La casa cruje como un cascarón de huevo abriéndose entre tus manos. Como las alas de una paloma muerta en lo alto del librero, que descubro limpiando después de meses Donde también encuentro una fotografía nuestra que olvidaste.
Tic…tac…tic…tac…
suena aquel viejo reloj situado al fondo del largo pasillo, la cera de la
apenas visible vela cae derretida lentamente para chocar congelada contra el
piso de madera que cruje por el frio.
Tic…tac…tic… vuelvo a escuchar sonar
las manecillas, pero se detienen faltando una nota la cual descubro acompañada
en un cuarteto del piano desafinado que se mantiene empolvado en la siguiente
sala completando así la canción de esta noche moribunda.
Tic…tac…tic…tac… una maldita vez más
y siento como mis oídos cansados están de aquel repetido sonido, mis ojos arden
en intentos de querer mirar en esta oscuridad, mis manos han perforado ya mi
camisón de seda y rasgado parte de mi pecho. Tic…tac… ¡mi garganta estalla!
grito solemne en lamentos de paz y siento un charco de lágrimas consumadas en
mi boca ahogando hasta el más mínimo de mis auxilios, lloran mis ojos y se
desangra mi pecho, mis dedos han perdido sus uñas al rasgar la carne de mis
clavículas, dejando a la vista el blanquecino hueso.
La oscuridad de esta habitación cae sobre mi cuerpo, a lo lejos observo al
culpable de mi juicio, me mira con sus ojos en delirio y sus labios excitados
en las sombras se relamen los restos de alguna otra víctima, ahora ríe y
comienza a arrastrarse por el suelo bañando con mi líquido carmesí su fúnebre
cuerpo. Antes de volver a verlo de cerca, interrumpen a lo lejos voces que no
reconozco –¡Asesina! ¡Asesina! –¡Castigadla Dios, no tengáis piedad con ella!–
Rugen
hipócritas sus plegarias y aves marías, en cada oración las telas de mi cama
comienzan a mudarse en telas rígidas y espinadas, el reloj ha desaparecido con
el eco de las voces, el frio se ha quedado dormido y la oscuridad comienza a
atenuarse, la rigidez en donde mi cuerpo yacía se transforma en terciopelo
satinado.
En la habitación ahora reina un
silencio exquisito, mi cuerpo dejo de sufrir y mis ojos podían ver con claridad
el rojo quemado de paredes que mi memoria desconocía. Voltee hacia arriba, mis
pupilas quedaron obsoletas al verme reflejada en aquel espejo colocado en el
techo, ni siquiera el sonido nostálgico de un violín como fondo me pudo apartar
de aquella visión.
Aquella bella visión, su cuerpo
tiene una contextura delicada, ojos grisáceos profundizando mis cavilaciones,
piel pálida, cabellos negros como el ala de un cuervo. Sus manos se extendieron
como olas por mi vientre, lirios bailando entre ríos, escucho aves cantando
liricas angelicales y campos floreciendo en inviernos muertos, sus labios me
invitan cual Eva a probar de la manzana… en silencio, penetra, recorre mis
tierras, su semblante frio, ángel caído,
partido, la cuna, mi carne… el hijo.
-¡Bendecid al niño Dios!- Escucho y
se agrieta el espejo, bajo la mirada, se esfuma la estampa de aquel hombre
bello, aparecen por el contrario dos cuernos, cabeza de cabrío, manos humanas,
escamas en vientre y plumas que suben hasta su pecho, grito aterrada y retumba
mi chillido en sus ojos, se marcha con una mueca sardónica, impulso a mi cuerpo
a moverse y escucho de nuevo en un coro pérfido -¡BRUJA!-, volteo acobardada buscando las voces, a cambio el espejo cae
tumultuoso en una nueva oscuridad donde siento como se incrustan pedazos del
mismo entre mis piernas.
En
mi mente imagino mi sangre pecaminosa vertida cual vino en la copa sagrada y mi
carne cual ostia en la lengua del incocente, mi cuerpo es el festín de la
ultima cena, mientras el padre salpica agua bendita y la muchedumbre escupe
desprecio en mi cuerpo, hay un olor pútrido, mi respiración se consterna, abro
los ojos…
Vuelvo a la realidad y observo como
no eran mis dedos los que rasgaban mi piel, sino el fuego consumado de esta
hoguera donde estoy , tampoco eran pedazos de espejos en mis piernas sino
grabados a fuego punzante en mi piel de sus sagradas cruces y el olor pútrido
era desprendido de mi carne ensangrentada, quemada, curtida; mis manos tienen
hoyuelos, me han dejado tirada cual abominación avergonzada sobre sus propios
pecados, me han culpado de servirle a Lucifer, a la bestia que tanto temen, al
demonio del cual se esconden entre sus credos, al Ángel Caído que no quiso
servirle a su Dios, pero para su buena y dócil suerte ninguno ha visto lo que
han salvado y como vuestro señor es misericordioso, todos los presentes que me
han mutilado, quemado y juzgado por querer regresar a aquel ser maligno a las
llamas ¡Van a escucharme gritar desde
esta montaña de madera y cenizas! ¡Van a ser testigos que su Dios existe al
mirarme sufrir por servirle de progenitora a Lucifer!…
Lo lleva envuelto en una manta
blanca, está sollozando, tiene la piel roja por el frio, lo arrulla entre sus
brazos para calmarlo. Carga inocente a quien nació de un amor profano, (tan
profano que él mismo querría arrojarlo a las llamas) sus suelas levantan
partículas de mi propia carne, fue señal
para mostrar mi arrepentimiento entonces grite el dolor que había guardado mientras
sus llamas y plegarias atentaban contra mis actos inhumanos, grite como el ser
despreciable que era para ellos, pedí perdón a su gran Dios con el sufrimiento
más sarcástico y por ultimo reí, no obstante el padre acercó a mi hijo y dibujo
una cruz en mi rostro y proclamo las siguientes palabras :
“Que vuestro señor os perdone por querer
entregar a vuestro inocente fruto a las llamas de Lucifer como ofrenda para
mantener su vínculo, Señora Salem vaya con Dios “
Había pasado tiempo para que alguien
volviese a decir mi nombre, pero en su voz escuche misoginia, marcho victorioso,
como todos los que había presenciado mi castigo, mi mente deambulo en rencor,
si algo había aprendido de ellos era a clasificar a los personajes malévolos de
la biblia entonces mi boca comenzó a cubrirse de sangre envenenada y antes de
que no volviera a producir sonido alguno, les revele el secreto por el cual
nunca preguntaron y fui castigada…
-¡Llamadlo Caín, porque os juro que
será la desgracia, el mal de todos ustedes mis amados hermanos!
-Abigail Gomez / Cuento realizado como proyecto para la clase de Literatura.
Tras una ventana se encuentra un alma calida Confundida y asustada entre todo el caos Pidiendo piedad al desamor Apresurada, lista para escapar Cansada de buscar, cansada de pelear Con las manos rendidas y los pensamientos escondidos Que mas puedo hacer si no puedo ser
apretá el gatillo, fracasado intenté detenerlo, pero solo lo hacía peor. más fuerte.
¡dispará! disparádisparádispará lágrimas caían por mis mejillas.
sos un fracaso. una copia. un error. nunca vas a ser nada. dispará.
II. ya había intentado de todas formas pero incluso con una oreja menos, seguía retumbando dentro mío. no eran voces, era yo. tal vez el otro vincent exigiéndome devolverle lo que era suyo; su nombre y su identidad. la familia que él sí merecía, la vida que él sí podía soportar.
III. ¿y para qué seguir? nadie nunca me quiso, nadie nunca me va a querer.
nadienadienadie nunca. cerré los ojos y lloré. tantos años, tanto esfuerzo, ¿para qué? la tristeza era eterna.
IV. moví mi índice y escuché el disparo. al fin. ya no tendría que esconderlo, ya no tendría que disimular mi dolor. ya no sería necesario pintar para acallar mi mente. ya nada era importante, nada. ¡al fin!
V. desperté y lo único que hice fue llorar. no quería estar ahí, no quería respirar más. me arrastré como pude hacia ningún lugar. todo a mi alrededor era borroso y sentíame sangrar sin parar. “theo…” musité. “theo… perdón”.
VI. desperté de nuevo. esta vez, en brazos de mi hermano. mi estómago dolía, pero yo no podía emitir palabra. abrí los ojos y la triste mirada de theo me azotó. “vincent, ¿qué te hiciste?” “vincent, yo te quiero”. lloré. ¡qué injusta era la vida! ¡sentí cariño en ese momento! justo antes de que todo se volviera color negro.
“ Después de andar por montañas y bosques, llegue al tiempo en que una canción terminaba para empezar con la melodía de un rugido terrenal. “
La encontré en una montaña de cientos y miles de frases y textos de sus poetas favoritos, Escondida entre letras que hacían de su alma poesía
(escondida entre dos palabras y una misteriosa -A)
Tarareaba una canción conocida o ¿era de un libro titulado anatomías íntimas?
La vi entre la arena y una danza de estrellas, Coloreada de lava y prisma estelar….
Abrió cada una de sus grietas, los árboles y el viento habían esperado su nacimiento, Mientras que en algún lugar del universo Saturno y urano hacían brillar sus anillos por ella. Así nació mi pequeño volcán dormido.
Ahora tiene cimientos en la Tierra y fuegos artificiales en su cámara magmatica,
Eres el descubrimiento más impresionante nacido de la tierra,
que ningún geólogo te pudo dar nombre.
Entonces comienza una nueva canción que nace de tu corazón, Se presenta un amanecer presumido por qué el día se volvió inmensamente especial.
Los planetas se alinearon al sol de tus ojos. Había llegado el momento y por primera vez estabas comenzando a despertar.
“ Me has llevado hasta los límites de la imaginación Y aún no sé si hay algo de cierto o eres de ciencia ficción Y he venido desde lejos al ritmo de la luz ”
Suena esa canción en mi cabeza, Por qué tú eres el volcán dormido que estuve buscando para despertar.
Ahora te veo despierta y puedo decirte con toda la sinceridad que: "Superas las barreras de la lógica y la física “
-De Niandra para mi volcán dormido que lleva por nombre @alicia-rasmus
Aparentaba más edad de la que realmente tenía por tener bigote y barba poblada, negra azabache, los lentes de aumento denotaban inquisitivos sentidos de convicción, practicaba deporte porque le ayudaba a tener control de su cuerpo.
Yo tenía algunas semanas saliendo con él, las suficientes para apreciar el espíritu de amor con el que se dirigía a los suyos, con la calidez que podría derretir tantos inviernos tambaleantes, y con los veranos rotos, bastaba con una caminata en la playa .
En ese momento me encontraba viviendo en un poblado a dos horas de casa, esa tarde de viernes pasó a recogerme en compañía de sus padres, estuve sentada alado de su madre, porque el padre quería vigilar la prudencia al volante, pero lo veía por el espejo retrovisor, esa mirada curiosa que me comenzaba a llamar; mientras yo por miedo la esquivaba, para detenerme en esos dedos largos, seguido de los brazos firmes con ese suéter de rayas verde botella.
Un impulso me invadió durante todo el trayecto, de querer saltar y rodearlo con mis brazos cortos, acariciar lentamente los vellos de su barba y oler los rizos de su cabello, fue en ese momento cuando me di cuenta de que ya me había enamorado de él,