TO THINE OWN SELF BE TRUE

Con un pincel en la mano derecha y con una paleta llena de óleos en la izquierda, me dispuse a comenzar aquella que sería mi primera pintura con motivo de ser. 

Justamente antes de colocar el pincel sobre la tela llegó a mi nariz un aroma penetrante, los solventes que suelo ocupar despiden olores bastante fuertes, enervantes. Dejé por un momento la paleta y me dispuse a cerrar aquel envase para evitar la evaporación de su contenido, pero algo atrajo mi atención en la pared que estaba al fondo; se trataba de un pequeño bastidor que hace tiempo había comenzado a pintar, pero nunca le di continuidad debido a que no tenía claridad en las ideas que movían mis trazos en aquella ocasión. 

Me acerqué a él y observé detenidamente las áreas sin color a tal punto de poder distinguir la textura de la tela, esa textura rígida y seca que posee, tan rugosa como la sensación que provoca rasgar con las uñas un pizarrón de tiza, o la de rasgar con la base metálica de la goma de un lápiz una hoja de papel. 

Seguí observándola y me perdí en la infinidad de hilos entretejidos entre sí, comencé a recordar aquellos momentos de “inspiración” por pintar, aquellos momentos en el que mi imaginación tenía colores, antes de que me hallara encerrado en la monótona tinta negra con la que escribo. 

Como era de esperarse, la melancolía llegó a mí y me abrazó tan fuerte que todas las piezas destruidas que se encontraban dentro de mí, se sublimaron, se juntaron de nuevo tomando la forma de un cuervo que no paraba de gritar, se elevó hasta lo más alto de mi subconsciente para después, como si la fuerza de gravedad fuese mucho más grande de un momento para otro, caer súbitamente en el suelo de mi consciencia con tal fuerza que ésta quedó destruida, al igual que el cuervo. En ese momento cerré los ojos con fuerza y un crudo nudo en mi garganta me impidió tragar saliva, cabizbajo y con un fuerte dolor en la garganta regresé a lo que antes estaba haciendo. 

Para mi sorpresa ocurrió algo que sigo sin poder explicarme, todo el solvente que dejé abierto se había ido, se evaporó por completo, pero el aroma seguía a mí alrededor, justo como aquel sentimiento que corría dentro de mi ser cuando comencé la pintura inacabada: se evaporó, pero aún hay señales de él en los alrededores, señales enervantes y sofocantes. 

El nudo en la garganta llegó a apretarse tanto que una de mis lágrimas se suicidó lanzándose al olvido para evitar seguir sufriendo; una tras otra siguieron saltando a tal punto de dejarme seco. Entonces comencé a llorar sal, una sal amarga y picante, blanca y cristalina como la misma cocaína, capaz de dejar seco a quien se atreviera a probarla. Pero ¿por qué a las personas les gusta probar la sal de los demás?, si optan por probar la mía estarán firmando un tratado con la agonía, la melancolía, la misantropía; con las ganas de no querer absolutamente nada, con el delirio de no encontrar a alguien con quien te sientas a gusto, con el arrepentimiento de haber nacido, con el deseo de haber hecho tantas cosas cuando se pudo, con la necesidad de tomar a cierta persona entre tus brazos y estrecharla tan fuerte hasta unir todas las piezas rotas que tenga, con el cuidado de no tirarlas de nuevo. Con cada pensamiento y frase que cruzaba por mi mente en esos momentos, me sentía más y más consumido por la sal. 

Cuando quedé vacío por completo decidí encender un cigarro, pero al observar la flama del encendedor, todo lo que se encontraba alrededor se incineró por los solventes disueltos en el aire, ya nada tenía valor. Con cada bocanada de humo tóxico, todo mi ser también se incineraba, debido a aquellos sentimientos disueltos dentro de mí, todo dejaba de tener valor. Mezclé tantos colores que obtuve la ausencia de color, un negro más deprimente que las últimas pinturas de Rothko, un negro más siniestro que mis más recónditos deseos, un negro con su única cualidad existente: absorber luz y no dejar escapar ni un fotón de ésta. 

Hoy solamente sirvo para absorber toda la luz en mí alrededor y no refractar nada en lo absoluto. 

Mis ojos se han convertido en un par de agujeros negros con forma de diamante, así que veré directamente al sol para averiguar cuánto tiempo tarda en desplomarse. Mis brazos manos y dedos son tan ásperos que todo aquello que toco se queja de dolor, si tocara las nubes comenzaría una tormenta de dimensiones bíblicas. Mis palabras son tan filosas que llegan a herirme incluso antes de que salgan de mi boca, pero ninguna logra cortar el maldito nudo que se aloja en mi garganta. Por eso y muchas cosas más, no quiero tocarte verte ni hablarte, puesto que provocaría una guerra, pero a nadie miento cuando digo que eres más deseable que la guerra de los cien años. 

Hoy estoy más destruido que nunca, millones de piezas punzantes han sido esparcidas por todo el mundo, resultando doloroso el proceso de reconstrucción. 

Hoy me pregunto quién más está interesado o interesada en encontrar esas piezas que tanto hieren y devolvérmelas no sin antes quitarles las puntas y el filo que poseen. 

Hoy quiero que me ayuden a buscar esas piezas para encontrar a mi verdadero yo, aunque me pregunto: ¿en algún momento estuve completo? 

En este estado no me interesa nada, hoy solo grito, susurro, dibujo, escribo, lloro, río, veo, escucho, pienso clamando ayuda, ayuda para escribir una historia donde todo y nada sean lo mismo, una historia en reversa, que comience por el final y termine por el principio.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.

Te amo si te vas, te amo si regresas

Y ese sueño sigue intacto, ahí, junto a ti, escuchando a tu corazón palpitar es donde siempre quiero estar. ¿Como se puede amar sin estar? ¿Como se puede amar cuando no se puede estar?. Te amo cuando estas, eso es cierto, amo tu maravillosa presencia, cuando puedo tocarte con mis manos, cuando me tocas con una mirada, cuando estas; pero creo que te amo tanto que amo incluso tu ausencia, cuando te vas, cuando no estas, cuando no te toco, cuando no me miras, cuando no me abrazas. Te amo si te vas, te amo si regresas, amo todo de ti. Te amo a ti.

Prosa poética original de Alirianys.

Antagonista

Déspota. Platillo lleno de basura. Desayuno. Como. Me lo como. Te lo comes.

Beso en la mascara que se descascara. Se rompe. La rompo. La rompes. Se cae a pedazos. Cúbrete, no quiero verte de ese modo. Pusimos todo patas para arriba buscando lo que no teníamos. Argumentando como conseguirlo cuando nunca existió. Fuimos ingenuos, niños buscando tesoro en la arena, en la playa, cuando el sol tiñe de un naranjo violáceo el cielo y la vida se siente con más sentido. Mañana todo será mejor. Me dices besándome las sienes. Mañana. Alegría. Bonanza. Gratificación. Se alarga la sobremesa. Nadie dice nada al respecto. Devoramos la basura. Somos carroñeros empedernidos. Alegría. Bonanza. Gratificación. Declive. Hecatombe. Volteamos la redoma. Llenamos el surco. Todo para nada. Porque para los grandotes lo grande se hace chico.

Nos hicimos los grandotes. Peregrinando. Llegamos a donde no debíamos. No hay vuelta atrás. Hazlo primero. No. lo haré yo. Yo que soy el malo. Antagonista. Déspota. Yo te lanzo al vacío y te ofrezco un mundo sin la basura que nos anega. Pero te niegas. Yo que soy el malo. Y crees que la basura nos hace felices. Nos da la alegría, la bonanza, la gratificación más elevada. Y somos la T del todo. Y somos la A del ahora. Y somos la N, la A, la D y la A de la nada.

Déspota. Platillo lleno de basura en la mesa. Déspota. Argumento marciano. Déspota. No lo entiendes. Déspota. Te han hecho sorda.  

Prosa poética original de Taron-emano-things.

Reflexión Nocturna

Sólo quiere noche, nada más que noche; que nunca acaben esas horas armadas de silencio hasta los dientes. No desea sino esconderse en las cavernas de Internet, ignorándose a sí mismo, rebuscando entre películas y series de otro tiempo algún resquicio por el que dejar caer su mente y no pensar.

Cuando amanezca, el Sol será guillotinado de un golpe de persiana…

Su rostro se tensa, bajo una coraza de temor y odio, porque no soporta que el mundo se sacuda la noche de los hombros.

Trata entonces de dormir, pero le pica todo el cuerpo…

Respira el olor de la luz irritada y corrosiva que se cuela débilmente desde afuera. Escucha cómo nace la vida al otro lado del miedo, más allá de las paredes, enroscado a la miseria como si de un peluche se tratara.

Se siente incómodo dentro de sí mismo; los músculos sucios y untados de grasa, flácidos y sin fuerza, son un fétido y burlón reflejo de lo que fueron una vez.

En ellos se resumía gran parte de su orgullo…

A lo largo de su vida, los engranajes de su espalda no fueron los primeros en romperse, pero los mordiscos de dolor en su columna son los que le recuerdan que a su juventud ya le han puesto el punto final.

Hunde entonces su cabeza en la música, ya que no puede dormir, buscando algo de paz en esas canciones capaces de fundir la distancia entre los años… Esos discos en los que el pasado parpadea y le guiña un ojo, sonriente, para ver si entre la maraña de vidas que ha vivido, hay alguna en la que le quieran dar asilo momentáneo.

El recuerdo… ese campo de refugiados para cobardes.

Finalmente, despierta por la tarde, cuando ya no escucha demasiadas voces encaramarse a la ventana; cuando se desperezan de nuevo los abismos, y busca a ver si queda algún sueño vivo debajo de la almohada.

Prosa poética original de Eros Ignem.

Una muerte cómoda

Sigo sin entender por qué, pero elegiste el suicidio y por si fuera poco, como medio de ejecución decidiste ir por la más cruel de las torturas que uno se puede aplicar a sí mismo. Te fuiste por el camino más plano, la recta sin fin. Te olvidaste de las curvas que la vida tiene, los bajones y los días tristes. Tomaste la píldora que entumece. Te ataste al cuello la soga que no mata, sino solo sostiene. Te lanzaste, amigo mío, al infinito abismo de la comodidad.

Prosa poética original de Mr. Black Grass.

Hilo Blanco.-

Cuando un hilo pende desde un punto a otro en su trayecto,
En una noche de fría narcosis, enciendo la luz de mi alcoba.
… el alba se descarría para no ver la siguiente estela de luz
Y genero en una ilusión nuestro propio reluciente amanecer.
¿Acaso es inevitable la agonía para serenar la desnutrida existencia?
¿Es inapelable la inexistencia para resolver los defectos del pasado?
¿Es la locura un engorroso trastorno sin fondo de un mundo ordinario?
Fraguando los palpitantes pensamientos se aprende a discernir.
Sea mi suerte como una moneda hospedada al costado de una vereda
E imponeme a besarte los pies porque así lo dicta la Jurisprudencia.
Reflejo saturado como el retrato de una roca en el fondo del océano
¿Dónde eyacula la libertad, que mi alma no deambula sin mi cuerpo?
Es preciso precisar lo imprescindible para marcar la linea del límite,
Una linea blanca y recta sobre un bastidor blanco.

Prosa poética orignal del usuario We Are Bukowski.

Ira

Una llama negra que recorre tu cuerpo hasta el corazón,
infecta tu alma hasta volverla inerte
y se convierte en cenizas que se las lleva la brisa,
ella dulcemente trata de revivirla
pero no hay esperanza
cuando tu alma se vuelve sombra de recuerdos dolorosos,
oscuros, irreales…
No hay espacio para amar pues sólo ella llena tu cuerpo
y la lava recorre tus venas
hasta matar tus sueños
hasta aniquilar tu vida.

Poesía original de Laura Pérez de Barranquilla, Colombia.

Si yo fuera vos

Si yo fuera vos, dudaría de mis sentimientos siempre intermitentes, de las palabras bonitas que te digo cerrando los ojos, ni las innumerables promesas a distancia que te lanzo, si yo fuera vos, desconfiaría de mis besos y de mis caricias, de mi delirante necesidad de besarte solo bajo las estrellas, de encender un cigarrillo siempre que te beso y del estilo de mi vida siempre llevada al exceso, si yo fuera vos, no soportaría mi torpeza ni mis arrebatos, ni la violencia de mi humor que te hizo pasar tantos malos ratos, si yo fuera vos, escondería uno a uno todos los recuerdos, para arrojarlos en mi cara cuando baje al infierno, cada desplante, cada injusticia, cada momento que borre de tu cara una sonrisa, si yo fuera vos no malgastaría conmigo tardes de café ni noches de desvelo, me arrojaría a la ciudad a vivir en desenfreno, rompería mi cabeza a botellazos, igual tu corazón ya esto hecho pedazos, si yo fuera voz, ni una sola lagrima más derramaría, si yo fuera vos te aseguro a la mierda me mandaría.

Prosa poética por Araújo Román Sanchez, La Pendejada Literaria.

Soy mi cuerpo

Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste y está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.

Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío. Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme. Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo. Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la
resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.

Por Jaime Sabines.

Almas cercenadas.

Solo somos 2 almas cercenadas, caminando de la mano ante un profundo barranco Los individuos llegan hasta un puente, donde solo puede pasar uno de ellos, y dejar morir al otro antes las atrocidades que se encuentran al fondo del barranco ¿Alguna solución? Te veo pasar,  cruzas con pena y desgana, pero sé que estarás bien Nunca te olvidaré Ve pasar tu alegría, belleza, tu risa al compás de un soplido “haría todo por ti” me dije, desganada, mientras daba mi último paso ante el barranco Adiós dijo al tiempo que caía hasta el fondo del hoyo sin fin.

Prosa poética original de Clona Zepam.