Fénix

El camino te entrenó a lo largo de tus días, fuiste larva en los tiempos del gusano y cuando menos lo esperabas, tu resurgir hizo crecer un torbellino de arcoiris a tu paso, dejando boquiabiertas a las multitudes ante la grandeza de tus colores y los destellos en tus alas. Fuiste libertad por una milésima de segundo y caíste velozmente en el fuego sin importarte, ya que en esos momentos ya eras consciente de que por siempre serías eterno.

Prosa poética original de Amat Victoria Curam.

A media noche…

A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo?

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer.)

Por Jaime Sabines.

Compañera Infinita

Que es la naturaleza sino la sutil y persistente caricia de la feminidad, el amor a la vida, a lo infinito. A aquellas cosas que te hacen levantar cada día y decir que vale la pena estar vivo. Tan solo unos rayos de sol son suficientes para sonreír en la eternidad del cielo. Y ni hablar si tienes enfrente unas imponentes montañas, sientes que te abrazan, justo allí en el medio, donde se unen.  Es un abrazo tan estrecho y sincero que no se puede medir en términos mortales. Es etéreo. Se funde con tus recuerdos y se instala allí para que nunca olvides el abrazo del alma del valle. Una vez has sido acogido por aquel verdor estas a salvo, no tienes por qué temer. Sino para eso están las nubes, ellas traen impresas formas hechas solo para ti, para ese instante en el que las miras con atención, dándoles la importancia que se merecen, pues si las observas delicadamente te envían mensajes de tranquilidad y amor. Sino acuéstate en el pasto y cierra los ojos, es un tupido lecho que envuelve tu cuerpo y tu interior dándole paso a la relajación, a la reflexión, al encuentro con tu más profundo ser, estando allí te verás protegido por los maravillosos árboles, sólo ellos tienen el secreto que te hará fuerte y resistente, pero no olvides que el viento te mece y las gotas de lluvia te mojan, recordándote que eres un mortal y que estás hecho para sentir. 

Prosa poética original de Hipnótico carmín.

Blog de poesía y fotografía.

Esfuerzo

Nunca la victoria tuvo un camino fácil, nunca se regaló ni falta que le hizo. El sacrificio y el trabajo, la responsabilidad y la firmeza fueron sus compañeros, el dolor y el fracaso sus amantes. Las vías alternativas resultaron ser ilusiones donde se regocijó lo mediocre, donde un falso paraíso te hizo autoengañarte lejos de ella. Hoy sigues buscando entre velos a la dama de mirada de acero, esa mirada que clava solo en unos pocos, desafiándoles día a día y enseñándoles quienes son realmente. ¿Serás capaz de encontrarla?

Prosa poética original por Maikol Beretta (el perfil de este usuario ya no existe).

Hay palabras con manos; apenas escritas, me buscan el corazón. Hay palabras condenadas como lilas en la tormenta. Hay palabras parecidas a ciertos muertos, si bien prefiero, entre todas, aquellas que evocan la muñeca de una niña desdichada.

Fragmento de La noche, el poema por Alejandra Pizarnik.

Qué hacer cuando la mente se confunde,llena de secretos e intimidades. Qué hacer si al momento de hablar con él te limitas a grandes preguntas. Qué haré con él, mientras contempla mi nariz llena de gotas de sudor. Su mirada provoca que me sonroje sin razón. Lo odio y no entiendo su forma de caminar, hace que mi estómago me cause ganas de vomitar. Su labios definidos causan en los míos el deseo de besarlos,¿podré contenerme estando junto a él un último día de vista?

Prosa poética original del usuario Took on.

Mis palabras exigen silencio y espacios abandonados.

Hay palabras con manos; apenas escritas, me buscan el corazón. Hay palabras condenadas como lilas en la tormenta. Hay palabras parecidas a ciertos muertos, si bien prefiero, entre todas, aquellas que evocan la muñeca de una niña desdichada.

Fragmento de La noche, el poema por Alejandra Pizarnik en el libro Alejandra Pizarnik. Poesía completa.

29 de julio [1961]

Crepúsculo de domingo. Las horas me arrastraron con una monotonía brutal. En principio: la palabra domingo es muy fea, no sólo por lo que evoca sino por su sonido, y sobre todo, por lo que no evoca. Pero aun dentro del domingo, aun comprimida dentro de una palabra muy fea, es preciso hacer lo siguiente:

1) Descalzarse; meterse en la cama con diligencia y vivacidad como una carta saltando dentro de un sobre; pasarse la lengua; cerrarse, estampillarse y partir.
2) A los cinco minutos te devuelven la carta. Destinatario desconocido.
3) Que se vayan a la mierda.
4) Comienza la agonía dominical. Qué hacer. Qué deshacer. ¿Qué libro leer, hypocrite lecteur?

Fragmento de Alejandra Pizarnik. Diarios por Alejandra Pizarnik.

(…) Solemos desconocer el alcance de las despedidas. Solo las dimensionamos maximizadas en la experiencia; cuando se viven no son más que un hecho incierto, de esos que en el fondo no nos creemos suficientemente a menos que se trate de la muerte. Solo el paso de los días, de los meses, de los años, pueden revelarnos la magnitud de un adiós. Abandoné Monte Sur el veinticuatro de noviembre, esperando muy en el fondo de mi que Marco hiciera algo por detenerme. La despedida fue para siempre. Luego de aquél atardecer, diez días antes de mi partida de la isla contando hasta este preciso momento, ya lo entiendo con el peso que amerita: nunca más volví a saber de él.

Prosa poética original de Palabras infértiles.

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco esperaría
con las luces encendidas?

Fragmento de El despertar en el libro Las aventuras perdidas (1958) por Alejandra Pizarnik.