Poesía original de Falacia Facial.
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La fuerza del débil.
Ni la mayor de mis tensiones, ni el mayor de mis temores hacen palpitar tan fuerte, tan rápido, tan duro mi corazón como el verte un instante a los ojos, y besarte para siempre, sin tocarte. El imaginarte aquí a mi lado, opaca por completo todo lo malo, todos los demonios que viven en mi interior se arrodillan ante ti, todas las sensaciones de tortura se llenan de amor, cada que pienso en ti. Todo se hace inmortal en tan sólo un segundo, podría acabar justo ahora, y es la belleza de que nunca volverá a pasar lo que lo hace único, lo vuelve inmortal. Ódienos y envídienos quiénes nos maldicen, pues nos verán acabar, porque somos frágiles, somos vidrio y somos papel y caeremos, caeremos en el pozo más oscuro y profundo, quizás, pero ámennos sólo nosotros, pues no necesitamos más de un segundo para enamorarnos, porque somos humanos, y nunca seremos de hierro ni acero, ni de ninguna cosa que no sea capaz de sentir.
Prosa poética original de Dante Vasách.
ASÍ CONOCÍ A UNA MUJER LLAMADA AGONÍA
No estoy seguro si fue real o no; si fue producto del constante desvelo de la semana, del mes, de la vida o por simple sugestión, no sé si alucinaba o alguien jugaba con las cortinas, que se movían serpenteantes en cuanto les ponía encima mi atenta mirada.
Hice una promesa: ver la luna antes de dormir.
Supuestamente era sumamente bella esa noche.
Antes de acostarme me dispuse a ver al cuerpo en la bóveda celeste, pero desde mi cómplice ventana no se apreciaba absolutamente nada más que oscuridad. Suspiré indignado sobre el vidrio de la ventana, el cual se empañó. Con mi dedo índice izquierdo dibujé la luna en ese cielo vacío.
Comencé a caminar de la ventana a mi cama, pero poco a poco, la luna que había creado comenzó a emitir luz propia, una luz que no se puede ver con simples ojos mortales. Voltee a verla y me acerqué de nuevo a la ventana, era una luz muy fuerte y cegadora, envolvente pero fría y llena de confusión.
No temí, pero me inquietó el hecho de sentir como toda mi energía (o la poca que quedaba) fue drenada de golpe, mi vista se nubló y perdí el equilibrio, veía las cortinas moverse solas, como serpientes sobre el agua; veía la luces de otras casas como grandes llamaradas; sudaba frío. Inmediatamente y como pude, junté fuerzas para levantar el brazo y borré la luna de mi ventana, ya estaba fatigado; sin embargo, eso hizo que alguien arribara a mis pensamientos que solo necesitaban dormir, una mujer en la que logro distinguir al yo de hace unos años. La vi y de inmediato le pregunté:
— Hay algo que no está bien ¿cierto?
— ¡Nada está bien! – Contestó de forma abrupta con un tono de voz fastidiado y rasgado.
Un vendaval sumamente frío llegó directo a mi ventana, golpeando y desgarrando mi pecho y rostro como si fuesen filosas navajas; ese viento me causó un malestar increíblemente grande, aunado a mi falta de vitalidad me impidió cerrar la ventana y caminar normalmente hacia mi cama, las piernas me temblaban, veía figuras en la penumbra de mi habitación, olía a azufre, escuchaba un profundo pitido en mi oído derecho. Estaba perfectamente consciente de la agonía.
Después del pequeño esfuerzo llegué a mi cama y me recosté lentamente boca arriba, sin embargo no me había percatado que ella estaba ahí, esperándome. Al darme cuenta de su presencia se acercó rápida y provocativamente a mi oído con un exhalar muy tibio, mientras tomaba mi brazo derecho entre los suyos y lo presionaba contra su frío pecho, preguntándome:
— Hay algo que no está bien ¿cierto?
— Nada está bien… – Le contesté con voz quejumbrosa y con las pocas fuerzas que me quedaban.
Ella sonrió. Apoyó su cabeza sobre mi brazo, se disipó en el aire y entró a mis pulmones, quitándome la respiración y enfriando mi cuerpo.
Me estaba muriendo.
Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.
Reflejo
Estoy frente a un espejo, y mi reflejo no hace lo que yo hago.
Mi reflejo no sonríe, no tiene luz en sus ojos, no es feliz. Yo me siento feliz. ¿Estaré volviéndome loco? ¿O acaso estoy frente a un fantasma?
Mi reflejo es triste, no esboza sonrisa, está estático, pero en cambio yo sé que estoy sonriendo. ¿Qué está pasando?
De repente mi ‘’reflejo’’ habla y me dice algo que me hace llorar: -No soy tu reflejo, soy tu alma.
Ya comprendo todo.
Prosa poética original de Ángel Patiño.
Saliendo de dudas
35 años, 2 de divorciado: “Tal vez me estoy perdiendo de algo bueno”, divago su liberal mentalidad de sureño. Decidió averiguarlo esa misma noche y se quedo hasta el cierre del bar. Su jefe, que siempre lo observo con afán, le sirvió una copa.
“Besos y abrazos no quitan pedazos”, se repetía mientras hundía su lengua en la boca de su jefe. En pleno grado 2 se dio cuenta que no sentía nada, ni asco ni placer. Pidió disculpas y se retiro.
Tirado en su cama de soltero se masturbo pensando en su vecina, se durmió. Despertó feliz.
Prosa original de Psychofinger.
“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.
“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.
“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.
“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.
“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.
“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.
“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.
“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.
“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.
“La calma” de un domingo por la mañana.
Prosa original de Psychofinger.
Tengo…
“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.
“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.
“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.
“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.
“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.
“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.
“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.
“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.
“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.
“La calma” de un domingo por la mañana.
Prosa original de Psychofinger.
Voy en bicicleta a almorzar a la playa. Tomo la ciclovia de Avda del mar en dirección al sur. 50 metros, levanto la cabeza y la rubia que va delante mío, y que calza unas calzas que contienen un culo monumental, no tiene empacho alguno, en detenerse para acomodarse la ropa interior que trae puesta.
Delite de los automóvilistas que tocan la bocina, de los runners que aminoran el paso, de los obreros que atorados no pueden pronunciar piropo alguno y de un perro negro, chico y flaco que se languetea pensando en lo delicioso que debe se saber ese monumental pedazo de carne.
Mi tiempo es escaso, mi comida se enfría y el hambre es intensa.
La rubia sigue su camino y yo me instalo en una banca vista al mar. El perro negro, chico y flaco me mueve la cola. Yo lo invito a almorzar.
Prosa original de Psychofinger.
Loca
“Loca, libre, frágil y fuerte
así disfruto verte
Es por eso que no estoy acá para convencerte
de que a mi lado esta tu suerte
Me queda confiar en ese caos
que me llevo a conocerte
Si tu libertad y la mía se cruzan nuevamente
te invitaría a enredarte en mi locura
y así poder conocer la tuya…”
Poesía original por Esos demonios.
Cuatro y media de la mañana, piso 11, torre 2, hace media hora que te observo en silencio mientras me fumo un cigarro, Los prisioneros cuentan sus verdades en el estero y la ciudad, la ciudad duerme.
No conozco tus motivos, tampoco me importan, pero seguramente, colgado allí, en la cara poniente del edificio, te sientes más tranquilo que nunca.
Esa miserable vida que llevabas, llena de sufrimiento, soledad y desapego, muy parecida a la mía, termino. No he querido llamar a la policía, para no interrumpirte, luces tan tranquilo, meciéndote suavemente con la brisa marina, que ha esta hora de la madrugada, silba por entre los recovecos de las ventanas.
Cuando se den cuenta y lleguen todos, comenzaras a estar muerto, ahora, mientras pendes de tu cinturón a 27 metros del suelo aun estas vivo, o al menos eso creen todos tus cercanos lejanos, tu muerte comenzara cuando todo se enteren, por mientras sigue ahí querido amigo desconocido, disfrutando de tu valentía y de tu arrojo.
Prosa original de Psychofinger.
