
No escribo letras gratis para desconocidos porque así es como terminan muriéndose de hambre los escritores.
Es como los artistas, de esos que dibujan lo que yo jamás podré porque a) no tengo paciencia y b) no tengo paciencia. De esos a los que derepente les llegan desconocidos pidiéndoles que hagan bocetos y obras de arte de su cuerpo, de su novia, de su novio, de su perro, de su gato, de su tío Cuquito que te tira los canes (y si lo dejas, los calzones) y ya está más pa’ allá que pa’ acá. ¿Y luego? ¿Todo para qué? Para un “Gracias” y una cara medio torcida como diciendote “No mames, ¿que es esta chingadera? No quería surrealismo.”
O puedes terminar tantito peor, como Jack. “Draw me like one of your French girls” le dijo Rose a Jack y el pobre terminó más pobre y luego muerto. ¿Quién me garantiza que ese no es mi destino si depronto ando regalando bocetos de tinta y letras para nenas pelirrojas, ojos color “popó”?
Mejor dile a tu nena que si ella gusta, nos podemos conocer las dos para ver si estando en la platica sale una musa y le escribo un poema para ella; pero en vez de sus ojos color “popó” le escribo acerca de como su cabellera me recuerda al rojo de los amaneceres rojo sangre de por mis rumbos y que sus ojos me hacen querer compartir con ella el café de las mañanas mientras nos escondemos del frío debajo de su abrigo.
Si accede, quizás tenga un poema listo para ella, pero no prometo dártelo para hacerlo pasar por tus letras.
