Post mortem
No me encuentro bien. Últimamente, no me siento bien. Siento una tristeza enorme en mi pecho; no sé quién soy, no sé qué hacer. No tengo ganas de nada, solamente camino entre esta mansión que cada vez se torna más gris, que cada vez es más fría, que cada vez se encuentra más sola.
Todos los días llueve, todos los días lloro. Me siento vacía, me siento fuera de mí.
Ya está oscureciendo, pero para mí todo el día es lo mismo; siempre me persigue la misma oscuridad.
Mientras me aproximaba al gran salón, pude escuchar el clic de una cámara. -De nuevo Nolan trajo el trabajo a casa- Pensé. Entré y lo observé mientras fotografiaba a una mujer mayor luciendo ropa bastante corta. La sesión terminó y la mujer se aproximó a abrazarlo y agradecerle el buen trabajo. Seguidamente besó sus labios y él, aunque no la besó de vuelta, no intentó retirarse tampoco. La mujer me sonrió y se fue, a cambiarse supongo. Observé a Nolan y traté de no explotar. Las cosas no marchaban bien entre él y yo desde su partida, pero aún soy su esposa, pero aún lo amo… O al menos eso quiero creer, aceptar lo contrario haría la idea del divorcio más real. ¿Pero es eso malo? ¿Puedo seguir al lado de alguien de quien no soy el centro de su universo?
-Qué te pasa? –Exclamé.
–Perdón. –Dijo él. –No puedo ser maleducado y rechazarla, yo ayudo a estas mujeres a recuperar su autoestima.
-Por supuesto. –Dije mientras salía del salón.
Las noches son cada vez más largas. Los pensamientos cada vez son más molestos. El dolor es cada vez más grande.
Mis días se resumen en caminar alrededor de la casa, en escuchar mis sollozos y el eco de mis pisadas cuando deambulo por los corredores. En salir bajo la lluvia y esconderme en los rincones más fríos que encuentro. En salir y darle la vuelta a la cuadra, en escapar del molesto reportero detrás de la historia de mi casa. En tratar de encontrar algo… algo que le dé sentido a todo esto.
Ya es un nuevo día, ¿pero desde cuando eso importa? Hoy llegó el correo y la situación legal del cementerio que forma parte de mi propiedad sigue en espera. Ya que importa, sólo queda esperar…
Salgo a caminar; a sentir el viento, a ver el cielo, a escuchar las aves y a ver los niños jugar. Me siento igual. Triste y sola. ¿Acaso algo me hará sentir algo distinto? Me siento tan cansada… cansada de sentirme así, cansada de vivir así.
De pronto algo llama mi atención, es música suave. Dulce y delicada. Alzo la mirada y observo un violinista en la casa del frente. Una muchacha yace en el centro y se encuentra rodeada de… ¿un coro? No importa. Detrás de ella puedo observar a un caballero con un enorme ramo de flores. Ella lo observa emocionada. Le está proponiendo matrimonio. Ella dijo que sí. Y yo no puedo parar de llorar… Puedo saborear mis lágrimas amargas, puedo sentir mis lágrimas tibias y abundantes. No puedo dejar de hacerlo. No puedo sentirme menos triste. No puedo sentirme menos frustrada. No puedo dejar de odiarme. Siento que no puedo respirar, algo se hunde en mi pecho y algo me atasca la garganta. Son mis propios miedos y tormentos que desean salir.
Decido seguir mi camino. Observo mi casa; tétrica y descuidada. Cada vez más en ruinas… Veo al frente y ahí está… el reportero que me viene siguiendo desde ya hace un mes. Me volteo y empiezo a correr…
Llego a la entrada principal del cementerio y decido entrar. Después de todo, sigue siendo mío.
Hoy hay mucha gente presente, pero que raro… no recuerdo que hoy se celebre alguna festividad.
Me llama la atención las tumbas próximas a los arboles más grandes. Dos cruces de mármol sobresalen del suelo y una señora yace abrazada a su niña de unos 4 años.
Puedo sentir el amor con el que la abraza, puedo sentir el cariño que emana su ser. Pero hay algo extraño; la niña no tiene color. Es gris, como el mármol… Y entonces me doy cuenta. Todos a mí alredor abrazan a alguien que tiene esa tonalidad. ¿Pero qué sucede?
-Mi niña partió hace unos meses. La extraño todos los días y puedo sentirla en este momento. –Dijo la señora.
¿Pero que acaso ella no la ve? La niña me observa y sonríe tristemente. Y de nuevo empiezo a llorar. Su niña está acá. En esta tumba. Muerta. ¿Estará Mattia aquí también?
-Puedo ver su espíritu. –Intento decirle. Pero no entiendo muy bien que estoy viendo. Sólo sé que, así como siento el cariño de la madre, siento el dolor de la niña. Lo que ella pudo llegar a ser…
-Lo sé. – Dice ella.
¿Pero, acaso me conoce? Probablemente no.
La escucho conversar con la señora paralelo a ella. Las interrumpo y pregunto si han escuchado sobre Mattia. Mi hijo.
-No. –Dice una de ellas rápidamente. –Visitamos a los espíritus, no a las sombras. Me han dicho que Mattia es un niño muy malo, un ente muy oscuro; al igual que todos los que escuchan Mozart. El mismo diablo les corroe el alma hasta convertirlos en oscuridad.
Me quedo quieta. Otra vez algo me aprieta el pecho. De nuevo me cuesta respirar. Me siento tan miserable. Siento que no puedo más. Mi hijo está muerto. Está muerto y no lo puedo cambiar. ¿Pero, una sombra? ¿Mattia se convirtió en una sombra? ¿Acaso es algo de esto real?
-BMAR (parquededepresiones)