(…) Yo le insistí en alguna manera. Una vía posible… entonces respondió, como ignorándome, solo con una pregunta. No respondí; sentía ira, estaba haciendo todos mis esfuerzos por salvar algún resquicio. Volvió a ignorarme y a insistir. “De todas, todas aquellas cosas… ¿Con cuál me recordarás más?”

Y aunque sabía que no era así, por alguna extraña razón, pensé en el mar enseguida. Siempre lo quise mirando al frente y, si traigo una caricia a mi mente, está la costa, los cigarrillos, la invención como la inmensidad al horizonte sin final.

“Ojalá hubiese sido así” – me digo – “Ojalá pudiera tomar con exclusividad un momento y relegarlo a mi selección consciente.” Entendí que no era su ego, entendí que su elección, desde hace mucho, sería la melancolía. Entonces quise irme a París, encontrar otra casa, cambiar los muebles, disfrazar a los perros; entonces quise que me lo arrancaran por arte de magia. Que me extirparan su presencia del todo y para siempre.

(…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Me da la sensación de estar consciente de todos y cada uno de sus demonios, de habitar sin intención los fantasmas que le atormentan. Entonces no es el miedo al curso causal normal lo que me ataca, es el miedo a un curso desconocido y recorrido por muy pocos. (…)

(…) Tú dijiste “Si quieren provocarlos… vamos a provocarlos en serio. Dejemos el juego.” y yo quedé atrapado en tu aseveración, como queriendo entender de donde venían todas esas ideas, toda esa chispa, toda esa desproporcionada capacidad para hacerme confiar. ¿Por qué… ¿Por qué siempre lograbas pensar en algo que yo no pudiera siquiera imaginar?

Era alcanzar tu mente con la punta de los dedos y verla elevarse todavía más. O correr hasta el ahogo detrás de tu energía inagotable.

Nunca mentí. Hice todos mis esfuerzos, me retorcí a gatas hasta la meta. Perdóname si no fui lo suficientemente rápido. Perdóname si ahora debo comenzar a caminar, a sabiendas, incluso, de que no hay nada más estimulante que ir corriendo tras de ti. (…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Soberbia.

Sólo si me miras desde abajo veras la soberbia. Pues no se puede tildar de soberbio a alguien más y salir impunemente limpio. El acusador, invariablemente, peca de envidia. Es por eso que no miro hacia abajo, ni miro hacia arriba. Mírame de frente, y haremos cosas gigantes.

Prosa poética original de Dante Vasách

A los enamorados

Hace poco un seguidor del blog me pidió de favor que si le escribía algún consejo para él y su pareja de regalo por su primer mes juntos. Le pregunté que si buscaba consejos de amor, de cómo crecer en pareja, de cómo sobrellevar problemas, de cómo expresar ese amor y todo lo que uno aprende de joven tropezando entre amores y desamores y luego lo pone a la práctica cuando se decide sentar cabeza (lo cual yo he hecho); él me respondió que sí.

¿Pero qué pudiera decirles yo acerca del amor? Las barbaridades que pudiera contarles quizás les arruine el viaje que apenas comienzan.

De pequeña estaba enamorada de sentirme enamorada. No había nada más importante que las mariposas revoloteando en mi vientre, que mis manos sudando y mis labios titubeando cuando por algún motivo o razón su piel tocaba la mía, que el sonido de sus voces y como resonaban a través de mi espalda, recorriéndola junto con su aliento áspero, como manos acariciándola.

Estaba tan enamorada de la idea de estar enamorada que cada enamoramiento terminaba igual: corazones rotos, el orgullo en el piso y las lágrimas, secas, aferrándose a mis camisas donde trataba en vano de limpiarlas.

¿Qué podría decirles, yo quién se aferraba a ideas fantásticas, irreales?

El amor muy apenas lo conozco. Después de años (seis, para ser precisa) de besar al mismo sapo con la esperanza de cambiarlo en algo que no lastimara ni mi cuerpo, ni mi mente, ni mi corazón (y no olvidemos mi autoestima), comencé a abrir los ojos y encontré, a tientas, poco a poco, una probadita de la diferencia entre amor y enamoramiento.

Comenzó con escucharlo hablar, comenzó con compartir deseos y estos progresaron a secretos, comenzó con su mano tomando la mía, ayudándome a salir del lodo, con llamadas de media noche preguntando como estaba, con días de reír, comer, llorar y conocernos. Y poco a poco, torpemente, progresó a noches enteras sin dormir, acostados uno al lado del otro, platicando, riendo, llorando, acariciando memorias, sueños, miedos.

Y lo que entendí fue que uno no puede dar todo. Que si damos todo llega un punto en el que nos quedamos sin nada mas que dar. Y esta no es la idea. La idea es dividirnos, intercambiar piernas, ojos, brazos, narices, memorias, pesadillas, anhelos, corazones; la idea está en complementarnos con nuestras cualidades y defectos y crecer juntos.

La diferencia está en lo que uno aporta. Puede uno darlo todo o tomarlo todo, esto es enamoramiento. Pero podemos encontrar el punto medio donde sincronizamos nuestras mentes y nuestros cuerpos, donde no damos y tomamos ciegamente, si no prestamos y regresamos.

Y la diferencia entre esa cosa enfermiza que me consumió por tanto tiempo y lo que hoy reconozco como amor es el respeto: de la persona, de sus anhelos, de sus miedos, de sus defectos, de su identidad, de su independencia.

Y de tantas barbaridades que pudiera decirles, de tantas anécdotas donde he tropezado (incontables veces), creo que esta es la única barbaridad que pudiera servirles de algo. Respétense: su tiempo, su espacio, sus emociones, sus decisiones; apóyense el uno en el otro y crezcan porque, el amor que yo conozco, a diferencia de la cosa enfermiza que me mantuvo atada tanto tiempo a una relación abusiva, se trata de compartir y crecer sin quedarse estancados en ciclos negativos donde los dos se estén hiriendo mutuamente. Aprovechen el tiempo que tienen juntos, ya sea un ratito o un por siempre, para conocerse y encontrarse nuevamente, para aprender a reconocer la diferencia entre enamoramiento y amor.

Les deseo toda la buena suerte del mundo en su relación, a ustedes y a todos aquellos enamorados a los que les sirvan estas palabras. 

MI HEROÍNA DE OJOS CAFÉS

Pocas cosas considero tan embriagantes como el sabor del café; café puro, sin ningún tipo de endulzante. Amargo como amar, deja un agradable sabor de boca y reactiva mis papilas, mis pupilas y mis pómulos.

Sutil.
Ligero.
Café pluma.
*Like a feather in the wind*

La nostalgia ha llegado esta noche, y viene con tazas de café, muchas de ellas.

Sin dudar las he recibido ya que existen pocas cosas que me gusten tanto como esta bebida. La noche es encantadora para tomarla, bebida oscura como mis ojos, me encanta verlos reflejados en ella, exhalar el delicioso y afrodisiaco aroma, clandestino.

A cada sorbo, el inconsciente retumba y se altera, entra en un estado eufórico, es como estar levemente bajo el efecto de la Heroína o el… ¡Crack!… Debería beber tanto como pueda, hasta caer en un coma cafeínico, volverme tóxico,… ¡Crack!… exhalar suspiros deliciosamente mortales capaces de arrebatar a la víctima de lo que sea… ¡Crack!… desde un pensamiento hasta la más grande abstinencia sexual.

A cada trago me vuelvo un animal delirante. Hace que muestre mis colmillos, que frunza el ceño, que mi cuerpo se guíe por impulsos; perversa violencia, agresividad libidinosa.

Una silueta femenina aparece entre las sombras del delirio: en una habitación obscura con iluminación tenue, apareció, de estatura media, con piel blanca, tersa y suave con tonos acaramelados aludiendo su sabor fermento, delicados pies capaces de levitar y hacer levitar, delgadas piernas tan largas como la provocadora sombra que proyecta sobre el suelo, costillas prominentes y un vientre plano, senos pequeños acordes a sus sensuales hombros, fino cuello donde yace una deliciosa garganta sabor a miel virgen de abeja, gruesos labios dignos de apreciación y un perfil tan perfecto y cautivador que la misma venus es un caos a su lado; es toda una Heroína, inyectable. Lo sé con solo alucinarla.

Sorbo tras sorbo la figura se acerca cada vez más. Con una fragilidad y provocación, girando a mi alrededor y levitando en ocasiones para llegar a mi oído me decía fulgurante una serie de palabras sin coherencia una con otras, no mencionó nombres ni verbos; entendí que debía dormir un poco más, entendí que la noche es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, entendí que no soy la única víctima del tormento cafeínico esta noche.

— ¿Crees poder conmigo? – Susurré buscando el rostro de la fémina, del cual sólo se iluminaban sus labios y nariz.
— Estoy al borde de la desesperación, esto es sólo una ilusión. – Me sorprendió que articulara una frase como tal, creí que no era capaz.
— Recuerdos fugaces, ¡en esta baraja no hay ases!
— ¿Futuro? No existe aún. Puede existir, ocasionalmente, como puede no hacerlo.

Desesperado e intrigado por la conversación, bebí el último sorbo, el más amargo y delicioso de todos, la fémina se desvaneció sobre mi lengua dejándome un agradable recuerdo, dejándome con altos reflejos, como si toneladas de adrenalina nacieran en mi garganta, haciendo estallar en la profundidad de mis ojos un placer comparable con la detonación de todas las bombas atómicas del mundo. Kilotones y kilotones de placer. 

— Tú serás mi Heroína de hoy en adelante, mujer. Inyectable.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla Luis.

Tantos en el olvido.~

Bastó un simple recorrido para poder percatarme de lo olvidado que están allí, tirados, apilados, escondidos, enmarañados y hasta podría llegar a decir odiados… Que pena verlos a todos ahí sin preocupación y esperando hacer del olvido una meta ya cruzada, tanto los llamativos como los más apocados se veían ansiosos, ansiosos de ser leídos, ser observados o siquiera ser removidos para dejar de estar en la memoria colectiva de aquellos que ven la Muerte como un lugar en el cual estar y no como un estado en algún lugar.

La logica favorecería y propiciaría que ellos fueran ya liberados y/o despojados de esa vergüenza diaria al sentir que las risas van en aumento por su rareza o quizá por falta de inteligencia de parte de él, si el mismo que ríe…

Tendré en mente que la Señora Sinforosa gozaba de un Gran Nombre.-
Cuento original de Falacia Facial.

Estructura

Márquez habló de la mujer exquisita, yo la busco y no la tengo.

Fobia en una canción describe eones de reacciones, eones que no puedo provocar.

Cerati que aún duerme, dice desordenar átomos para hacerte aparecer, y aunque con física cuántica lo intente, jamás te tendré.

¿Acaso soy un necio que no puede atreverse a verte y dejar de latir exaltado?

Queda claro que la poesía y la ciencia no se deben mezclar, porque a pesar de que la oxitocina sea la que me provoque la feroz vertiente de emoción en ti, no tomaría inhibidores para dejar de emocionarme de tus ojos, tu sonrisa, tu lindo carisma, aunque sea inexistente para ti.

Y es que entre Páramo y Neruda, jamás encontraría la forma de decirte que me gustas, sin antes hacerte sanar todas tus heridas.

¿Por qué estructura, y no simplemente necedad? Simplemente es el cuerpo de todo eso que pasa y no puedes estar.

Prosa poética original de Davidoso.