Intensidad

miriamgris:

Lloro.

Me rompo.

Me quiebro en mil y un pedazos…

Mientras, el dolor desgarra, el dolor destruye… tú, y tus iniciales bien marcadas dentro de mí.

Mis ojos parecen derretirse y mis pómulos, se irritan por la dureza de mis manos desesperadas por secar tanta sal recorriendo mi piel.

La oscuridad de mi habitación me abraza, y  a mí, débil, sin fuerzas, deja de importarme, y me resigno a sentir ese dolor en el pecho que tanto odio. Me entrego toda, y el dolor se adueña de mí.

Estoy sumergida, ahogada, las olas de tu mar me revuelcan una y otra vez, me golpean y me azotan. La arena raspa mis piernas y siento cómo tambalean y fracasan cuando intento ponerme de pie.

Entonces, siento el frío del suelo quemando en mis rodillas, en las palmas de mis manos, en todo mi cuerpo. Y ahí, tumbada, sin habla, sin nada, te recuerdo…

te quiero,

te aborrezco…

…y te vuelvo a querer.

Y pasan las horas como si fueran días y la puta madrugada ¡no se acaba! Y el sabor de mis letras es amargo, y va muy bien con mis lágrimas saladas…

Te odio y te amo con la misma fuerza de un tornado, y escribo esto con amor y rabia, para que quede plasmada la evidencia en un papel, que nadie te amará con tanto desdén y locura que yo. Que nadie jamás te amará con la misma intensidad… que yo.

— Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Carne

cadaveres-literarios:

Debajo de mi piel escondo secretos, flores secas que brotan por mis poros y mis venas. Mi cuerpo se cuartea ante mi sequedad e indiferencia. Soy polvo, no alimento ni a estas pobres raíces muertas.

Soy palabras e ideas navegando un pedazo de carne, pensamientos enjaulados por órganos que se pudren con el paso del tiempo.

Si quiera muerta fertilizaría estas flores marchitas.

Ya no soy. Ya no estoy. Pienso y sobre-existo, híper-consciente del espacio que ocupo, de las capas de carne bajo las que me escondo. Deformidad, un pedazo de sangre, huesos, nervios y ansiedad aprisionados por esta piel marchita.

Quiero escapar, deshabitar estas paredes que me confinan al ahora y al mañana pero las uñas no alcanzan a desgarrarme la piel y crece esa aprehensión que me hincha los pulmones y acelera al motor de esta máquina cubierta en piel.

¿Qué son estos dos pedazos de carne y grasa que cuelgan de mi caja torácica? ¿Cuántos pliegues de carne esconden la parte donde mi exterior conecta con lo interno?

Cambio lo que puedo para aquietar esas ganas que tengo de destruirme, modifico bajo poco presupuesto lo que en vida jamás lograré destrozar. Ni siquiera mis palabras ni ideas podrán escapar del deterioro de esta prisión.

El verbo ser y estar poseen horrores sin rostro. Existo y ya no soy. Soy carne y huesos, un recipiente para las ideas, mi lengua un traductor para palabras que me trago junto con tanta saliva y fluidos.

El verbo ser y estar me desfiguran: mujer u hombre, todo o nada. No existe intermedio, no existe nada fuera de este binario, no hay palabra que describa la asfixia de estar encerrada bajo tanta piel y carne. Soy, estoy, mi cuerpo existe pero desvarío al percatarme de su existencia. ¿Qué soy si no estas ideas? ¿En dónde estoy si no en mis palabras? ¿Por qué me aprisionan pliegues tras pliegues de lo que jamás seré?

Mi nombre se convierte en el eco de mis gritos angustiados que no logran escapar de mis labios.

“Eres, existes” pero no soy, no aquí, no así, no en esta carne y estos huesos, no en esta carne o con esta sangre, no mientras sea entre estos barrotes que aborrezco.

Soy. Existo. Agonizo. Ya no logro escuchar mis gritos de terror ante lo interminable de mi prisión. Araño, escarbo, busco una salida; como coyote atrapado, intento amputar lo que me aprisiona ¿pero cómo destruyo el todo sin destruirme por completo?

Hay sangre, carne y mugre entre mis uñas, pedazos del ser que no logro destruir. Me rindo. Me ha engullido ya este monstruo de carne. Ya no soy. Ya no estoy.

Prosa poética original de Aileen Martínez Soto.

La luna tiene ojos verdes.

“Susurraban sus secretos en los huecos de los arboles
los enterraban con barro
se limpiaban sus labios, como si todo fuera pecado
y las palabras
recorrían como rayos llegando a las raíces.”

Crearé un árbol único
hecho del color de tu piel, hojas de tus iris
encuentra la oquedad para susurrar
las palabras que no me dices, por Dios
porque son emociones enredadas
son ríos desbordados
pero mírame
estoy en este puente a salvo
aguanto el equilibrio 
arrugo con fuerza el vestido con mis puños
pues como un imán me atrae saltar en tu angustia
y esconderme contigo.

Busca las palabras entre las hojas de primavera
esperaré paciente entre tu oleaje
pues la yo de tu cabeza danza en espiral
no deja de marearme
¿tendrá un destino fatal?
Pero ¿no es, sino poesía, lo que sentimos dentro?
La yo de tu cabeza es una desconocida
es un ser impertinente
es una bruja de mil lenguas venenosas
es una amante de todas las lunas que existen en el universo
es el amor hecha carne y la soledad hecha agua.
Tu yo mío es un evidente vidente
de mis días alfas y omegas
de mis pálpitos extasiados.
La yo tuya y el tú mío son girasoles bellos y espléndidos
son niños acomodados en limbos
big bangs creadores
olas fuera de sí
ojos que equivocaron el sentido intrínseco, no ven, se sienten.
Pues en la oscuridad te veo
y al verte te toco
y al tocarte descubro el sentido sexto.

Poesía original de Soraya Oliva

Estragos de Lluvia

Y respirando percibo ese mágico olor que me recuerda, el dulce sentimiento de volverte a amar…

…Sentada tras mi ventana, los colores se van diluyendo, creando un mar de estupendos recuerdos que encaminan a una historia jamás perdida.

Extraño al ser maniático, al que el infinito, sólo era un sub-índice de su ingenuo mundo, que por fin yo pude dominar.

El agua de esta lluvia no la siento, es efímera, es vana, ya que en mi no yace más que llanto puro, que cae lentamente del manto galáctico que yo cree en el limite de mi imaginación.

Quisiera volver a sentir ese calor, y ahora, versátilmente, me quedaré aquí observando tú mundo ahora mío y en el construir un gran castillo color sol…

Prosa original por Itzel Nazarelly.

Tiene la boca rasgada por el dolor, y los extremos de sus labios caen vencidos como las alas de un ave cuando el ímpetu del vuelo las desmaya.

Fragmento de Desolación por Gabriela Mistral.

Esta noche he soñado contigo…

Soñé que te soñaba, y en mi sueño volvías, y al despertar, el sueño se volvía algo real…

Todo se sentía tan bien, que al despertar fue como una pesadilla. Fue como si la mejor opción fuera dormir en vez de estar despierta. Quizás no sea correcto estar juntos ahora, quizás sólo en nuestros sueños pueda ser…

Me he dado cuenta en estos días invadidos por tu ausencia y escasos de alguna señal de ti, que es imposible tratar de olvidarte de forma instantánea.

Duele. Duele mucho. Duele todo…

Duelen las palabras que ya no se dirán, los lugares que visitamos juntos, y los que estaban por vernos llegar de la mano.

Duele cada lágrima que sale por encontrarse con tus recuerdos. Duele pensarte. Me dueles tú…

Quisiera que volvieras, que al igual que en mis sueños regreses y todo vuelva a estar bien; a estar de maravilla…

No soporto estar sin ti, y lo peor, no soporto tener que decirlo en voz alta… a veces lo intento para ver si el dolor disminuye, pero jamás funciona, sólo te quiero de vuelta cada vez un poco más. 

Quisiera romper las paredes que me rodean y me asfixian con la fuerza que tengo para quererte, porque aunque pienses que he dejado de hacerlo, te sorprendería descubrir cuánto es que en verdad te sigo y te seguiré queriendo. 

Romper las paredes, romperlas con fuerza, y salir corriendo para encontrarme con mis brazos favoritos… tus brazos, tus cálidos brazos.

Quisiera ver una vez más tus ojos, tus lunares, escuchar tu voz, tomarte de la mano…. 

Y parar el tiempo… parar el tiempo para siempre y que nunca más avance. Que todo el mundo se paralice y que la historia no continúe más. Y quedarnos así, para siempre, sin nada que decir, tal vez sin nada que sentir…

Parar el tiempo para siempre y que nunca más avance….
Parar el tiempo para siempre…
Parar el tiempo…

Prosa poética por Miriam Gris.

Me reclamas que soy inerte,‏

que el azul en mi predomina, pero a ti no te han roto el corazón‏, no te han dejado esperando en la intemperie. 

Me hace falta tanto el calor como a ti la empatía‏; lo entenderías‏

si tan solo te pusieras en los zapatos‏

de a quien el amor a dejado heridas‏.

Prosa poética original de Alexander.

Un sueño nada mas.

A través de mi ventana se podía observar una pequeña con el cabello desordenado, la mirada directa hacia la luna.

Su mano derecha le acomodaba el cabello cada vez que este se le colocaba en la cara y su mano izquierda frotaba sus ojos de vez en vez.

Con el viento su cabello bailaba y sus hombros temblaban regularmente.
Se sujetaba la cabeza y luego observaba de nuevo a la luna como que si en ella pudiera encontrar las respuestas a lo que tanto la estaba sofocando.
Cuando pasaba un avión era lo mismo, lo observaba fijamente hasta que saliera del panorama. Era como si deseara ser uno de los pasajeros que iba dentro.

Me intrigaba muchísimo, quería saber como era su cara. Pero su cabello era tan espeso y la luna estaba en mi misma dirección que no necesitaba voltear.
Se paraba firme y recta y luego respiraba profundamente, como intentando calmarse, luego dejaba salir el aire y se derrumbaba. Se sujetaba la cabeza por minutos y luego miraba la luna como si fuera a encontrar algo nuevo. 

Entonces se escucharon los motores de un avión en la lejanía, a dirección contraria se aproximaba esta gran maquina. Entonces la niña volteo y me di cuenta que en realidad se trataba de una joven pero su estado de vulnerabilidad la hacia ver tan débil; Vi sus ojos marrones y lluviosos. Sus mejillas y cejas.. Sus labios gruesos y su cabello largo; Era idéntica a mi.

Prosa poética original de BMAR.

Pero el amor nos redime, nos salva de este rito macabro, de este vivir sencillamente a solas cuando nos besa de lejos la muerte, de este lenguaje frío y vaporoso que somos al encontrarnos con nosotros mismos.

Fragmento de 14 por Mario Meléndez.