¡Cómo entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,
pues con callado Pie todo lo igualas!

por Francisco de Quevedo.

Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir…

Los sonetos de la muerte: II de Gabriela Mistral (Los sonetos de la muerte).