No pertenezco a nada, a nadie.
Etiqueta: prosa
Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Hay dramas más aterradores que otros. El de Juan, por ejemplo, que por culpa de su pésima memoria cada tanto optaba por guardar silencio y después se veía en la obligación de hablar y hablar y hablar hasta agotarse porque el silencio no podía recordar dónde lo había metido.
Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas.
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.
Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.
A todos, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular,
intransferible y precioso.
Apología de un sentimiento
“Preguntarse
por el amor bajo la lluvia de abril es un acto más que reflexivo”Siempre defendí la idea que el amor es un relato que
nos hacemos a nosotros mismos sobre otra personaUn relato en el que se omiten los aspectos negativos,
los defectos, los inconvenientes, las diferencias.Un relato que con el tiempo se agota y hay que
cambiarlo.Siempre vi en el amor a un imposible que sólo siendo posible
tendría sentido–El amor como
una búsqueda que nunca encuentra, nunca llega-.Solía pensar que el amor está básicamente pensado para
el (yo) excluyendo al (otro)Como si se buscara solamente el beneficio propio, el
otro sería un elemento para llenarse, expandirse, emanciparse, pero es sólo eso:
un objeto.Esas actitudes que resaltan el animal que somos, obedeciendo
sólo a instintos naturales: carne que
busca carne; se sacia, y va en busca de más.Parecía que había perdido en mi interior la vocación
por el romanticismo que tantas alegrías me había dado.Perdí la fe en el mundo y en mí…
Pero, llegó ella.
Llegó como el imprevisto de los desastres naturales
Y no fue un evento cualquiera en mi vida, fue un
resquebrajamiento total de lo que era y de lo que fui desde ese momento.-Me devastó-
Parecía que todo lo que había dicho hasta ese punto se
esfumaba en el aire, se perdía en el horizonte.¿Qué era esa sensación? ¿Acaso existía?
¿Acaso de un momento a otro se me escapaban las
explicaciones metafísicas de lo que sea que es el amor?Ella con una sola mirada derrumbó todos mis
argumentos.Con una sola frase me convenció de estar equivocado,
Que todo lo que había escrito hasta ese momento eran
mentiras, que no hay poesía fuera de su cuerpo.Hoy sé que el amor existe, porque la amo.
Yo solo amé una vez
Y es la vez que sigo amando hasta ahora
Porque desde el primer día no dudé nunca para decir: Es aquí…
Si el amor resulta ser un relato no quiero escribir
otro, no quiero saber de fabulas o historias. Sólo de realidades, de amar cada
segundo que la tengo a mi lado.Tampoco quiero pensar en finales, en más finales. Ella bien sabe que ya hemos intentado
ponerle a esta historia punto final, pero siempre termina siendo un punto
seguido. Siempre sigue, siempre vuelve.Tal vez el amor no encuentra, y somos nosotros, como
yo la encontré, porque sí. Porque es lo único que se interpone entre la
realidad yo.Y la realidad es lo único que se interpone entre lo
único que quiero tener y no tengo, es decir ella.Nunca había deseado tanto lo mejor para otro como lo
hago con ella, tener el imposible deseo de poner el mundo a sus pies y bajarle la
luna que ya tiene entre las pupilas.Esas ganas de decirle que estaré hasta el final, si es
que el final existe después de ella.Ese deseo de contarle entre mis escritos que si el
amor finalmente es posible, estoy dispuesto a hacer lo imposible
para estar con ella.
Prosa poética original de @poesiasantiagorincon
