Así parece

Pareciera que el dia de hoy me escribiste, nuevamente como antes ¿recuerdas?… Tal vez si o no, pero no puedes negar que sientes lo mismo que yo.

Parecierá que aún en la noche vuelves a mi cama, me abrazas, me dices que me amás, aunque no es así, parece… pero sigo frio entre las sábanas, las que con tu piel rozabas.

Pareciera nuevamente, que nos vemos en áquel parque, puestas de sol juntos, fotos juntos, historias que con el tiempo vamos a olvidar y no es así… parece, pero mi diario lo sigo leyendo dia con dia, mil historias aunque cortas, pero las leere mil veces.

Que aunque borracho o sobrio, enamorado o solitario, mis recuerdos estan impresos como fotos, memorias mas dificiles de olvidar que andar en bicicleta.

“Se me olvido como tomar un cigarro, por recordar como tomar tus manos”

Dicen que el tiempo cura todo, ya pasó suficiente tiempo y aún no me curo.

Y parece que aún estas aqui, porque aún vivo la misma felicidad, felicidad de mentira que se aferra a tenerte.

Me arriesgué a volver a amar, salté al vacío como todos aquellos que aún mantienen la esperanza de encontrar a alguien que complete su vida… Los que aún creemos que existen mujeres asi como tú, que hacen sentir que la vida vale la pena, y que nos dan fuerza para volver a la guerra. Porque dicen que en la guerra y en el amor todo se vale no?.

Aunque no te llegué este escrito, aunque aún duermes pensandomé, seguirás por tu lado y yo por el mio… Esperando a alguien que nos completé, o que nos hagan sentir lo mismo que sentíamos cuando estabamos juntos.

Parece ser que aún me amas… pero no.

No sanará la herida que abrimos, no recuperaremos el sentimiento, no recuperaremos las lágrimas, los abrazos, los besos, los detalles, el romance, los juegos que nos daban risa…

Me he resignado a vivír en el hoy, aunque duela. Aprender de los errores que cometes, las desiciones que tomas, el camino que nosotros mismos marcamos.

Hasta Luego, ya nos verémos…

Prosa original de Daniel Flores.

31/01/14

Amor no correspondido

34-C, cabello lacio, 1:65, labios rosas. Esas eran las características de mi chica, bueno, en realidad no era mi chica, creo que ni si quiera sabía que existo. Pero yo si lo sabía, por eso siempre me la pasaba viendo sus fotografías en mi teléfono —un Samsung Galaxy Slll—, al anochecer, al amanecer, siempre observaba sus fotografías, y es que no era ninguna tortura ver ese rostro, ni ese cabello, mucho menos, ese… Ese par de 34-C, era casi un sueño observar tanta perfección en un solo lugar, aunque yo sólo era uno de lo 345 Likes que le daban en cada fotografía, así que a veces mejor, sólo me dedicaba a observarla por mi pantalla, a observarla a ella.

Mi nombre es Andres, tengo 17 años y al igual que ella estudio la preparatoria en el Bachilleres No. 8. Tengo muy buenas calificaciones en la escuela, de hecho, soy de los mejores, mis clases favoritas son Matemáticas y Química, he estado en el cuadro de honor un par de veces y jamas he tenido algún reporte de indisciplina. A pesar de todo, siempre he sido muy reservado, a decir verdad no tengo muchos amigos, de hecho, solamente tengo uno, el mismo desde la primaria su nombre es Ricardo. Ricardo y yo solemos hablar de nuestro futuro en receso, sentados muy a lo lejos de la «sociedad». El quiere ser abogado y yo quiero ser un Químico Biólogo o un Ingeniero en Robótica, queremos estudiar fuera del país, Ricardo quiere ir a Estados Unidos, yo por mi parte prefiero ir a Japón. Me gusta mucho el Anime, y en especial el genero Gore, obviamente, mis padres no saben nada al respecto ya que no lo permitirían, mi familia es muy reservada y correcta, pero en mi cuarto las reglas cambian, afortunadamente tengo puerta, una laptop, un celular y ambos con internet. 
Su nombre es Melisa, la chica perfecta, aunque su belleza no radica en su cerebro, reprobo un semestre por lo que tubo que repetir y para mi fortuna, quedo en mi salón, y desde luego todos y todas quieren estar cerca de ella. 5,000 amigos enFacebook, 10,000 preguntas en Ask.fm y 400 fotos, la mitad al revés y con filtros deInstagram, pero eso no le quita la belleza, que absolutamente es mejor en persona. 
Ya estamos en nuestro ultimo bimestre del semestre, y los exámenes finales se acercan, a Melisa parece no importarle mucho, la mayoría de los maestros son hombres y ella, sabe bien como convencerlos. Desafortunadamente la maestra de Química, la Señora Reyes no es hombre y no sedera por sus encantos. Yo tengo las mejores calificaciones en Química, se despejar con los ojos cerrados y me se la tabla periódica al derecho y al revés. En cambio Melisa es la peor, ella esta mas ocupada mandando WhatsApp’s desde su iPhone y contestando preguntas deAsk.fm, unas de las cuales yo he preguntado anónimamente, cosas cómo: «¿Qué buscas en un hombre física y emocionalmente?» Y al parecer yo no mido 1:80 ni tengo cabello largo y tampoco soy el alma de las fiestas. Así que creo que a mi no me busca. 
Era Viernes y la maestra había puesto un ultimátum a las personas que debieran tareas y no habían entregado ningún trabajo, personas entre las cuales estaba Melisa, así que recomendó a los 3 mejores promedios de la clase como tutores para ayudar, entre los cuales por supuesto, estaba yo.

— Jaime Capetillo con Rafael Dominguez. Melisa Rodriguez con Andres Fernandez. Isis Rubio con…

Cuándo la señora Reyes dijo esas palabras no podía creerlo, de repente todo quedo en silencio dentro de mi cabeza, por fin, por primera vez ella había volteado a la esquina derecha hasta el fondo del salón, yo la veía todos los días, pero ella, hoy por fin me había visto y tenía que estudiar y trabajar todo el fin de semana conmigo. No sabia si brincar de la emoción o cagarme en los pantalones.
Después de no haber ensuciado mis pantalones, la maestra me sentó junto a Melisa, hasta podía oler su dulce aroma, una combinación de brillo labial, shampoo y paleta de la rosa. Aunque yo parecía un maldito ladrillo petrificado, a ella no le importo y de inmediato me saludo.

— Hola Andres, ¿así que tú vas ayudarme a no reprobar eh?

— Claro, jaja, ya vez, encarguémonos de ese Manganeso toxico, jajajajaja.

— Jaja…

Si, al parecer ella no entendió mi refinado chiste ñoño, pero que va, estaba hablando con ella. Seguí tratando de mantener una conversación con ella, y nos pusimos de acuerdo en dónde nos veríamos, al final la cita seria en su casa alas 4:00 p.m. Ella me dijo que iba a estar sola y que podría hasta las 8:00 p.m. ya que iría a una reunión con unos amigos. Yo salí de la escuela a mi casa aún si cagarme en los pantalones y me prepare para mi primera cita con Melisa y mi primera cita en todos estos 17 años. Busque una camisa de mi papá que al parecer me quedaba bien, limpie mis zapatos y busque trucos de: “¿cómo besar a una chica?” Pero enYahoo respuestas sólo decían estupideces, aún así acabe tomando unos condones del cajón de mis padres. Sí lo sé, lo más cercano a tener sexo era masturbarme frente a mi laptop viendo hentai, pero cualquier cosa podría pasar. 
Llegue puntual a las 4:00 p.m. a su casa, Melisa vivía en una casa grande, al parecer su familia tenia bastante dinero. Toque el timbre y salio ella… Esta vez sin uniforme, con un pantalón de mezclilla y una blusa de tirantes rosa… No podía creerlo, todos los días la veía, pero verla así por primera vez, no podría creerlo, afortunadamente los libros que cargaba cubrían mi indiscreta erección. Ella me invito a pasar, llegamos a la sala, ella tenia música a todo volumen, era Skrillex y esa música de licuadora que esta de moda. Ella me dijo que me sentara y bajo un poco el volumen de la música.

— ¿Y bien ANDRES? ¿Por dónde empezamos? -Dijo ella, en un tono muy marcado y sensual mi nombre-

— Bueno Melisa, empezaremos con el bloque uno y dos, tenemos que contestar esta guía y luego…

— Espera, una amiga esta llamando, ¿qué tal si tú empiezas con eso mientras yo hablo con ella? Es algo muy importante, ¿shi?

— Ah si, esta bien, no te preocupes.

Pasaron 34 minutos exactamente y yo había contestado ya casi por completo toda la guia de Melisa, no me importaba, lo que en realidad me importaba era el hecho de estar en el mismo lugar que ella. Era casi una fantasía, una fantasía erótica de esas que pasaban en mis series de hentai y gore favoritas. Estaba pensando en eso, y me hizo recordar la vez que casi desangro a Ricardo. Una vez, estaba leyendo un experimento científico que habían inventado en China, para crear una droga casera con ingredientes que podías encontrar en casa, el experimento consistía en crear una droga similar a el Rohypnol, una droga que te deja en estado de inconsciencia, dejando cómo un títere a quien la consumiera, una de las favoritas de los violadores. Así que un día decidí prepararla en casa y probar mis dotes de científico. Al parecer fue exitosa, ya que cuándo se la di a probar a Ricardo en un vaso de jugo el se desmayo y se descalabro con la esquina de mi peinador. Quedo inconsciente unos 4 minutos y estaba derramando algo de sangre por su cabeza, pero por alguna razón yo no hice nada, sólo me quede viéndolo, y fue así hasta que llegaron mis padres cuando yo también empecé a gritar. Ricardo nunca supo que lo drogue, y todos pensaron que fue un simple accidente. 
Melisa seguía hablando por teléfono en la cocina y yo seguía en la sala sentado, terminando lo que supuestamente, era su trabajo. Estando tan sólo mi mente se empezó a llenar de recuerdos muy extraños, recordaba esas escenas de Elfen Lieduno de mis animes favoritos en el cuál, una especie de humano mutante del sexo femenino tenia brazos fantasmas con la fuerza de despedazar a 10 personas a la vez, arrancándoles cada uno de sus miembros haciendo que expulsaran chorros de sangre cómo si fuera una fuente, o más bien una cascada interminable de sangre, recordaba esos hentai de mujeres de caricatura desnudas en dónde alguna extraña criatura con tentáculos penetraba sin piedad a esas chicas de ojos gigantes, mientras ellas gemían de dolor y placer. Mientras estaba recordando todo eso, en la acogedora sala de Melisa, apareció de nuevo esa indiscreta erección, pero esta vez acompañada de algo más, sentía una especie de sentido animal dentro de mi, una necesidad de desahogar toda esta sed. Recordaba los días y noches viendo las fotografías de Melisa en mi celular, haciendo zoom en su rostro… En sus senos. Y cómo nunca me había masturbado viendo ninguna de sus fotografías, no sabía el porque, sólo pensaba que estaba enamorado de ella y no sé… Estaba mal hacerlo. Pero esta vez estábamos solamente ella y yo, y yo podía verla hablando de espaldas desde la sala. 
No dure mucho pensándolo y de repente, estaba bajándome los pantalones, así que lo hice. Empecé a masturbarme en silencio mientras ella hablaba por teléfono, estaba exprimiendo cada centímetro de su celestial cuerpo, cada centímetro, pero no podía verlo todo, así que me fui acercando poco a poco, quería observar más de cerca ese delicioso trasero cuando de repente. Melisa volteo.

— ¡AHHH! ¡¿Pero qué vergas estás haciendo maldito pervertido?!

Yo no supe que hacer y sólo me quede con los pantalones en las rodillas, los ojos abiertos como un búho y el pene en mi mano.

— Melisa, tranquila, yo sólo…

— ¡Alejate de mi, estúpido imbécil, ya veras lo que te pasa cuándo lleguen mis padres!

Melisa se hecho a correr por las escaleras al piso de arriba, pero antes de llegar y mientras yo trataba de alcanzarla, ella resbalo desde el último escalón, callo por rodando por todas las escaleras acabando en el piso.

— ¡MELISA ESTÁS BIEN?, —Dije yo— ¡MELISA!

Pero Melisa no respondía, al parecer se había desnucado dejándola sola y tirada frente a mi, yo estaba paralizado sin saber qué hacer, me quede casi 10 minutos parado, viéndola en la misma posición pero note algo, la erección no se había ido, de hecho, seguía igual o más fuerte que antes. Entonces la vi allí, tan frágil, tan delicada, tan débil, con su cabello lacio, y sus 34-C, su hermosa piel… 
Me inque a dónde estaba Melisa, y estaba a punto de tocar sus senos pero un pensamiento de culpa me abordo así que retire la mano. Desafortunadamente mi erección era más fuerte que mi sentimiento de culpa así que lo hice. Toque su brazo y fui subiendo lentamente hasta su busto, su piel aún estaba cálida. Empecé a tocarla y en unos instantes la deje totalmente desnuda al igual que yo, la cargue y la puse en el sillón, y estaba yo ahí, cómo en aquellos capítulos de anime, la estaba penetrando salvajemente, me desgarre incluso el pene por lo que empecé a sangrar pero eso no me detuvo, al contrario. Así que ahí me tenían, un maldito debilucho de 17 años de 1:69 cogiendo con una muerta como el maldito Hugh Hefner. El frenesí se volvía más intenso, más hambriento así que fui a la cocina y encontré unas tijeras para cocina, y volví con mi dulce Melisa, corte todo su cabello, corte sus pestañas, sus cejas, sus párpados y la sangre carmesí cubría su hermoso rostro, la penetraba y mientras lo hacía empecé a cortar sus pezones, no sé qué me estaba pasando pero el olor de su sangre me excitaba, tome la malditas tijeras y las hundí en su estomago. Abrí por completo a la desgraciada, todos sus órganos estaban expuestos, así que ahora también le hacia el amor a sus intestinos, pero me quedaba sólo una duda, todo este tiempo que nunca me noto, que nunca me volteo a ver si quiera, todo este tiempo que estuve enamorado de ella y nunca lo supo, tenía que saber una cosa más, así que metí mi puño por sus costillas y justo cuando lo sentí, tire fuerte. Al parecer la perra si tenía corazón después de todo.

Cuento original por Dante Vasách.

Fuente original.

El cuerpo nos estorba, pues impide ver el espíritu escondido en el. Las personas son almas encerradas en claustros con cinco ventanitas. Así mismo por las ventanas de los sentidos podemos asomarnos al mundo para ver materia. Nos resulta imposible conocer la verdadera esencia de las personas por que los cuerpos se interponen. La belleza o la fealdad del espíritu, es algo que sólo podemos ver con los ojos del corazón.

Prosa original de Anny Good Feels.

Mi crimen no es quererte, tampoco lo es haberte matado y aún así desear verte, el verdadero crimen es que al buscarte inmortalizo el recuerdo, no hay nada más justo que la muerte.

Prosa original del usuario Le Salome.

Muchas veces nuestro interior grita a través de letras lo que no somos capaces de decir, pero desde mi perspectiva siento que la poesía es una llave para nosotros mismos que le permite a los demás conocernos sin la armadura llamada cuerpo.

Prosa original de la usuario Resalova.

Éxtasis

La cosa fue muy rara.

 Cuando me quise dar cuenta estaba paseando con mi novio, otro chico y una muchacha, por lo que parecía ser un parque de atracciones abandonado.

El lugar era ciertamente desapacible,  una vasta llanura únicamente delimitada por una espesa niebla que , junto con el gris del cielo, y unos cipreses secos repartidos al azar, dejaba un deje aterrador en el ambiente. ¿Qué pintaba yo ahí? ¿Y quiénes eran mis compañeros? Porque, obviamente mi novio sabía quién era, pero de los otros… ni idea.

Nos encontrábamos, aunque juntos, yo diría que más bien solos, parecíamos supervivientes en un planeta arrasado. Todo era muy incómodo, permanecían quietos, observando al vacío, cada uno a un lugar diferente. Ni se miraban entre ellos ni me miraban, y yo también rehuía sus ojos porque era desconcertante cómo a pesar de que estaban ahí delante de mí, parecía que no existía para ellos.

A través de la niebla, de forma muy tenue y borrosa se podía observar las ruinas de una antigua montaña rusa, o  pocas cabañas dispersas en unas estrechas, pero largas, aceras perpendiculares por todo el parque.

A pesar de que la escena pareciese implicar un frío y una humedad en el aire- cosa que tampoco niego- , en los pies tuve una sensación diferente, parecía que la tierra ardía, y cuando bajé la cabeza para comprobar lo que sucedía, no vi más que mis pies descalzos en una tierra oscura y mojada.

Tras haber comprobado que no llevaba calzado, me fijé además en el resto de la ropa y vi que llevaba un chándal gris sencillo que ni siquiera podría saber si era mío de verdad o no.

De nuevo miré hacia mi frente y lo único nuevo que vi, fue que de la extraña niebla salían hilos de humo negro, y sin planteármelo si quiera, me giré sobre mi misma y vi cómo una gran masa negra en el aire se esparcía entre mis brazos, mis manos y mis dedos y, rápidamente, desaparecía por completo. Estaba aterrorizada. El miedo me invadía y pretendía volver a repetir la misma acción, que probablemente se repetiría a su vez y formaría un bucle infinito, cuando escuché un ruido: mis compañeros se habían puesto en marcha.

Y en ese momento el espíritu malvado se esfumó, ya no había humo acosador. Incluso podría asegurar que el día aclaró algo y, desde luego, no me sentía cómoda del todo, pero no era algo tan exagerado como hacía unos minutos.

Así que, decidí seguir a mi novio y a sus nuevos amigos. Pero en el momento en que me puse detrás de la chica y di dos pasos, ésta se giró bruscamente, con los ojos abiertos como platos, acercando muchísimo su cara a la mía y con una sonrisa que, aunque bonita, me asustó bastante en ese momento. No me lo esperaba en absoluto. El pulso se me puso a mil, y di un brinco hacia atrás a la vez que se me desbocaba el corazón. Ella relajó rápidamente su rostro, y cambió su expresión a una cara dulce, de niña buena.

-Perdona.- Dijo ahora con tono triste. Parecía ser muy infantil. Volvió a sonreírme dulcemente.- ¿Te he asustado? No lo pretendía.

Se presentó, lo sé porque me acuerdo. De lo que no me acuerdo es de su nombre, porque en ese mismo instante empezó a arder mucho más fuerte el suelo, me agarró fuertemente de la mano y salimos corriendo detrás de los chicos.

A medida que avanzábamos, el tiempo parecía detenerse e ir más lento. Cada zancada que ella daba, dejaba botar sobre su espalda sus dos largas trenzas rubias y, por cada nuevo paso, tardaban más en subir y en caer. –Igual que en una película.- Me dije entonces.

Y, fue increíblemente desconcertante e incluso me entró pavor, pero en ese momento me di cuenta de que la niebla formaba un muro, y a pesar de a qué lentitud avanzaba, era imposible que me detuviese y estaba a punto de saltar al otro lado. De esa forma, tras mi novio, el chico, y la muchacha, crucé yo.

Lo de ahora sí que no me lo esperaba: aparecimos en lo que parecía ser un hueco al lado de unas escaleras, todo estaba cubierto por una chapa metálica, había muchísima luz y se oía fuerte música de fondo.  Ahora ya no tenía tanto miedo, era mucho mejor esa sala – que en un rato descubriría que se trataba de una discoteca-  que el siniestro lugar de antes.

Tuve una sensación extraña, como si un espectro a mi izquierda amenazase con acuchillarme con algo, pero como había pasado en la escena anterior, desapareció.

Ahora la chica, a mi derecha llevaba un vestido de fiesta amarillo, y su pelo suelto y agitado.  El chico ya no se movía como hipnotizado y me dirigió la vista una vez – no más porque no le interesaba- y mi novio, como de costumbre, me dio un beso para saludarme.

 La verdad es que a mí las discotecas no me gustan en exceso, pero entonces me sentía súper atractiva con el vestido azul ajustado que llevaba, mis tacones negros altísimos y mi pelo también suelto y posado en un hombro.

 Pero ese sentimiento de comodidad desapareció cuando con él se fueron todos, y se empezaba a llenar el local de gente que no conocía. Me giré, miré de un lado a otro y no los encontraba. Incluso me subí un escalón de la escalera, y luego dos, y tres… y en dos segundos estaba en la planta de arriba, tras esperar un rato volví a bajar y volví a donde estaba antes. Me giré una vez más y… allí estaban. La chica me preguntó que dónde me había metido y yo la hice la misma pregunta. Con tanto ruido y tanta gente fue imposible mantener una conversación muy larga.

Lo que recuerdo después de eso fue que se sacó del bolso, una bolsa transparente llena de pequeñas pastillas y me la entregó. “Disfruta” logré escuchar, y yo, agarré la bolsa, la abrí y saque una.

Eran muy pequeñas, pero en la bolsa había cientos de ellas, quizá pesase cien gramos o más, era una barbaridad de droga. Me hubiese planteado por qué había aceptado aquello, pero fue demasiado tarde.  Blanca, lisa y blanda, como una piedra arenisca, mordí una mitad y se disolvió casi al instante en mi saliva. Tragué. No tengo ni idea de cuánto tardan estas cosas en hacer efecto, pero sé que en cuanto me lo metí en la boca, mis ojos se nublaron y una luz blanca invadió el mundo que veía. Al principio duró más, era una luz intensa, opaca, que no me dejaba ver, y que se difuminaba poco a poco. Tres minutos. Y pasé de no ver, a verlo todo. Veía los colores con una viveza asombrosa, todo lo que se movía parecía hacerlo de una forma armoniosa y a su vez, rápido. Era genial, me sentía estupenda.

 Comencé a bailar al ritmo de una música que, a pesar de que no me gustaba nada, podía disfrutar. Todo gracias a esa porquería que me había metido.

Primero las conversaciones, los bailes y las dosis fueron suaves, después se volvieron salvajes y desmedidas; al contrario de mi responsabilidad, que por lo visto, se había volatizado.

A medida que echaba de menos el primer golpe de la sustancia en mi interior-la gran mancha blanca- me metía otra pastilla, y después de dos en dos. Pero el efecto cada vez duraba menos. Ahora “la gran luz”, solo duraba veinte segundos y el subidón de energía de la droga se agotaba a los pocos minutos.

 Y me pasé.

Por excederme.

 Por haberme metido en el cuerpo aquella sustancia que no era buena en absoluto.

Veía todo de mil colores, me había tomado unas dieciséis pastillitas, y la última dosis fue de cuatro seguidas.

 Me empecé a encontrar mal y busqué a mi chico entre la gente.

  Volví a subir por las escaleras verdes, azules moradas y amarillas, que parpadeaban bajo las luces de la discoteca y, por qué no, desaparecía cada segundo, así que cada paso que daba me sostenía en la nada y en el escalón a la vez.

La verdad es que no sé cómo bajé, si volando, porque me pareció tener alas, o resbalándome por la barandilla de la bajada.

 La cosa es que llegué, donde entramos en un principio, y él se giró y me vio.

 De repente la gente desapareció y la música cesó por completo.  Yo caí desplomada hacia un lado, y mi pareja me cogió al instante. A saber si estaba muerta. La verdad es que me esperaba cualquier cosa en ese instante.

Excepto que todo hubiera sido un sueño.

 

“Sueños”

 Andrea López Soto

28 de enero de 2014                 

La imaginación es un demonio persistente, el mundo sería en blanco y negro sin ella, viviríamos en un paraíso de militares, fundamentalistas y burócratas, donde la energía hoy invertida en la buena mesa y el buen amor se destinaría a otros fines, como matarnos unos a otros con mayor disciplina. Si nos alimentáramos sólo de frutos silvestres y copuláramos con inocencia de conejos, nos ahorraríamos mucha literatura.

Fragmento de Afrodita por Isabel Allende.

Anoche murió mi abuelo, no murió como un perro, como el temía. Sino plácidamente en mis brazos. Confundiendome a ratos con Clara y a ratos con Rosa.

Fragmento de La casa de los espíritus por Isabel Allende.

Descaradamente le miro las tetas, descaradamente me las muestra. Me conformo solo con verlas, verlas e imaginar al palurdo que se las goza.

Pido otro Black label en la barra y el tipo me lo da doble…For free y me conversa.

Creo que se me insinúa, siempre creo que se me insinúan y que quieren emborracharme, emborracharme para luego intentar romper mi virginal culo.

El cuarto black label hace estragos en mi estomago, que no ha tenido acción desde el almuerzo, un hambre soberbia se apodera de mi.

Mis bolas llenas esperan el llamado telefónico de esa morena que de cuando en vez, me invita a follar a su casa.

Pero no, esta noche no habrá morena, estoy borracho y borracho no es placentero follar.  Pido una hamburguesa de soya con lechuga y tomate y una mineral con gas. Voy al baño…

“Que es agradable volver del baño y encontrar tu pedido servido”

– Narración original por el usuario Psychofinger.