Querida Musa

Recuerdo cuando te conocí.

Era solo un niño, estaba leyendo algo que no entendía completamente (Algún Salinger o bukowski) mientras todos jugaban yo era un elemento libre en ese microcosmos que puede llegar a ser un patio lleno de niños cuando te vi venir, tu cabello era negro y tú mirada demasiado inteligente para esa edad.

“Si sigues leyendo nunca harás amigos” Dijiste, Era primera vez que te escuchaba, pero bastante que te había visto.

“Aquí tengo los que necesito” Te dije señalando a mi libro. Tú sonreíste y eso fue suficiente, así comenzó todo.

Recuerdo las horas que pasamos hablando de nuestros escritores favoritos, de su talento, de lo grandioso que sería ver mi trabajo o el tuyo publicado y siendo leído por miles o por unos cuantos, con eso bastaba.

Pero luego te fuiste alejando, yo estaba ahí inerte, como suspendido en el espacio mientras tu orbitabas en torno a algo desconocido para mi.

Son incontables las horas que he pasado esperándote, no recuerdo cuando pero decidí que si no podía verte comenzaría a escribir acerca de ti.

Nos hemos vuelto a ver, debes recordarlo. Quiero que sepas que en esas cortas conversaciones que manteníamos acerca de nada, cuando tu decías “Que bueno volver a verte” yo moría por decir “he pensado en ti cada día del año.”

Los años han pasado y he mantenido el asiento del copiloto desocupado (Literal y metafóricamente) esperando encontrarte en la próxima curva, no se como vivir de otra manera, no se si quiero hacerlo.

Hasta entonces, seguiré escribiendo esperando que un día lo leas y entiendas todo lo que nunca dije.

Nunca tuyo,
DV

Prosa original de David Valdez.

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