No soy tu enemiga. Camino en dirección opuesta latiendo a tu ritmo sin entender siquiera la razón que unifica el compás. Deseando lo mismo que tú, pero con la suficiente valentía para admitir cualquier eventual fracaso.

No estamos en una balanza. Donde el que suma peso hace rasgar el suelo a un contendor imaginario. Somos fantasmas alineándose, esclavos de una dicotomía en sus afectos, donde una parte de nosotros, una débil, intenta posicionarse para alcanzarse en las sombras. Mientras la otra – irracional, impulsiva, iracunda y poderosa – busca en vano dar señales del triunfo en su batalla. Una batalla que libra a solas, con sus fantasmas.

No soy antónimo, no soy ironía, no soy la sonrisa macabra haciendo alarde de tu caída. Soy el camino paralelo forjándose en sus maneras, tentando al deseo soberano a morir de una vez; llevando el mismo paso aletargado de tus pies y el mismo peso repartido en tus hombros.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Alcanzo un impulso, un vestigio de la verdad. Mi salida al mundo, la tuya que es lo mismo pero no se condice. Recopilo mi propia base de información ante la injusticia; intento en vano que mis pisadas en el asfalto aplasten tu devastadora inmadurez emocional… somos un engranaje que va acrecentándose con decisiones apresuradas y un amor que de tanto contenerse rebalsa en furia. Tuvimos una peculiar fortuna y castigo al conocer el amor verdadero en la más cruel de sus dimensiones.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Quiero sentir miedo. ¿Por qué nunca conocí el miedo? Ni miedo a perderte, ni miedo a la soledad, ni miedo al fin del sueño, ni miedo a la muerte, ni miedo al dolor o a lo desconocido. Mientras más razones existan, más me inunda la arrogancia y la negativa a la emoción. Tomé la carretera inconsciente de a dónde me dirigiría y terminé en el mismo sitio donde te encontraré siempre… todos los días tienen sol. Entonces recuerdo porque no almaceno ni un solo recuerdo tuyo en un día de frío, de lluvia. Eres un tesoro insalvable. Sigo extendiendo mi mano y tu desciendes vertiginosamente sin ánimo alguno de sobrevivir. Conozco cada emoción furtiva, cada pensamiento arrepintiéndose de existir, cada momento en que tu mente bloquea la profundidad de sus necesidades. Miro hacia el cielo y rezo por ti. Rezo a nadie, rezo a la nada.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Y he llegado a pensar, que vivir el ritmo de mi fantasía ha de ser muy complejo. Que seguramente todos conviven con la necesidad de estar haciendo siempre algo que les mantenga ocupados, más no pensando. Que el exterior, tarde o temprano, les exigirá algo distinto. He llegado a pensar que adentrarse en este mundo interno debe ser un suplicio placentero, el antídoto y el veneno en un mismo universo. ¿A quién puedo obligar a postergar el aterrizaje si no es a mi misma? ¿A quién puedo pedirle que comparta el instante preciso, el momento adecuado, si ese momento es constante y eterno?

Dicen que es insoportable el exceso de felicidad, que no se puede estar siempre al filo y arrastrando veleros contra el viento. Dicen que no se puede vivir así. Encapsulen mi desidia hacia la rutina, aíslen los viajes de mi imaginación y los esfuerzos de mi mente por anclar la fantasía a la orilla de todos y cada uno de mis puertos.

Déjenme sola y segura, construyendo esquemas paralelos, pero jamás me pidan que ame su realidad.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Apenas te conozco y ya te has abierto el pecho y regado tu interior sobre la mesa. No me cuides, no me protejas; asegúrate tú de estar dispuesto a vivir a salvo en la locura. Consciente a suficiencia de amar mis peligros y mi fuerza, mi tozudez y mi alegría frenética. Ni adelante, ni detrás, siempre estaré dispuesta a compasar el ritmo de nuestros pasos.

No busques impresionarme, no contengas cada una de las cosas que has traído para enseñarme. No sé como ni cuando, me encontré con tus demonios y les dije, segura, que estaba dispuesta a abrirles mis brazos.

Prosa poética original de Palabras Infertiles.

En la ducha

Míranos aquí contenidos en este rincón de húmedos gemidos,

Encapsulados en besos mojados que recorren nuestros cuerpos enamorados.

Míranos aquí abrazados entre pasiones de suspiros tibios,

Extasiados en mordiscos acalorados donde nuestras lenguas coquetean de lado a lado.

Mírame a los ojos fijamente y clávame tus pupilas en este instante,

Siente esta boca roja que en tu entrepierna se vuelve bien loca.

Mírame a los ojos fijamente y acaríciame el pelo con ganas ardientes,

Siente mi lengua revoltosa que en tu sexo se convierte en prosa.

Mientras el agua de nuestros cuerpos se evapora en la ducha,

En tus pecas y lunares voy descubriendo que pasión hay mucha.

Y me encuentro inmerso en la divinidad de tus senos,

Esos en donde mis labios se transforman en prisioneros.

Quiero entrar en ti para vibrar en una melodía dulce y pura,

Y que tus piernas se exciten en tiritones de ternura.

Quiero entrar en ti para respirar en tu cintura,

Y que nuestras pieles sean testigo de una ducha como ninguna.

Poesía original de Megarius.

Ven, fuma un cigarro conmigo. Te contaré de todos los lugares que no has visitado. Seré insolente, te diré que no lo has hecho simplemente por no haberlos contemplado a través de mis ojos.

Ven, puedo hablarte de las diferencias entre un punto seguido y un punto final. De la distinción entre soledad y autosuficiencia, entre el amor propio y el orgullo; entre la ira que nubla la visión y la complacencia. Conozco todas las delgadas líneas, suelo caminar con habilidad y todo el tiempo sobre ellas.

Ven, quiero hacerte sonreír. Tengo una manera peculiar de alabar exacerbadamente los defectos y comprender el mundo de fragilidades que se esconde tras murallas, en apariencia, impenetrables. Soy dócil frente a los corazones endebles y abiertos, insistente frente a la mentira reiterada de unos ojos implacables, adiós insalvable frente a la crudeza del egoísmo.

Te prometo que guardo mil y una justificaciones para tus errores conscientes. Sin embargo, albergo mil reproches frente al cansancio de vivir y la rendición apresurada.

Ven, no vas a ahogarte. Tengo un juego nuevo y mil experiencias que narrarte; tengo un beso comprensivo y una disculpa a flor de labios cada vez que mis defectos se vuelvan insorteables.

Tengo una dualidad concentrada en mi interior dispuesta a abrirte los ojos a un mundo que te ha esperado desde siempre. Yo puedo contarte cuantos paisajes disímiles puede albergar un mismo día y cuantas ilimitadas manías serán el pináculo de tu rutina. Las tuyas, las nuestras, las del futuro que impaciente nos espera.

… Yo quiero que el mito sea realidad, que la fábula nos vuelva protagonistas. Yo quiero ser el ‘desde siempre’ de tu vida.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Vos

Estas calles indiscretas nos miran. Parpadeo. Bares, clubes, putas, avenidas, bibliotecas, todas susurran tu voz. Ese eco de tus palabras. ¿Recuerdas cuando vos decías que volabas y corrías con la blusa de cuadros levantada como que en forma de alas? Recorría a la idea de tu libertad.

Vos me inyectaste con esperanza, esa idea de amores y que más cosas. Caminaba por la calle gris y pensaba en tu rutina diaria. Recuerdo que vos no parabas de leer medicina (o no sé cómo le llamas a tus asignaturas universitarias) y yo pensaba que lo que necesitabas al día siguiente era una buena dosis de cafeína. Amaba verte con el espresso  y me enamoraba verte tan ansiosa y eléctrica. Amar un poquito más de vos.

Vos tenes un “no sé qué”, que no puedo explicar.  Vos tenes un nudo de cosas que ame y odie, pero a la vez ame más. Eso de los defectos, era tu mayor virtud.

Cara de niña, letras de adulta, indiferente, indecisa y a veces consciente de lo que querías. Aún espero una respuesta a mi pregunta, a mi más grande deseo, eso de tenerte a vos junto a mi cuerpo por el resto de nuestros tiempos.

Estas calles son muy anchas, muy largas sin vos. Son tan grises, tan vacías, daltónico del alma sin tu presencia.  Tu alma llenaba estadios enteros, anhelos aparentemente utópicos, erótica, pasiva, alegre, reprimida; todo aquello que mi mente no se cansaba de ver ni mucho menos pensar.

Rareza al cien por ciento, depresión sin dolor, amor sin sexo, Oliveira sin la maga, abrazo sin calor. Es aquello que ilógicamente es lógico, que el orden desordena los sentimientos. Quiero, puedo, envidio a la luna que alumbra tu cuerpo por las noches y lo baña con luz propia.

Esa catarsis, esa concepción de ideas, ebrio por tus besos. Vos, me mirabas indiferente y yo, con los ojos por fuera. Vaya gracia, vaya desapego del orgullo. Tan solo quererte, hermosa, tan solo por quererte.

Camino y reparo en mi deseo. Una noche, nuestros cuerpos amalgamados, nuestras almas yuxtapuestas en un juego de niños y de amantes, renacerán en un solo elemento. Seremos dueños del todo y de la nada. Vos sos mi musa, mi todo. Te espero en mi vida, pronto…

Prosa poética original de Manumdez.