Epílogo de una imposibilidad. Santiago Rincón.

poesiasantiagorincon:

-Ya sé que estoy en la víspera de mi epílogo, y que finalmente voy a terminar solo-
Y poco a poco te fuiste alejando… No podría negar que me duele, que me duele aún más que mi existencia, que me duele incluso más que saber que aunque en algún momento me voy a morir, nunca sabré cuándo, pero te entiendo, nadie mejor que yo sabe del inconveniente de estar a mi lado. Y aun así seguirás estando.
Siempre fuiste tú la imposibilidad que le dio sentido a todas mis posibilidades, siendo tu imposible, era posible sentir, porque estas tan llena de tanto que parece que realmente eres, porque aunque quisiera negarlo, detrás de la coraza que cubre mi corazón sólo hay lugar para ti. Una imposibilidad que sólo siendo posible cobra sentido y me hace existir.
Mi carencia originaria tiene tu forma, mis ausencias las encuentras cada vez que te miras en un espejo, la necesidad de ti se convierte en un eterno retorno al origen de mi dolor, al momento en el que tomo conciencia que no es un “juntos” y recuerdo que más que nada es un “mí” sin “ti”, tú abundas en valentía y entusiasmo, yo vivo entre el arrepentimiento del ayer y el miedo al mañana. Probablemente el ahora es el dolor que proyecta el sinsentido de mi ser desde que no estás.
Cada despertar ausente de ti, es una obligación a que mi temor se quite la ropa y se lance a enfrentar todos los minutos que no te incluyen en el reloj de mi vida… La única, entre tantas, pudo haber sido cualquiera, pudo no haber sido nadie, pero fuiste tú, la única que dice entre silencios.
Amor mío, solamente tú deconstruyes mi lógica, tus ojos me hablan mejor que tu boca y tu boca me ve mejor que tus ojos, y cuando caminas, es la representación de los que todavía pueden soñar y se atreven a hacerlo con los ojos abiertos. Me asumo paradójico y te invito a que me cuentes del amor, porque siempre sospeché que detrás de tu ropa están las respuestas a todas mis preguntas, y al ver que todo es imposible me retiro con lo que me queda de vida después de verte, la paz entre tus manos me empuja a la irrealidad de mi solipsismo y el vacío más que nunca me sabe a ti.
Sólo me encuentro con argumentos que me exceden, hipótesis que no me llenan, dudas que no tienen resolución y un enorme abismo.
Es que siendo tú un imposible, llenaste de posibilidades mi existencia.
Y cuando de ti se trata, me queda una sola duda ¿Qué tendrás para ser lo único que encuentro cuando busco en lo real?

Prosa poética original de @poesiasantiagorincon

Una vez me dijeron que el amor era eso que te hace volar, son las maripositas, dicen algunos. Pero en lugar de ello, el amor para mi es cuando encuentras un significado más a la vida, es ver la tristeza de la persona que quieres, es llorar junto a un desconocido, es reír por tonterías, es sacrificar sueños y ver cumplidos los de otros. Eso para mi es amor.

Poesía original de @skynny-love11

Engaño

Lastimar al que nada te ha hecho

Creer que han herido tu ego… estúpida no eres eterna, nada es eterno y usted solo está de paso.

Agua y sal se hace aquello que se gana aprovechándose de otros, de su trabajo, de su confianza y condición.

Pero ella es fuerte, ama y se esfuerza tanto; lo hace para que la vida se ensañe más con ella; para que la lleve al piso, le muestre que las cosas se pueden poner peor, sin embargo, ella sabe levantarse, pelear y seguir viva… Nunca le ha sido fácil nada, no espera que comience a serlo ahora y seguirá peleando hasta el final.  

Prosa original de @5an-k

El Sueño de una Realidad.

theuniverseofemmanuel:

Había pasado otra noche sin poder dormir, ¿cuándo fue la última vez que cerró los ojos?, se preguntó un poco angustiada al servirse café en una de sus tazas favoritas. Se perdió por un largo rato en el oscuro color de esa bebida caliente y suspiró, muchas veces, tantas que se le olvidó la vida para sumirse en un recuerdo que le estaba martilleando la cabeza.  Se le dibujó una fecha en la memoria y el corazón se le volcó al punto de hacerla sentir mareada. Separó la mirada atolondrada de la taza de café y camino lentamente al sofá de la sala. Hacía frío. En la calle llovía. El cielo estaba lleno de grises que no dejaban entrever al sol. Era temprano. A esas horas ya debían estar las aves trinando entre las ramas de los arboles que habitaban el jardín de esa casa, pero, ésta mañana no lo hacían; era mucha el agua y demasiado el frío que el ambiente traía consigo. 

La delicada mujer se dejó caer en el sofá como si algo le pesara; su cuerpo delgado, cubierto por un largo y grueso suéter blanco y unas mallas de lana, temblaba un poco. El corazón se le había agitado demasiado, tuvo miedo de caer desmayada; su rostro esbozaba palidez y sus ojos humedad. Pasó la mirada por la sala, aun con todos los muebles que la acompañaban, se sentía árida y sola. Se abrazó a sí misma como queriendo contenerse el alma con sus propios brazos. Derramó un par de lagrimas que le escurrieron por las mejillas y murieron en su mentón. Se hallaba trémula, agonizante… Sollozaban sus labios y su garganta. 

                                                         

                                                                                                Tres Meses Atrás.

Ese sonido, ¿cuándo se acabará? Se suponía que debía levantarme tarde, es fin de semana ¡por dios!, ¿no puedo descansar ni estos días? Está bien, me levantaré. 

Abro los ojos con pesadez y llevo la mirada a la ventana, ¡sabía que eras tú! He tenido tantas ganas de cortarte esas ramas, pero siempre terminas dándome compasión. 

Me pongo de pie mientras estiro mis extremidades y suspiro hondamente. Me tallo los ojos, camino lentamente al baño. De pronto, otro ruido más, viene de la cocina. Mi nariz se llena de aromas y mi estomago comienza a quejarse; tengo hambre. Se me olvida que desperté con ganas de pelearme con todo el que se me cruzara enfrente, pero con ése exquisito aroma que viene de la cocina ya se me está pasando la molestia. Me sonrío para mis adentros al imaginarlo cocinando… Hace lo mismo cada mañana, lo curioso es que él no me despierta, es tan considerado que se mueve como el aire para no hacer ruido y cuidar mi descanso; él bien sabe que, lo que más me molesta, es no dormir mis horas completas. Lo amo. 

Entro al baño con una alegría que, gustosa, dice adiós a mi falta de sueño y abro la llave del lavabo. Me observo por un rato en el espejo… Una vez más, ojeras. No entiendo que debo cerrar los ojos a las diez. Segura estoy que él me va a llamar la atención, pero… no me importa. Me gusta cuando me reprende, al final termina besándome y acariciándome cuando le hago esa mueca que tanto le excita. 

Salgo del baño al terminar de lavarme y secarme la cara. Cierro la puerta detrás de mí y bajo las escaleras con ligera rapidez. Cruzo el pasillo que lleva a la cocina mientras percibo, cada vez más, el aroma del desayuno. 

                                                             …

Se escuchó el llamado del teléfono rompiendo el silencio del recuerdo que la estaba ahogando en llanto. Se llevó las manos al rostro y secó el agua que había derramado… El corazón le seguía latiendo con premura y angustia, no podía dejar de sentirse vacía y opaca. 

Tomó con las temblorosas y delgadas manos el aparato. Contestó con una voz que apenas podía escucharse del otro lado. 

— ¿Estás lista?

No supo qué responder ante tan sencillo cuestionamiento. La cabeza le daba vueltas y el estomago se le contraía. No, no estaba lista… Seguía inmersa en la tristeza, en la nostalgia, en la depresión, en el duelo. ¿Cómo la persona detrás de la línea le preguntaba si estaba lista? ¿Cómo? ¿Acaso podía quitarse el dolor de un día para otro? 

— No…

Respondió quedamente. Del otro lado perduró el silencio por un largo rato. 

— ¿Has tomado los medicamentos? Al menos, dime que si, para estar tranquila. No puedo estar en paz sabiendo que estás sola en esa casa llena de recuerdos. 

— Si, si los he tomado… Me sigo sintiendo igual… 

— Necesitas salir de esa casa. Ven a quedarte conmigo unos días… No me digas que no, por favor.

El silencio volvió a reinar por unos minutos. La delicada mujer recorrió, con la tristeza tatuada en los ojos, la sala una vez más… Tenía razón la persona que hablaba al teléfono, eran demasiados recuerdos para ella sola. Sin embargo, sabía que si salía de esa casa, iba a perder lo que más había amado y las memorias vividas ahí eran lo único que le quedaba. 

— No puedo dejar la casa… No quiero separarme de él.

La voz se le resquebrajó al pronunciar esas últimas palabras y, el aliento de la persona que hablaba con ella del otro lado, se volvió un sollozo de pesar. 

— Mirna, él ya no está ahí… ya no está ahí. 

El corazón de Mirna, la mujer que temblaba bajo el suéter y las mallas blancas, parecía desmoronarse poco a poco. El agua se le hizo en los ojos y el dolor se le atoró en la garganta. Apretó con fuerza el auricular y lo dejó en su base. No quería hablar más. No deseaba hacerse cargo de la verdad, porque sabía que lo que esa mujer le decía no era más que la cruda realidad. 

Prosa original de Emmanuel.

Buenos Aires

losojosdeltiempo:

Solía odiar
esas idas y venidas a la Capital de El Buenos Aires. Valla a saber porque pero
creo que todo, me arriesgo a decir que, todo porteño del conurbano bonaerense
siempre termina en algún momento encajando en ese hueco, en el epicentro, en el
culo quizá, y visita la urbe de la ciudad, ese micro centro que de micro no
tiene nada, y de centro tampoco.

No sé. Si es
como una ley de gravedad que existe en toda metrópolis o que. O es más un punto
o vía, donde sur y norte pueden cruzarse y encontrarse. Donde este y oeste y
plaf!… porque al este mucho no hay. O sí mejor dicho hay mucha mucha agua. El
río más ancho del mundo. la lunfa del plata. el más oloroso también podría ser.

Solía
odiarlo. Ese caótico devenir. Bocinazo, grito, motores, trenes, bacanes,
camiones, taxis vienen, taxis van, ratis, bocinazo, colectivo, tiras, curdas a
toda hora, otro colectivo, bondi, 133, 6, 12, una muleta, sahumerios, paltas 4
por 25 mangos, muletillas, pero de alguna manera lo terminé apreciando. Me
terminó gustando ese sumergirse en el quilombo del núcleo urbano.

Y lo poeticé.
Lo amontoné en versos, y veo la gigantesca obra teatral que se monta en escena.

Lo llegué
hasta a presumir como una cierta paz interior a esa poetización, pero no tiene
nada de eso. absolutamente nada. Es más una cobardía quizá. Es tratar de pintar
con colores vistosos un cuadro que es en grises por naturaleza. Es vestir a la
bestia de la bella. De alguna manera es una poesía. ¿pero hay aceptación en
ello?¿o es un escape? Porque de repente todo es cruelmente ávido, todo ruido.
Conversación estrellada contra otra conversación, y otra, y otra más, una
polifonía del caos, contrapuntos desordenados, charlas empresariales,
<yo>, vendo bolsitas, <¡Susana!>, bocinazo, otra vez, ¡onomatopeya!,<hasta
el día de hoy>, sí, <no lo voy a tolerar eso>, gracias, <yo no
voy>, puede ser para regalo, la rayuela al lado,<yo no lo voy a tolerar
mas eso>. y me llevé una bolsita. y una sonrisa, ”Chau, Dios te bendiga”, de
los locos tenía que venir, de los locos nos bendice dios. Bolsitas de regalo
hechas de basura para otros. De los locos tenía que venir. Del borda solo puede
llegar eso. “Dios te bendiga”. Ojalá no me bendiga dios por favor. Ojalá que no
me bendiga aquel obsesivo perfeccionador. encarcelador de Lucifer, enemigo del
portador de luz.

La bendición
me la distes vos loco, gracias por la bolsita. Ojalá no me bendiga dios. Ojalá
que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan. Ojalá que tu nombre se le
olvide a esa voz, Lucía, ojalá. Y la bendición también me la distes vos, que
las convertís en cristal a las hojas. Igual que aquel loco del borda. Yo no le vi
nada de loco, todo lo contrario, más cuerdo que cualquier otro. Y convertía las
hojas, no en cristal, pero en bolsitas de regalo. Y me quedé con una por que me
gustaron. Y le debo 10 pesos al del café pero se los dí a él. Y solía odiarlo a
todo eso, al Gran Buenos Aires Gran, yo que soy bien del apaciguado conurbano.
Y el humo sale del pucho, pero nunca vuelve a entrar, igual que la ceniza que
se cae pero nunca vuelve a ser pucho sensual vicio. Capaz si cae en la tierra
crece una flor de esa ceniza. Pero no hay mucha tierra acá en pleno Congreso.
Por eso Dios nos debe haber hecho de barro: para que nos crezcan flores.

Pff! ¿Qué
dios me bendiga? Mil gracias, pero que dios me bendiga un carajo. Bendecidme
vos que me re alcanza. Porque yo no me siento para nada de barro. A vos si te
veo de barro quizá. Y te crecen flores por todos lados. Hermosas flores.
Pasionarias, jazmines de papel. Y los pájaros se posan en vos a descansar y a
oler los perfumes. Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Porque soy
bastante celoso. Pero sos vos la que besas a la tierra con esas flores.

Solía
odiarlo. Y mucho. Pero es como la tierra aunque no le crezcan flores. Le crecen
cosas parecidas. Le crecen tangos, milongas, candombes, poesías, novelas. Le
crecen locos, artistas, linyeras, ojalá le crezcas vos ahí en las calles por
donde camino, porque ya te extraño un poco.

¿Cómo voy a
odiarlo? A ese barro frío, oscuro, gris, cambalache, ruidoso de silencios ¿Cómo
voy a odiarlo? Si seguro, cada tanto por algún lugar de la metrópoli, cuando se
te ocurre caer al centro de gravedad desde el conurbano sur, le creces vos, la
más hermosa flor.  

Prosa original de @losojosdeltiempo

Entre la tierra y el cielo.

Han pasado dos años desde aquel episodio, dos años bastante largos debo decir. Aquí, en el castillo del blanco eterno, algunas de mis amigas se han marchado, mis damas de compañía dicen que nunca existieron, cuando las oigo solo asiento con la cabeza y hago que bebo mi té frutado. ¿Desde cuándo el té hace efervescencias? Dejemos de lado si ellas existieron, para mí el único que continua siendo real es él. La persona que me abandonó en una de estas torres blancas.

– ¿Te gustan mucho los dulces, no es así? – fuí tan ilusa en responder que sí. – Pues aquí te darán todos los que quieras, pequeña.

Y no se equivocó. Recibía tantos que por momentos creía que eran un regalo de Dios, me sentía la niña más afortunada del mundo.

– ¡Señorita Tyler! Bájese de ahí.

Ah…aquí vamos de nuevo. Si yo no tengo nada extraño, solo deje los dulces hace mucho tiempo.

– ¡Baje de ahí inmediatamente!!

Siempre me gustaron las alturas, volar como un ave, pero en la vida real eso no se puede hacer. Hace diez años que me tienen enjaulada, volando entre cuatro paredes, pero ya no… He abierto la reja, quiero salir, quiero verlo a él y decirle cuanto lo lamento, solo quería ser como mamá – termine siéndolo – quiero salir y conocer lo que se esconde tras las murallas, la melodía que suena cuando la gente es feliz. 

Trepé hasta que mis rodillas y uñas sangraran. Los habitantes de este reino muchas veces se preguntaban por qué por las noches miraba las estrellas y enloquecía. Cada vez que la luna salía una parte de mi moría, porque sería otro día en que estaría encerrada; morir era mejor que permanecer allí. Esa noche de dos años atrás, cuando la lluvia empapaba mi frente, me di cuenta que la que estaba mal no era yo, eran todos ellos, así que decidir jugar mi propio juego, buscar otros medios para relajarme para no recurrir a los suyos y caer de nuevo en sus telarañas. Hoy es el día en que seré el sol que flota en el cielo, tengo las alas extendidas y fuertes para dejar la tierra al fin. Cuento solo con un pequeño cuaderno y un lápiz algo gastado. A partir de este momento soy el cielo… y al son de las alarmas, salto

Cuento corto original de @cecetyler-officialquotes

Momentos en instante

daughteraluna:

Luego de un respiro y de poder mirar la luna entre un par de nubes pesadas, me siento en el sofá que ya guarda bastantes memorias sobre mi historia.
Hoy soy yo, un gato, una guitarra a medias, una libreta con largas palabras y una pluma que pronto de quedará sin tinta. El silencio se vuelve placentero, como el frío de mi cuerpo entero e incluso el gato decidió unirse al momento. Solo observa la pluma hacer trazos y se arrulla con las letras.
Nos rodeamos de plantas, cajas y ratas. A ratos sus ojitos azules se abren, como para asegurar estaré. Infortunadamente lo haré.
Desde aquí observó los últimos años de mi vida pasar en el mismo lugar.
Era yo, una taza con té y un perro que encerrado lloraba. Hago cosas que probablemente en cualquier caso usaría para jugar y están aquí, enterradas en lo que fui, en lo que aún soy.
Mi espíritu reencarna en palabras que parecen ser complicadas, a punto de soltar, cierro los ojos y me encuentro acostada, con un amante que me hizo feliz por un instante y recuerdo envolverme en besos y abrazos a ratos, creo que mi mente tenía mas orgasmos, no paraba de juntar palabras, inútiles frases, convirtiendo el momento en un poema un poco vacío y violento. Eso fui.

Luego me encuentro en el bosque, frente maíz, renaciendo, entregando el dolor a un atardecer, con las rodillas clavadas en la tierra cálida.
Una luna atrás festejaba el completo renacer, con fuego, cantos, manos, sudor.
Hoy, sola, fría, vomitando sentimientos.
Cierro los ojos y ahora estoy empapada, a brincos me veo, la cara mojada, los pies ahogados, me pesa el cuerpo y estoy feliz.
Hoy soy yo, cargando resaca emocional.
Esperando algo.
Rescatando el nada.
Siendo yo.
Buscando palabras o más bien, dejando que me encuentren.

Poesía original de @daughteraluna

RETRATO

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Ella sentía esa corriente tibia y confortable mientras él la dibujaba, acariciaba su alma sin siquiera tocarla con la yema de sus dedos. El sabía que al plasmar su verdadero espíritu las lineas formarían un cincel en la tierra para que ella permaneciera eterna en las cortinas de su memoria. 

Prosa original de La Chica Laberinto.