Campos Opacos

opff13:

Me (acosaba)

un sueño desde niña

Mirar hacia arriba para ver las nubes

teñidas de negro y gris

pintadas debajo de ellas

colores rosas, casi anaranjadas

y entrecortadose

a cuchilladas

traspasos de luz

el sol

dolientemente queriendo hacer

paso para abrazar la tierra

con su resplandor

abajo, aquí más terrenal

yo, en un campo

extenso

más amplio que el mirar del ojo mortal

al horizonte, cerros

escalinando curvas de mujer recostada

me sujetaba a pasos cortos

entre las espigas

rozandolas con los dedos

(como si fuera pelo)

y me percataba del sonido

pequeños grillos

cuantos ya habrian hecho residencia

y tocaban su extraña música desde sus casas?

la amenaza de lluvia se aproximaba

los vientos enojados

atacando las pobres espigas de la tierra

y yo, pobre espiga

justo en el centro


                                                 Jul 8th, 2015

                                     Eva y su mundo insólito 

Poesía original de Georgia Tello.

mellamanrockandroll:

El otro día me preguntaron por ti.
Me puse a pensar y
me di cuenta de que dejaste de luchar
y duró mientras fue bonito.
Supongo que mi error fue querer ganar la batalla
cuando esa era solo tuya.
Dejé mi alma en aquella trinchera
y la alegría ha vuelto para decirme que
en aquel campo de batalla han crecido flores.
Me sonríe mientras se da cuenta de que dejé atrás todo lo malo,
de que el pasado hace tiempo que dejó de dolerme
de que ha vuelto el futuro
y de que el presente ya es mío.

He aprendido que el amor sano nunca ciega.
Al contrario,
te abre los ojos de par en par
como cuando abres una ventana y el paisaje te hace sonreír.
Si te fijas en aquel paisaje hay un rebaño,
y, por suerte o por desgracia,
yo soy esa oveja fuera de él que se siente libre mientras se despeña.

Oye, no me mires así.
Ya sé que a veces suelto demasiadas gilipolleces por la boca
pero dime,
¿desde cuándo se tiene que pedir permiso para
poder cambiarle la vida a alguien?
Así que perdóname
si fui una mal educada al entrar a la tuya sin consentimiento.
Pero es que vi tu cartel de:
“Ahora no puedes pasar. Estoy ordenando mi vida.”
y me pudo la curiosidad.

Créeme cuando te digo que no quiero que te subas a mi tren,
que lo que yo quiero es que tu tren y el mío
se choquen y descarrilen juntos.
Por eso dame un abrazo,
que hacía mucho que no volvía a sentirme tan a gusto
rodeando con mis brazos un corazón ajeno.

Podría decir mucho de esta etapa del lado bueno de mi vida,
pero prefiero vivirla.

http://poesiaenlasbragas.blogspot.com.es/2015/10/ahora-no-puedes-pasar-estoy-ordenando.html

Poesía original de Alba González.

Uno, dos, tres

10guns:

La habitación tiene tintes violáceos. Los tintes violáceos corren con una gélida ventisca de una procedencia desconocida. La gélida ventisca corre de arriba a abajo. De lado a lado. La gélida ventisca crea remolinos de polvo. Entras a la habitación. Entras a la habitación y notas la mesa. La mesa y la silla. La silla y la mujer que está sentada. Te acercas a la mujer. Un paso, dos pasos, tres pasos. Te detienes. Notas el silencio. El silencio perturbador. El silencio perturbador te tapa los oídos. Estás sordo. Estás con la mujer. La mujer levanta la mirada. La mirada está vacía. El silencio te acompaña mientras caminas. Un paso, dos pasos, tres pasos. Estás frente a la mujer. Quieres hablar pero la sordera se llevó de la mano a las palabras. Las palabras y el miedo. Se fueron y quedó la mujer. Levantas la mano. Quieres tocar su cara. Su cara pálida. Su cara pálida con las venas saltando en la frente. Sus venas saltando se recorren hasta el borde de los párpados. Los párpados y los ojos vacíos. Los ojos y su mirada que sigue puesta en la tuya. La tocas. Tocas su mano y te detienes. Te detienes a sentir su piel. La textura de cera de la piel. Resbaladiza y dura. Dura y fría. La mortandad grita. La mortandad quiere escapar de la piel. Escuchas un murmullo. Un murmullo procedente de la mujer. La mujer te sonríe. Los dientes y sus aristas filosas se asoman. Se asoman y te invitan. Te invitan a evocar el recuerdo. El recuerdo de la habitación gélida, de la silla y la mujer. Uno, dos, tres. Le sonríes de vuelta. Te acercas a la mujer. Te acercas y abre los brazos. Te sientas en su regazo e inhalas. Inhalas el olor a putrefacción. Pútrido y caliente. La mujer emana calor. Te recargas en su pecho. Su pecho es blando y es caliente. La mujer sigue sonriendo. La mujer sonríe y empieza a cantar. Canta y tu las escuchas. La escuchas y es familiar. “Siempre quise saber como la muerte vendría, uno dos tres, bienvenida, uno dos tres, hija mía” La mujer repite el cántico. Lo repite y te percatas. Te percatas que tuyo es el calor. Lo blando es tuyo y el calor. El calor se desvanece y se presenta la verdadera textura. La textura fría y rugosa. Rugosa y escamosa. Escamosa y las estrías. Las estrías son moradas y la mortandad aúlla. Levantas la mirada y te encuentras con la suya. Te besa la mejilla. Te besa la mejilla y te sonríe. Le sonríes y le hablas. “Mamá, mamita, quiéreme, mamita veéme, mamita, mamá, háblame. Mamá suspira. Mamá suspira y te abraza. 

Mamá te abraza y empieza a gritar.

Prosa original de Raydena.

Crónica de un regreso a casa sin ti.

miriamgris:

Hoy decidí ir al parque en vez de llegar primero a casa. Lo hice justo como todas las tardes de las últimas semanas, sólo que esta vez, sin ti.

El cielo estaba gris, la calle parecía  la de una ciudad fantasma, sin nadie alrededor.

Al llegar al parque, me senté en el columpio en el que siempre te sentabas. Algo en mi pecho se empezó a quebrar.

Hoy comprendí que esto de verdad se acabó, hoy acepté en verdad que esto ya no te importa.

Encendí un cigarro, el último en tu nombre, y rompimos en llanto el cielo y yo.

Decidiste dejar de quererme en mis peores días; siento que nada vale la pena, y ahora que te has ido, no sé cómo cambiar de idea.

Quise imaginarme que en una de esas, al voltear, estarías tú camino a encontrarme. Que me abrazarías con todo tu amor como lo hacía aquella pareja de enamorados que se refugiaba de la lluvia bajo un árbol a unos cuántos metros.

No importa cuánto lo hubiese deseado; yo sé muy bien que nuestros ojos no se volverán a cruzar jamás.

Las nubes grises comenzaron a llorar con más intensidad, terminé el cigarro y me dispuse a marcharme.

Mientras caminaba, empecé a sentirme sola. Verdaderamente sola…

Presioné mis brazos contra mí, ya no sabía qué hacer. La lluvia hacía mucho ruido cuando azotaba contra los techos de las casas, contra los coches. Casi podía escuchar el mismo golpeteo cuando caía sobre mi cuerpo, ahora vacío, tan vacío.

Continué caminando creyendo que en cualquier momento mis piernas dejarían de responder, y tendría que caer rendida ante tu lastimosa ausencia.

Pero lo logré, llegué a casa. Todo estaba en silencio, no había nadie ahí.

Una vez en mi habitación, me tumbé en mi cama y te invoqué en mi mente con más lágrimas aún.

Y ahora sólo puedo preguntarme si así es como será a partir de ahora, ¿así es como tendrán que ser los siguientes días?

Creo que podría soportar muchas otras cosas, pero no podría caminar a casa una vez más, sin ti.

– Miriam Gris

Prosa original de Miriam Gris.

miriamgris:

Con cada minuto que pasa me dan más ganas de huir de aquí.

No puedo encajar, ni respirar del todo bien. Estoy segura que “aquí” yo no pertenezco.

Cierro los ojos e imagino que voy en carretera; voy rumbo a cualquier lugar donde nadie pueda encontrarme. 

Quiero esconderme como lo hace el sol detrás de las montañas.

Dentro de mí siento fuego ardiendo, y lágrimas brotan sobre mis mejillas porque sé que mi destino es quedarme estancada en este lugar, al menos por ahora…

Me siento muy cansada, muy sola, muy débil. Quisiera explotar ahora mismo, convertirme en mil partículas y ser libre de todo lo que no encaja conmigo, ser libre de mí misma. Ser libre sin fin. 

— Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Inmortal.

thispagenotismyperson:

Si bien soy discreta al no mirarte mucho cuando pasas, sí congelo los dos segundos en que nuestras miradas se unen, conservo en mi mente el color, el instante.
Incluso aseguro que conozco más de lo que tu propio ser.
Sé que he jurado no volver a caer.
No dejar que cualquier amor se cuele en el corazón, ni permitir que estando ahí se vaya por mis venas combinándose con mi sangre hasta llegar a cada centímetro de mi ser y peor aun, mantenerse en mi mente. Lo jure mas bien no lo cumplí.
Asumo con total responsabilidad lo sucedido, a fin de cuentas esa esencia y manera de andar, debe ser lo tuyo.
Aquí el problema es que te he llevado más allá de los rincones de mi mente, si bien espero te guste este mundo, sino de igual manera la cuenta me has pagado. Te he vuelto inmortal. No miento, es cierto.

Inmortal, duraras lo que dure mi vida para empezar, duraras lo que duren las hojas del papel en el que tantas veces te escribí, duraras el tiempo que duren en las calles los poemas en las que sin mencionar tu nombre te describí y duraras más en la mente de las personas que alguna vez me leyeron. Mira lo que he hecho, has estado ya en la voz de otra persona y tu esencia incluso ha sido transformada. Inmortal, duraras aun mas que el mundo mismo, porque incluso la Luna sabe de ti, tu imagen le he transmitido cada noche cuando cierro los ojos y le pido estés ahí. Estarás en las estrellas que tanto me recuerdan con su brillo tu mirada. Así, por lo tanto concluyó que más daño he hecho yo a ti, volviéndote inmortal cuando tú ni quieres salir.

•••

Ale Morales | más que inmortal

Poesía original de Aluna.

miriamgris:

No sabes cuánto es que aún te amo, nadie lo sabe, ni lo diré.

Pero te amo. Sí, te amo.

Te amo cuando respiro, cuando cierro los ojos y mi cabello baila con el recuerdo de tus dedos.

Te amo. Sí, aún te amo.

Y te escribo. Sí, te escribo.

Aún después de jurar no mencionarte más, aquí estoy otra vez gastándome tu imagen en mi mente, gastándome la tinta con tu ausencia.

Estoy aquí, siendo la persona más triste, la persona más infeliz.

Todos piensan que mi mundo se ha compuesto desde tu partida, que mi fortaleza es admirable y que ya no siento nada por ti.

Todos piensan, y hablan, y juzgan. Pero nadie sabe, nadie nunca sabe nada.

Ni lo sabrán. No me escucharán invocarte otra vez, ni mis ojos se volverán a encontrar con los tuyos. La indiferencia hablará por mí y a veces me volveré ajena a la cortesía cuando se trate de ti.

Pero siempre recuerda, mi vida, que yo aquí sigo queriéndote y que al parecer mi amor no tiene fin. Que si hoy no estamos juntos, que si hoy nuestros destinos son eternamente paralelos, es porque así lo he decidido, es porque así tú lo has querido.

– Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Tormentas y tornados.

miriamgris:

Te lo he dicho mil veces, que el cielo y yo somos casi iguales… incomprensibles, llenos de nubes grises; tan estrellados; tan soleados;

tan lluviosos en el mes de Agosto…

El cielo y yo somos uno solo. A veces, también mis letras se nos juntan, y entonces, desatamos tormentas.

Pero ahora, mira bien lo que has provocado, el cielo y yo estamos por desatar un tornado.

Escucha los truenos advirtiendo lo peor. Dime si puedes sentir cómo el viento empieza a prevenirte, dime si puedes sentir cuando comience a azotar tu piel con toda su fuerza.

Esta vez no hay escape. No hay refugio. No hay nada. Porque has sido tan torpe, has sido tan tú mismo, que nos has pedido que desatemos todo lo que hemos guardado. Toda la malicia que me falta y toda la maldad que me sobra…

Encontré mis agallas mal puestas en algún cajón con telarañas, y encontré también todo el valor y la valentía que nunca tuve. Así que corre todo lo que puedas, huye y no mires atrás, porque no habrá más días de calma, no habrá más días de sol. A partir de hoy no habrá más estrellas para ti, ni luna que alumbre en tu abismo. 

Y llegó el momento, lo que tanto querías.

Ya quiero ver a qué te aferras cuando se te junten la tierra y el cielo. 

Ya quiero ver a quién te aferras, porque a partir de hoy, ya no te quiero. 

– Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Alimentando a tus parásitos

cadaveres-literarios:

Manojos de arañas brotan de su piel. Ella estira, jala, abre poco a poco su pellejo, todo negro por dentro, todo vísceras, entrañas, arañas trepando por sus costillas, anidando en su estómago, carcomiendo con veneno poco a poco, lentamente pero seguro.

De su boca escapan ciempiés. Primero uno, dos, diez, setenta-y-cinco. Negros, cafés, todos corriendo al compás de sus alaridos, de sus sollozos sofocados por otro manojo de animalejos. Vómito y ciempiés, arañas y piel.

Cucarachas escapan de la piel despellejada que ella arranca con sus uñas. Sus uñan se despegan de la carne de sus dedos, estas caen empapadas de la sangre de las cucarachas.

Sus ojos son carcomidos por gusanos que anidan en sus cuencas. Caen lágrimas saladas bañadas en dentro de heridas abiertas: sal para las heridas. Arde, quema.

Los gusanos carcomen por dentro haciéndose espacio entre nervios y músculos hasta encontrar el cerebro. Espasmos, la vista ya no le funciona. Cae al piso, sofocada, entre vómito, sangre, lágrimas y animalejos.

Solloza entre dientes, entre el caminar de los ciempiés, un gemido incesante que ni el vómito logra detener. Un padre nuestro, dos Ave Marías, rosario en mano. No es creyente pero los animalejos y las sombras que rondan su habitación son suficiente razón para rezarle a la nada.

Estallan sus oídos, el tímpano revienta y un enjambre de avispas se hace espacio entre sus orejas. Un zumbido agobiante la ensordece y exaltan a los animalejos que la rodean. Estos comen más rápido, devoran como si fuera a acabarse pronto su banquete.

Sangre, arañas, ciempiés, cucarachas, gusanos y avispas. Piel, entrañas, salivas, uñas, lágrimas y un sonido punzante, agobiante, ensordecedor. Un escozor, el escozor que solo sienten aquellos que son carcomidos en vida por todo lo que esconden dentro.

Mientras tanto las sombras la asechan; se contorsionan en las paredes, cambian conforme pasa la noche, mientras ella evoca los horrores del pasado e intenta olvidarse de las apariciones, demonios sin rostro ni nombre, todos conjurados por ella misma.

Entre las sombras y demonios inventan un juego: quien logre atormentarla más gana su tridente en el infierno. Jalan sus cabellos las negras manos de las sombras, estiran sus largos dedos cadavéricos hacia su pecho, alcanzando el corazón infestado de animalejos. Ella lo siente palpitar, rápido, incesante, a punto de reventar, los bichos intentándose escapar. Se meten bajo la piel los demonios, sudor frío y el escozor cada vez más calcinante. 

Escalofríos recorren su piel mientras ella continúa sollozando.

El festín para parásitos, insectos, animalejos hambrientos de más carne se estremece. Ella se deshace, es masticada, escupida, digerida por todo aquello que ocultaba dentro de sí. Ni gritos, ni alaridos, ni lágrimas, ni los desesperados espasmos logran detener el incesante escozor y sus alaridos. Sus intentos de empujar hacia adentro son inútiles; ni sacudiéndoselos de la piel logra deshacerse de ellos. Esconder la basura bajo el tapete de su piel ya no funciona. Nada logra matar lo que esconde. Morirá primero ella, mañana a primera hora, comida por los insectos y arácnidos, parásitos que se alimentaran de su cuerpo.

Prosa original por Aileen Martínez Soto.