A veces nos toca madurar forzadamente, es increíble cómo el dolor es un gran factor de esa madurez, nos hace afrontar nuestros propios demonios, a veces, puedes sentir querer darte por vencido, buscas el camino más fácil para dejar de correr aunque lo que no sabes es que ese error te perseguirá y correrá contigo.
Quizá, entonces prefieras ahogar tus dudas y tus miedos en una botella, aunque lo que no sabes es que volverán con una resaca que las hará ver peor… Entonces aquí estás, escribiéndolo en un cuaderno, pensando en qué diablos pensaste en aquel momento.
Maduraste; lloraste, te desvelaste, te odiaste, deseaste acabar con eso y de paso contigo; pero aquí estás, maduraste.
Ahora ves con un poco más de claridad, dejaste de pertenecer a ese sentir que te atormentaba y decidiste tu apoderarte de el.
Ahora lo controlas, no eres débil por llorar, por qué ahí estás… Aceptando el dolor, por que al final, no solo te hará mejorar, si no también te hará vivir.
Prosa original de Fer Cardona.
