25.oct.15

fercdna:

A veces nos toca madurar forzadamente, es increíble cómo el dolor es un gran factor de esa madurez, nos hace afrontar nuestros propios demonios, a veces, puedes sentir querer darte por vencido, buscas el camino más fácil para dejar de correr aunque lo que no sabes es que ese error te perseguirá y correrá contigo.
Quizá, entonces prefieras ahogar tus dudas y tus miedos en una botella, aunque lo que no sabes es que volverán con una resaca que las hará ver peor… Entonces aquí estás, escribiéndolo en un cuaderno, pensando en qué diablos pensaste en aquel momento.
Maduraste; lloraste, te desvelaste, te odiaste, deseaste acabar con eso y de paso contigo; pero aquí estás, maduraste.
Ahora ves con un poco más de claridad, dejaste de pertenecer a ese sentir que te atormentaba y decidiste tu apoderarte de el.
Ahora lo controlas, no eres débil por llorar, por qué ahí estás… Aceptando el dolor, por que al final, no solo te hará mejorar, si no también te hará vivir.

Prosa original de Fer Cardona.

Invasión de espacios.

Siento pasos diminutos en mis costillas, camina el silencio entre mis muslos, estamos para olvidar el dolor en esta noche lluviosa, pero entre el dolor y el silencio hay un largo camino amargo, lleno de púas que construimos para protegernos del amor, aun así permanecemos en movimiento, nadie se detiene, solo aceleramos la respiración, en una hora el ciclo seguirá su curso, la habitación semi desordenada y dos cuerpos vacíos llenos de placer olvidando el encuentro.

Prosa poética original de Mónica Olivares.

Lo que somos vos y yo

Quiza lo nuestro sea una tregua que se da en tiempos de guerra, de lejanía, de ausencias. 

Una paz que se busca dentro pero que llega desde fuera, sin invitación, sin llamado previo, y que luego ya no puede ser dejada. 

O quizás sea una mano que te llama desde el otro lado, ahí donde nunca se ha estado antes, invitandote a saltar prometiendo atraparte y acunarte en sus brazos. 

Pero puede que sea más una voz viciosa que se espera oír antes de dormir, un somnífero no recetado que cada noche te duerme.

Prosa poética original de Sebastian Gonzalez.

Uno, dos, tres

10guns:

La habitación tiene tintes violáceos. Los tintes violáceos corren con una gélida ventisca de una procedencia desconocida. La gélida ventisca corre de arriba a abajo. De lado a lado. La gélida ventisca crea remolinos de polvo. Entras a la habitación. Entras a la habitación y notas la mesa. La mesa y la silla. La silla y la mujer que está sentada. Te acercas a la mujer. Un paso, dos pasos, tres pasos. Te detienes. Notas el silencio. El silencio perturbador. El silencio perturbador te tapa los oídos. Estás sordo. Estás con la mujer. La mujer levanta la mirada. La mirada está vacía. El silencio te acompaña mientras caminas. Un paso, dos pasos, tres pasos. Estás frente a la mujer. Quieres hablar pero la sordera se llevó de la mano a las palabras. Las palabras y el miedo. Se fueron y quedó la mujer. Levantas la mano. Quieres tocar su cara. Su cara pálida. Su cara pálida con las venas saltando en la frente. Sus venas saltando se recorren hasta el borde de los párpados. Los párpados y los ojos vacíos. Los ojos y su mirada que sigue puesta en la tuya. La tocas. Tocas su mano y te detienes. Te detienes a sentir su piel. La textura de cera de la piel. Resbaladiza y dura. Dura y fría. La mortandad grita. La mortandad quiere escapar de la piel. Escuchas un murmullo. Un murmullo procedente de la mujer. La mujer te sonríe. Los dientes y sus aristas filosas se asoman. Se asoman y te invitan. Te invitan a evocar el recuerdo. El recuerdo de la habitación gélida, de la silla y la mujer. Uno, dos, tres. Le sonríes de vuelta. Te acercas a la mujer. Te acercas y abre los brazos. Te sientas en su regazo e inhalas. Inhalas el olor a putrefacción. Pútrido y caliente. La mujer emana calor. Te recargas en su pecho. Su pecho es blando y es caliente. La mujer sigue sonriendo. La mujer sonríe y empieza a cantar. Canta y tu las escuchas. La escuchas y es familiar. “Siempre quise saber como la muerte vendría, uno dos tres, bienvenida, uno dos tres, hija mía” La mujer repite el cántico. Lo repite y te percatas. Te percatas que tuyo es el calor. Lo blando es tuyo y el calor. El calor se desvanece y se presenta la verdadera textura. La textura fría y rugosa. Rugosa y escamosa. Escamosa y las estrías. Las estrías son moradas y la mortandad aúlla. Levantas la mirada y te encuentras con la suya. Te besa la mejilla. Te besa la mejilla y te sonríe. Le sonríes y le hablas. “Mamá, mamita, quiéreme, mamita veéme, mamita, mamá, háblame. Mamá suspira. Mamá suspira y te abraza. 

Mamá te abraza y empieza a gritar.

Prosa original de Raydena.

Crónica de un regreso a casa sin ti.

miriamgris:

Hoy decidí ir al parque en vez de llegar primero a casa. Lo hice justo como todas las tardes de las últimas semanas, sólo que esta vez, sin ti.

El cielo estaba gris, la calle parecía  la de una ciudad fantasma, sin nadie alrededor.

Al llegar al parque, me senté en el columpio en el que siempre te sentabas. Algo en mi pecho se empezó a quebrar.

Hoy comprendí que esto de verdad se acabó, hoy acepté en verdad que esto ya no te importa.

Encendí un cigarro, el último en tu nombre, y rompimos en llanto el cielo y yo.

Decidiste dejar de quererme en mis peores días; siento que nada vale la pena, y ahora que te has ido, no sé cómo cambiar de idea.

Quise imaginarme que en una de esas, al voltear, estarías tú camino a encontrarme. Que me abrazarías con todo tu amor como lo hacía aquella pareja de enamorados que se refugiaba de la lluvia bajo un árbol a unos cuántos metros.

No importa cuánto lo hubiese deseado; yo sé muy bien que nuestros ojos no se volverán a cruzar jamás.

Las nubes grises comenzaron a llorar con más intensidad, terminé el cigarro y me dispuse a marcharme.

Mientras caminaba, empecé a sentirme sola. Verdaderamente sola…

Presioné mis brazos contra mí, ya no sabía qué hacer. La lluvia hacía mucho ruido cuando azotaba contra los techos de las casas, contra los coches. Casi podía escuchar el mismo golpeteo cuando caía sobre mi cuerpo, ahora vacío, tan vacío.

Continué caminando creyendo que en cualquier momento mis piernas dejarían de responder, y tendría que caer rendida ante tu lastimosa ausencia.

Pero lo logré, llegué a casa. Todo estaba en silencio, no había nadie ahí.

Una vez en mi habitación, me tumbé en mi cama y te invoqué en mi mente con más lágrimas aún.

Y ahora sólo puedo preguntarme si así es como será a partir de ahora, ¿así es como tendrán que ser los siguientes días?

Creo que podría soportar muchas otras cosas, pero no podría caminar a casa una vez más, sin ti.

– Miriam Gris

Prosa original de Miriam Gris.

Le temo al fracaso.

Mas que a la muerte y los insectos, me aterra fracasar. Mi cerebro esta harto de tanta preocupación y no puedo con mis nervios. Mi cuerpo se la pasa cansado y aun así, siento que no trabajo lo suficiente. No tengo fé en nadie, no confío en nadie y no quiero amar a nadie.

Es mi turno de sacrificarme; de abandonar mis sueños y cambiar mis metas. Es mi deber como la mayor, no tengo opción.

Quiero llorar mucho pero no tengo tiempo ni para eso. Quisiera poder irme… Ojalá todo fuera tan fácil.

Mi vida es una rutina y soy infeliz, de igual modo no puedo abandonarlo porque tengo que sobrevivir.

Ojalá mi país no fuera tercermundista y las oportunidades no fueran tan cerradas. Ojalá hubiera nacido talentosa o muy inteligente… Solo esos sobresalen fácil; ¿pero yo? Yo estoy en el limbo esperando un milagro sin creer en Dios. Luchando sin espada, como esclava intentando respirar. Como pez de mascota; atada a 4 paredes, con deseos de nadar en el océano pero atrapada en un cristal.

Prosa original de BMAR.

III

Nos creemos imparables en un mundo inamovible, donde el tiempo que vivimos marcha más rápido de lo que pedimos y donde los sentimientos a los que damos luz a menudo no son correspondidos.

El verdadero y único sentimiento capaz de corresponder y ser correspondido es el deseo, pues él y sólo él sabe de qué color viste el corazón y cuál es la causa por la que merece perderlo.

Prosa original de Joan F.

Llámame viento.

Siempre he visto a los globos como una metáfora. Imagínate que tienes un hilo en la mano y al otro extremo de él hay un globo atado. Pues bien, hay dos tipos de personas en la vida: las que dejan todo lo largo que es el hilo para que el globo flote con el viento, y luego están las que tienen al globo tan pegado a la mano para que no se vaya que no lo dejan flotar. Ahora imaginaos toda esta mierda pero en personas.

Gracias a dios aprendí y me libré de esas personas que se piensan que mi globo tiene hilo. No necesito que nadie me sujete mientras voy flotando por el azul del cielo. Por eso no me considero la mitad de nadie, sino algo entero.

Tengo la capacidad de regalarme yo misma todo lo que puede darme una persona, pero vosotros habéis derrochado más de lo que os podíais permitir y habéis jugado todas vuestras sonrisas y alegrías al hecho de necesitar a alguien con la esperanza de que algo nuevo llegara, mientras todo arde a vuestro alrededor. Cuando te sientes completo y llega alguien que te aporta algo, desborda todo tu interior, pero no lo vas acabar necesitando en tu vida. Se quede o se vaya. Y no lográis entenderlo.

Prosa original de Alba González, twitter, blog