Gota

Debo confesarte que guardaba la duda de que en tus ojos residiera el mar,

y que esa vacilación se ha evaporado al sorprenderme naufragada en la profundidad de tus aguas;
En esa prófuga gota salada que se ha desbordado y que deambula pícara por tu frente, 
para luego posarse como lluvia fresca,
en las arenas que tapizan mi piel.

Prosa poética original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.

Vestigios abandonados que navegan en solitario.

Me convertí en las deudas que nadie salda,

en la azotea vieja y olvidada,

en el colchón con los resortes afuera,

en cigarros caducados,

en calles llenas de basura,

así habito el cuerpo oxidado que nadie busca,

la chatarra triturada que se degrada cuando alguien me toca.

así me apago,

en las caricias que nunca me diste        

 (y que siempre esperaba)

Así soy

silencios prolongados

en tu mente.

Poesía original de Mónica Olivares.

el beso que busca la boca
y aterriza en la mejilla
las palabras más dulces
trituradas por el oído sordo
la caricia suave inadvertida
el gesto
siempre
vuelve
como un
boomerang
desde lo más alto  
del amor
o desde lo más hondo
de la indiferencia

Poesía original de Santiago Navarro

Amor sin fronteras.

steveyei:

Pasaba las páginas de mi libro favorito, aquel que pasé tantas noches leyendo; encontré una pequeña nota tuya con un lindo mensaje “Amor mío has de perdonar mi incapacidad para querer pero cada vez que te marchas de mi lado te extraño más que la vida que nunca he tenido" decía, sonreí igual que la primera vez que nos besamos. Por mi mente pasó tu imagen y no tuve otra opción que ir a buscarte, sólo pude adornar tu figura con un largo abrazo por tú espalda… Al llegar temblaba de nervios y sólo pude susurrar a tu oído “no habría de dejarte ni aunque la luna perdiera su brillo al caer la noche, me enamoré de ti como lo hubiese hecho cualquier persona, perdiendo la cordura con lo dulce de tu mirar"

S.Suárez

Ayer… Hoy (Parte II)

Hoy, por fin, el anochecer cayó en mis redes…
Ya nunca tengo demasiadas ganas de pensar.

Tomé un poco de viento entre mis manos;
tan cálido, tan sólido, tan vivo, tan inflamado de versos…

Tan real.

Hace veinte años, también todo era real…

Lo eran las ganas de vivir,
de conocerla a “ella”,
y de ser un hombre fuerte
que la pudiera sostener sobre los hombros
si me necesitaba.

Eran destellos ambiciosos
que me partían los ojos por la mitad;
destellos que rumiaba en plenitud
mientras el atardecer templaba estas montañas…

Pero las cosas no salieron bien;
y atrás no he dejado más que un reguero de pétalos torcidos.

Recuerdos que tosen sangre;
proyectos muertos en los que me dejé la espalda,
y que navegan por mis ojos
como fuegos fatuos
cuando alguien me habla y parece que no escucho.

Aquél hombre decreció
hasta convertirse en un adicto al dolor,
con tanto miedo de la muerte que no vive.

Soy todo lo contrario a lo que quise darte…
una versión desfigurada y tóxica
de lo que siempre quise ser…

Y tengo que cambiar.

Poesía original de Eros Ignem.

Primavera Contigo

No era una mañana como las otras. El calor corporal era más tibio, y sin embargo el clima había cambiado y todo comenzaba a ser más frío que el de hace una semana atrás. Un cuerpo desnudo, postrado a mi lado se acurrucaba plácidamente en mi pecho. Sus anteojos estaban colocados en la mesa de noche, al lado derecho de la cama. No me había percatado que sus ojos eran de color cafés claro. Su pelo castaño largo cubría parte de mi hombro y mi almohada. Recordaba haberme perdido en su cabellera unas horas antes. 

Estaba exhausto. Una noche de placeres y desenfrenos se convirtió en un amanecer de besos y viajes interespaciales al fondo de un universo desconocido. A pesar de ello, había dormido como un niño, y era preciso preparar el café matutino. 

Mientras abría la bolsa de granos tostados, el olor a café antigueño se esparcía por toda la cocina y pensaba -¿después del café, que pasará?-.Quiero decir, la quería pero a penas la conocía por una fracción de meses, días, horas y segundos; y para mi, aún era una pequeña extraña. La quiero, de veras la quiero, como para estar con ella, pero yo no sabría si ella quería lo mismo. 

El silencio se vio interrumpido cuando ella jaló la palanca del inodoro y el agua desaparecía sutilmente ante sus ojos color cafés. Miraba de reojo por un espejo colgado en el pasillo que conduce a la recamara. Vi que permanecía desnuda y buscaba una camisa para taparse del frío. Tomo una playera negra de AC/DC, una camisa color jeans, y sus bragas de encaje negro. Luego, encendió la radio y cantaba sutilmente los versos y susurros de una canción de antaño. 

Después de un par de huevos con jamón preparados al momento, me dispuse a servir la mesa. Pensaba en la catarsis de mi mente y mi ser al momento de conocerla, y ello me incitaba a ser una mejor persona (por lo menos, intentarlo). Ella me saludo tranquilamente y beso mi mejilla. Pensé en besarle en la boca pero preferí servirle una taza con café y preguntarle por la cantidad de azúcar que deseaba. -”sin azúcar querido, lo quiero amargo”-me dijo y continúe preparando la mesa. 

Tranquilamente se sentó en el sofá y le pase los panes tostados. Moví todos los utensilios a la sala y comí en el piso con ella. Hablamos y hablamos, de política de dos seres extraños, de arte, de libros que conmueven y deliran a la mente, y algún recuerdo probablemente olvidado. Cada vez que ella sonreía descubría mi necesidad por ella y eso era fatal, a mi parecer, en ese preciso instante. 

Veía sus ojos radiantes cuando hablábamos de Cortázar y de la poesía de Neruda. Vivía su brillo, su pasión por la vida. No quería que se fuera del apartamento, y eso también era fatal, “en ese preciso momento”. 

Después de tres tazas y dos horas después nos levantamos, ella se cepilló los dientes y yo lavé los platos. La miraba caminar de un lado a otro, sin rumbo ni dirección, sin un plan específico. Quería decirle que se quedara, pero no sabía si ella diría que si. Seque los platos y al momento de voltearme, ella esta ahi, quieta, parada, con su pelo recogido y con los ojos llorozos. 

-¿Qué pasa?, ¿te sientes bien?- le pregunté. No sabía la gravedad de las circunstancias y el temor me embriagaba, porque no sabía si esta situación me alejaría de ella. -¡Quiero, quiero…. quiero…! Pero no pudo terminar su frase. ¿Que hacer? porque no sabía si todo era culpa mía. Simplemente la abracé y le dije que todo estaría bien. ¿porqué dije eso? no lo sé, de verás, no lo sé. De repente ella empezó a balbucear un grupo de palabras indescifrables, pero escuché pacientemente para encontrar alguna pista, y de repente grito: -¡No quiero irme, quiero amanecer contigo todos los días, quiero que nuestra primavera sea eterna pero tengo miedo. Miedo del verano que seca el alma, el sentimiento; del invierno que congela las camas y los cuerpos. Quiero una primavera eterna contigo! –

Quede atónito. No sabía como responder a tal descubrimiento, porque afirmar algo sin eterna convicción o seguridad no era justo. La quería, pero valía hacer un gran intento por amarla. lo valía. La tome de los hombros suavemente y le hablé, mirándola directamente a los ojos y dije sin titubear: -No te puedo prometer que el amor siempre sea primavera, pero si eterna. Pero te digo que cuando el verano venga, refrescaré tu alma con abrazos y paciencia; Cuando el invierno nos trate de congelar, beberemos chocolate caliente con la dulzura de nuestra compañía y la empatía mutua. Barreremos las impurezas de un otoño y disfrutaremos de la vejez juntos, con el aire que refresca nuestra relación para que cuando la primavera florezca, no piense en irse a ninguna parte de este basto mundo.-

Sonrió, me beso y nos hicimos nuestros. 

El tiempo ha pasado. La primavera continúa después de meses prolongados y ahora las mañanas no son las mismas de un año atrás. Ahora despierto con el mismo café de siempre, pero sirvo dos tazas sin azúcar…

Cuento corto original de Manuel Mendez.

Cáncer de Luna III

Dicen que aquellas emociones tan eléctricas
son tan sólo un vértigo propio de la edad adolescente…
para ti fueron mucho más: salvajes decepciones
que aún candelan de tus labios
como tormentas oxidadas;
como rocíos gangrenados.

A veces, una buena dosis de sedantes
amortigua la caída,
porque dejas de pensar
y por tu mente babea un arco iris;
otras, te dejas llevar por el alcohol,
la cocaína o cualquier mierda que te metas,
sustancias que a la vez te elevan
que te entierran
y que te buscan amigos pero no amistad.

Por eso sigues extrañándote,
cuando tú te lo has buscado:
pensabas que tu adiós no sería digerible
en sus conciencias,
creíste que les castigabas
si pasabas un tiempo entre los muertos,
si marchabas a las cavidades
más oscuras de las nubes,
si no podían encontrarte.

Ya te habían traicionado una vez,
y no les importó diluírte poco a poco,
aplastarte contra los umbrales apagados de un olvido
que a veces impone su sentencia en injusta democracia.
Te mermaron las habladurías deshonestas
de aquellos que nacieron con los labios infernados,
con la lengua llena de volcanes y cristales rotos.

Entre todo y entre todos
consiguieron funerarte antes de tiempo…

… Y al final, te plantas en los treinta
con el alma llena de moho;
las pupilas troceadas,
perfiladas de carroña;
a solas con tus pasiones carnívoras,
presa del peor dolor posible:
aquel que causa más vergüenza que tristeza.

Eran personas. Son recuerdos.
Eras persona. Ya no eres nada.

Poesía original de Eros Ignem.

Donde hay grietas planto semillas

Qué prisa, qué desazón
la de los amantes en las paradas de autobuses
en los portales, en los aeropuertos
Sacuden en todos el ansía de poseer
el estúpido e intenso estado de caer
en redes que parecen eternas, vertiginosas, exclusivas.
¡Cómo iba a pensar yo en el descenso!
Si estaba cegada por soles espléndidos
En mí no cabían ya tantas soledades, sólo la intrínseca
la de siempre, mi gemela malvada.
Qué íntimo ese último beso
qué mirones inoportunos
Esa calidez nos toca de lejos, como el alma que deja el cuerpo
y dice un último adiós.
Todos tenemos ese adiós accidentado
Tan interno para siempre.

Has dejado semillas en mi estómago
de petunias, margaritas y rosas
crecerán por mi garganta
florecerán en mi boca.

Poesía original de Soraya Oliva

Plutón

Bajo la luna, sobre la brisa, cae una pluma
que en vez de caer parece volar,
en vez de volar danzar
y que deja una estela detrás de sí que cuenta historias;
historias que como plumas pueden danzar,
volar sobre la brisa como cayendo bajo la luna.

El aire huele a miel, huele a vainilla,
huele a picante.
El aire huele a sal, huele a arena,
a Mar y a hierbabuena.

Los colores pintan fuegos que se sientan en la playa,
a hablar de canciones, de soles, de paisajes,
y que bajo su peso, en la arenisca, dejan huella.

Y la brisa aparece nuevamente,
despeinando los cabellos de los fuegos
y obligando a esa pluma distraída que baila alegremente
a que regrese a su casa,
no sin antes cumplir la tarea encomendada:
La luna le envía al sol sus saludos en un sobre que ha sellado con beso.

“Saludos respetuosos señor Sol,
muchas gracias por los días de calor.
Por la luz, por las sonrisas, por las flores.
Por los árboles de frutos coloridos
(¡El maracuyá sin dudar mi preferido!).
Le recuerdo que cuenta usted conmigo
para reflejar su luz en las noches más oscuras.
Y le dejo aquí un secreto que me tenía escondido:
Yo le quiero hasta la esquina más oscura de Plutón”.

Cuento corto original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.