesía original de Quidec Pacheco.

Tus Labios Encendidos

Y tus labios que se encienden con mi nombre
que pronuncian en tiznadas letras “¿dónde?
¿cuándo? ¿cómo me darás
al fin el beso que yo ansío,
que me come?”

Ardes toda
son tus ojos llamas dos, consumidoras
y en tu boca
tus susurros que me adoran
fuerte encienden…

¡Quemas toda!
Con tus manos, con tu aliento,
con tus horas.
Me resisto a ser tocado por tu aurora,
luz rojiza que derrite y acalora
pues si ahora
yo besara con mis labios a tu boca
mataría pues tu flama con mi roca
fugaz mármol, intocable y ruda forma
sufriría ni un rasguño de dolor,
cuando tú te extinguirías pronta y sola
como un fuego se sumerge en alta mar
que fue cruelmente prendido y avivado
para hacer más doloroso su final.

Y verás,
no pretendo ser de ti tu matafuegos
ni robarte tu lucero
sólo porque me lo das.
Yo prefiero
aceptar duro y certero
mi papel, que me ha arrojado ya este cuento:
observar tu flama arder desde un vitral
nunca prometerte un largo y dulce fuego
aunque dentro,
tal vez quise siempre tu candor sincero.

Corazón
al rojo vivo te encendieron.

Poesía original de Quidec Pacheco.

A Qué Me Huele Tu Pelo

Me preguntaste

que ¿a qué te huele tu pelo?

huele a esperar 7 años

a juegos soleados

a rezos

a sesos

a noches en vela llorando

amando en tierna soledad.

Tu pelo me huele a pintura

a dibujo

a escultura

te huele a miedo de que nunca,

nunca nunca,

tú me quieras.

garabatos de secundaria y

hasta a manos

en mi pecho,

descansando a mis cielos

soñándote tanto

deseándote lento

queriéndote recio.

Tu pelo te huele al momento en

el que dejé

la preparatoria y

sus viejos amores

por unos mejores

a lodo en el parque con lluvia:

mis lágrimas gordas,

lloviendo en la facu.

Te huele a destino encontrado,

primaria quebrada

por mil corazones,

a tías diciendo “¿ya mero?”

a fuerte aguacero

de decepcionar.

Me huele a todo lo que quiero,

a no consumado,

a fuerza divina.

A los posibles desayunos

contigo de espaldas

y yo recorriendo

tus curvas tomando

tus manos quemando

tortillas mientras

nos besamos.

A eso me huele tu pelo.

Poesía original de Quidec Pacheco

Sueño

Hay amores que duran toda una noche.

De entre los ojos, los tuyos,

al fondo en el andén, apuntándome,

desconcertados nos miramos, sonreímos,

despistados los ojos que te acompañan, camino,

suavemente aprieto la mano que sostengo, comprende.

La hora pico en la estación, te pierdo,

mi voz profetizada zumba de oído a oído, me detengo,

estos pasos pierden su sentido, te encuentro.

son los gritos y empujones de las puertas que se cierran, nos separan.

Mis pasos que se giran,

las manos entre voz y oídos,

los ojos que se vencen,

los labios que se encuentran,

me olvido,

te olvido.

Poesía original del usuario Erickssoriano.

De Dónde me Vienen los Besos

Un tiempo amanecí temprano,
minaba en las cuevas;
suspiros pasados
y en su estalagmita
tallaba con lija y aceite
labios sonrojados.

Un tiempo besaba los vientos
que me acompañaban
en cada transporte.
Llevaron sus aires a casa y
juntos destilaron
elixir de amores.

Un tiempo cargué mil heridas.
Por todas caían
gotas de tristeza,
los charcos se hicieron diamantes
olor a esperanza.
Los puse en mis dientes

Y un tiempo yo te veía toda,
sí, fueron semanas
en que te soñaba,
guardaba mis besos en ropas
con cuales vestirte
llegada la hora.

Y llegó
el tiempo en que fuiste
la dueña de todo:
de piedras talladas y elixir,
de dientes diamantes y ropas
y tomas mis besos
te los quedas todos
me exprimes el último labio,
reclamas a gritos
que te entregue todos
los besos que guardo en mi boca,
y en vez te sonrojas.

Tendré que encontrarte
los besos de aquél
recoveco en que nunca se agotan:
perforo mi corazón pronto
brotan cataratas de besos pasiones
te bañas bajo la cascada y
le bebes los ríos,
bebes mis amores

en tu boca.

Poesía original de Quidec Pacheco.

Verso a los estragos de una líbido desenfrenada

Cae sin gracia alguna, totalmente vencido por su propio orgullo.

Cae rendido, flácido, ya muerto, vacío

Pues ha perdido ya su fuerza, su forma y las ganas de seguir,

De retomar lo de minutos anteriores.

Ahora siente frio, se siente vulnerable y pequeño,

Opacado por la sombra del recuerdo

Pues, incluso reviviéndolo, permanecerá muerto,

Quizás solo por ese momento, unos cuantos minutos,

O, si ya añejo está, unas cuantas horas e incluso días,

Tiempo en el que la memoria solo servirá para atormentar las ganas. 

– Poema original por su servidora, Aileen Martínez Soto.