Obscurae memoriae.

“Y la bestia siguió y no le importó, porque se alimenta de ira y rencor. Y la niña no dejo la mano de su madre, ni siquiera cuando ésta ya no estaba unida a su cuerpo”

Era en esas noches, cuando el cielo se iluminaba a ratos y a mi me acompañaba la luz de las velas, cuando lloraba por todo y por nada. Por como me sentía y porque como me gustaría sentirme. Por lo que extraño y a quien extraño, por quien era y por quien soy. Era en esos fragmentos de mi vida que me odiaba y pensaba “hoy es una linda noche para morir”. Aunque nunca en realidad he intentado suicidarme, el sentimiento me persigue pero el deseo de vivir predomina. Sufro, lloro, me rompo el corazón en pedacitos y me desgarro el alma con las uñas. Sangro, sangro mucho y en un instante todo desaparece… Y estoy yo y mi espíritu frente a mi. Quien soy y quien solía ser; una niña y una mujer. Ambas tristes, ambas inseguras, ambas rotas. Y mi yo madura intenta tocar a la otra pero es solamente un recuerdo, es como el humo que fácil desaparece y se va, y vuela… Y se va con el viento, hasta que ya no se ve.

Y entonces caigo al vacío y aterrizo en el suelo, con tal intensidad que escuchos mis rodillas quebrarse, pero no me duele. No siento nada. Empieza la lluvia, gotas gruesas y frescas. Y no puedo ver nada, todo es muy oscuro. Pero escucho gritos, mis gritos.
Veo una niña y veo otra y otra. Y todas se esconden tras el sillón y se abrazan las rodillas y lloran y lloran. Y yo no puedo alcanzarlas, no puedo levantarme. Estoy sangrando.

Escucho un disparo, y una niña cae. – Justo en el corazón, murió al instante. – La otra corre y abraza a su madre, la ultima es la mas valiente y enfrenta a la bestia. Toma un cuchillo y lo insarta, mientras llora y tiembla. La bestia no se mueve, no parece dolerle. La niña empuja el cuchillo a modo de encontrar el corazón que parece que la bestia no posee. La mira con pena y lastima y se abalanza a la madre; le desgarra el pecho hasta llegar al vientre, y la otra niña llora como enloquecida y grita y no puede dejar de ver, no puede soltar a su madre. La bestia con mas fuerza corta con esas cuchillas de la mandíbula y los gritos de la madre cesan. La niña no para de pedirle a la bestia que se detenga ni deja de sujetar la mano de aquella mujer que un dia la durmio a canciones. La niña mas valiente se acerca a la otra y le cubre los ojos, lo que una vez fue una mujer bella ya no es mas que carne viva y piel marchita.

Entonces la escena se oscurece y solo se puede escuchar la lluvia y la bestia. Y los huesos, cada uno quebrándose poco a poco. La bestia triturando y satisfaciendo su odio. Y se escucha a las niñas sollozar y puedo escuchar sus latidos y puedo escuchar los mios. Y quiero gritar y desgarrarme la garganta. Y quiero matar a la bestia, quiero partirla en miles de trozos y prenderle fuego. Pero no me puedo mover y nadie me escucha. Y mis manos se llenan de un liquido oscuro y tibio y cada vez me siento mas vacía. Hasta que caigo de nuevo, y mi cabeza rebota contra el suelo. Y la lluvia sigue cada vez mas fuerte y ya no puedo escuchar el corazón de las niñas.

Prosa original de BMAR.

Como Penélope

Jugaré sola al escondite con las náyades

de algún rio tan nostálgico como ya seco.

Perseguiré a las auroras borelaes grises.

Hoy buceo en busca de nenúfares hundidos.

Sin tejer nada, tejeré como Penélope.

Sentada en el horizonte, todo lo lejos

que me permiten mis sueños de estar contigo,

te esparé siempre desesperadamente.

Hoy buceo en busca de nenúfares hundidos

en un rio tan nostálgico como ya seco.

Anestesio al tiempo, gritaré mis suspiros.

Volved golondrinas, vuelve Ulises conmigo.

Poesía original de Ulises Bernaldo de Quirós.

Ella me beso

En aquellas tardes donde sólo se podía escuchar la brisa golpear los árboles, el murmullo de la gente al pasar y uno que otro niño llorar, allí estaba yo, metida en mis libros imaginando cómo sería vivir una de esas historias mágicas. 

Esas historias de pasión y desamor, de lujuria y carne, que sólo por las noches se les puede leer, para poder envolverse en las sábanas y recitar a una los gemidos de otros… pero  que cagada es darse cuenta que no tenés a alguien con quien compartir esas historias. 

En esas mismas tardes, en las bebíamos vino del barato y fumábamos cigarrillos, su mirada cruzó la mía y en su locura me besó sin remordimiento alguno, labios dulces y carnosos… Su piel tersa y sus ojos tan llenos de luz, nunca nadie me ha besado de la forma en la que ella lo hizo. 

Prosa original de Beratza.

Plegarias nocturnas.

A la deriva de un sueño resplandece tu recuerdo, tu silencio es el cántico nocturno del ave de paso, llega el susurro, se filtra por la rendija de la puerta, la posibilidad de un regreso, pienso en el mecanismo para detener el tiempo, sin embargo fallo una y otra vez, nada sucede.

Prosa poética original de Monica Olivares.

Arte Poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Por Jorge Luis Borges