Un amigo me dice “Todo  plan de alternar  poemas con prosas es suicida, porque los poemas exigen una actitud, una concentración,  incluso  un  enajenamiento  por  completo diferentes de la sintonía mental frente a la prosa,  y de ahí que tu lector va a estar obligado a cambiar de voltaje a cada página y así es como se queman las bombitas.”

Fragmento de Salvo el crepúsculo por Julio Cortázar.

Apenas te conozco y ya te has abierto el pecho y regado tu interior sobre la mesa. No me cuides, no me protejas; asegúrate tú de estar dispuesto a vivir a salvo en la locura. Consciente a suficiencia de amar mis peligros y mi fuerza, mi tozudez y mi alegría frenética. Ni adelante, ni detrás, siempre estaré dispuesta a compasar el ritmo de nuestros pasos.

No busques impresionarme, no contengas cada una de las cosas que has traído para enseñarme. No sé como ni cuando, me encontré con tus demonios y les dije, segura, que estaba dispuesta a abrirles mis brazos.

Prosa poética original de Palabras Infertiles.

Ven, fuma un cigarro conmigo. Te contaré de todos los lugares que no has visitado. Seré insolente, te diré que no lo has hecho simplemente por no haberlos contemplado a través de mis ojos.

Ven, puedo hablarte de las diferencias entre un punto seguido y un punto final. De la distinción entre soledad y autosuficiencia, entre el amor propio y el orgullo; entre la ira que nubla la visión y la complacencia. Conozco todas las delgadas líneas, suelo caminar con habilidad y todo el tiempo sobre ellas.

Ven, quiero hacerte sonreír. Tengo una manera peculiar de alabar exacerbadamente los defectos y comprender el mundo de fragilidades que se esconde tras murallas, en apariencia, impenetrables. Soy dócil frente a los corazones endebles y abiertos, insistente frente a la mentira reiterada de unos ojos implacables, adiós insalvable frente a la crudeza del egoísmo.

Te prometo que guardo mil y una justificaciones para tus errores conscientes. Sin embargo, albergo mil reproches frente al cansancio de vivir y la rendición apresurada.

Ven, no vas a ahogarte. Tengo un juego nuevo y mil experiencias que narrarte; tengo un beso comprensivo y una disculpa a flor de labios cada vez que mis defectos se vuelvan insorteables.

Tengo una dualidad concentrada en mi interior dispuesta a abrirte los ojos a un mundo que te ha esperado desde siempre. Yo puedo contarte cuantos paisajes disímiles puede albergar un mismo día y cuantas ilimitadas manías serán el pináculo de tu rutina. Las tuyas, las nuestras, las del futuro que impaciente nos espera.

… Yo quiero que el mito sea realidad, que la fábula nos vuelva protagonistas. Yo quiero ser el ‘desde siempre’ de tu vida.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Vos

Estas calles indiscretas nos miran. Parpadeo. Bares, clubes, putas, avenidas, bibliotecas, todas susurran tu voz. Ese eco de tus palabras. ¿Recuerdas cuando vos decías que volabas y corrías con la blusa de cuadros levantada como que en forma de alas? Recorría a la idea de tu libertad.

Vos me inyectaste con esperanza, esa idea de amores y que más cosas. Caminaba por la calle gris y pensaba en tu rutina diaria. Recuerdo que vos no parabas de leer medicina (o no sé cómo le llamas a tus asignaturas universitarias) y yo pensaba que lo que necesitabas al día siguiente era una buena dosis de cafeína. Amaba verte con el espresso  y me enamoraba verte tan ansiosa y eléctrica. Amar un poquito más de vos.

Vos tenes un “no sé qué”, que no puedo explicar.  Vos tenes un nudo de cosas que ame y odie, pero a la vez ame más. Eso de los defectos, era tu mayor virtud.

Cara de niña, letras de adulta, indiferente, indecisa y a veces consciente de lo que querías. Aún espero una respuesta a mi pregunta, a mi más grande deseo, eso de tenerte a vos junto a mi cuerpo por el resto de nuestros tiempos.

Estas calles son muy anchas, muy largas sin vos. Son tan grises, tan vacías, daltónico del alma sin tu presencia.  Tu alma llenaba estadios enteros, anhelos aparentemente utópicos, erótica, pasiva, alegre, reprimida; todo aquello que mi mente no se cansaba de ver ni mucho menos pensar.

Rareza al cien por ciento, depresión sin dolor, amor sin sexo, Oliveira sin la maga, abrazo sin calor. Es aquello que ilógicamente es lógico, que el orden desordena los sentimientos. Quiero, puedo, envidio a la luna que alumbra tu cuerpo por las noches y lo baña con luz propia.

Esa catarsis, esa concepción de ideas, ebrio por tus besos. Vos, me mirabas indiferente y yo, con los ojos por fuera. Vaya gracia, vaya desapego del orgullo. Tan solo quererte, hermosa, tan solo por quererte.

Camino y reparo en mi deseo. Una noche, nuestros cuerpos amalgamados, nuestras almas yuxtapuestas en un juego de niños y de amantes, renacerán en un solo elemento. Seremos dueños del todo y de la nada. Vos sos mi musa, mi todo. Te espero en mi vida, pronto…

Prosa poética original de Manumdez.

La fuerza del débil.

               Ni la mayor de mis tensiones, ni el mayor de mis temores hacen palpitar tan fuerte, tan rápido, tan duro mi corazón como el verte un instante a los ojos, y besarte para siempre, sin tocarte. El imaginarte aquí a mi lado, opaca por completo todo lo malo, todos los demonios que viven en mi interior se arrodillan ante ti, todas las sensaciones de tortura se llenan de amor, cada que pienso en ti. Todo se hace inmortal en tan sólo un segundo, podría acabar justo ahora, y es la belleza de que nunca volverá a pasar lo que lo hace único, lo vuelve inmortal. Ódienos y envídienos quiénes nos maldicen, pues nos verán acabar, porque somos frágiles, somos vidrio y somos papel y caeremos, caeremos en el pozo más oscuro y profundo, quizás, pero ámennos sólo nosotros, pues no necesitamos más de un segundo para enamorarnos, porque somos humanos, y nunca seremos de hierro ni acero, ni de ninguna cosa que no sea capaz de sentir.

Prosa poética original de Dante Vasách.

ASÍ CONOCÍ A UNA MUJER LLAMADA AGONÍA

No estoy seguro si fue real o no; si fue producto del constante desvelo de la semana, del mes, de la vida o por simple sugestión, no sé si alucinaba o alguien jugaba con las cortinas, que se movían serpenteantes en cuanto les ponía encima mi atenta mirada.

Hice una promesa: ver la luna antes de dormir.

Supuestamente era sumamente bella esa noche.

Antes de acostarme me dispuse a ver al cuerpo en la bóveda celeste, pero desde mi cómplice ventana no se apreciaba absolutamente nada más que oscuridad. Suspiré indignado sobre el vidrio de la ventana, el cual se empañó. Con mi dedo índice izquierdo dibujé la luna en ese cielo vacío.

Comencé a caminar de la ventana a mi cama, pero poco a poco, la luna que había creado comenzó a emitir luz propia, una luz que no se puede ver con simples ojos mortales. Voltee a verla y me acerqué de nuevo a la ventana, era una luz muy fuerte y cegadora, envolvente pero fría y llena de confusión.

No temí, pero me inquietó el hecho de sentir como toda mi energía (o la poca que quedaba) fue drenada de golpe, mi vista se nubló y perdí el equilibrio, veía las cortinas moverse solas, como serpientes sobre el agua; veía la luces de otras casas como grandes llamaradas; sudaba frío. Inmediatamente y como pude, junté fuerzas para levantar el brazo y borré la luna de mi ventana, ya estaba fatigado; sin embargo, eso hizo que alguien arribara a mis pensamientos que solo necesitaban dormir, una mujer en la que logro distinguir al yo de hace unos años. La vi y de inmediato le pregunté:

— Hay algo que no está bien ¿cierto?

— ¡Nada está bien! – Contestó de forma abrupta con un tono de voz fastidiado y rasgado.

Un vendaval sumamente frío llegó directo a mi ventana, golpeando y desgarrando mi pecho y rostro como si fuesen filosas navajas; ese viento me causó un malestar increíblemente grande, aunado a mi falta de vitalidad me impidió cerrar la ventana y caminar normalmente hacia mi cama, las piernas me temblaban, veía figuras en la penumbra de mi habitación, olía a azufre, escuchaba un profundo pitido en mi oído derecho. Estaba perfectamente consciente de la agonía.

Después del pequeño esfuerzo llegué a mi cama y me recosté lentamente boca arriba, sin embargo no me había percatado que ella estaba ahí, esperándome. Al darme cuenta de su presencia se acercó rápida y provocativamente a mi oído con un exhalar muy tibio, mientras tomaba mi brazo derecho entre los suyos y lo presionaba contra su frío pecho, preguntándome:

— Hay algo que no está bien ¿cierto?

— Nada está bien… – Le contesté con voz quejumbrosa y con las pocas fuerzas que me quedaban.

Ella sonrió. Apoyó su cabeza sobre mi brazo, se disipó en el aire y entró a mis pulmones, quitándome la respiración y enfriando mi cuerpo.

Me estaba muriendo.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.

Reflejo

Estoy frente a un espejo, y mi reflejo no hace lo que yo hago.

Mi reflejo no sonríe, no tiene luz en sus ojos, no es feliz. Yo me siento feliz. ¿Estaré volviéndome loco? ¿O acaso estoy frente a un fantasma?

Mi reflejo es triste, no esboza sonrisa, está estático, pero en cambio yo sé que estoy sonriendo. ¿Qué está pasando?

De repente mi ‘’reflejo’’ habla y me dice algo que me hace llorar: -No soy tu reflejo, soy tu alma.

Ya comprendo todo.

Prosa poética original de Ángel Patiño.

Cuanta dulzura en tu mirada. Puedo adivinar si es de día o es de noche, si hay peligros acechándonos, intrusos espiándonos y hasta si es de esos días en que quieres recorrer el mundo a mi lado o sentarte a escucharme hablar sobre algo.

Cuanta dulzura habita tu mirada. Tus ojos sonríen a la medida justa de tus párpados y entiendo que no hay razones para sentir miedo; que la trama es segura, que la diversión se vive contigo, que estás pidiéndome que te sostenga.

Y en un suspiro no hallas palabras, y en un segundo puedo improvisar un absurdo o besarnos las mejillas en compás hasta que debas detenerme por temor. Cuanto amor desbordaron tus ojos. ¿Cuantos mundos han quedado por descubrir allí? ¿Justo antes de que tus pestañas desciendan otra vez?

Prosa poética original de Palabras Infértiles.