Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Etiqueta: Fragmento
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
Anoche murió mi abuelo, no murió como un perro, como el temía. Sino plácidamente en mis brazos. Confundiendome a ratos con Clara y a ratos con Rosa.
¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reirme tanto…
Quiero morir. No muero.
No me muero. Tal vez
tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
tanto olvido, rechazos,
tantos dioses que huyeron con palabras queridas
no me dejan morir definitivamente.
Aceptemos el día como día
y la noche como noche,
pasando por el tiempo
con la espalda recta y los ojos secos;
porque la mente no es dueña de la vida
y los deseos no son las leyes:
hay que acatar la moral y el orden,
revestirnos de una sonrisa de bolsillo,
apretarnos el corazón en un puño
y aceptar el sacrificio.
Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas
que por ríos y por montes te robé, enternecida.
¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
En que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
El corazón inmóvil como la llama fría?
El me besó en la boca, y le entregué rendido
mi cuerpo frágil, dulce, deseoso y extenuado….
¡Oh reposo indecible después de lo pasado!
¡Oh delicia inefable después de lo sufrido!
¿Sabes todas las cosas palpitantes,
inanimadas, claras, tenebrosas,
dulces, horrendas, juntas o distantes,
que pueden ser tus ojos?…
