No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa…
Etiqueta: Prosa Poética
Querida Musa
Recuerdo cuando te conocí.
Era solo un niño, estaba leyendo algo que no entendía completamente (Algún Salinger o bukowski) mientras todos jugaban yo era un elemento libre en ese microcosmos que puede llegar a ser un patio lleno de niños cuando te vi venir, tu cabello era negro y tú mirada demasiado inteligente para esa edad.
“Si sigues leyendo nunca harás amigos” Dijiste, Era primera vez que te escuchaba, pero bastante que te había visto.
“Aquí tengo los que necesito” Te dije señalando a mi libro. Tú sonreíste y eso fue suficiente, así comenzó todo.
Recuerdo las horas que pasamos hablando de nuestros escritores favoritos, de su talento, de lo grandioso que sería ver mi trabajo o el tuyo publicado y siendo leído por miles o por unos cuantos, con eso bastaba.
Pero luego te fuiste alejando, yo estaba ahí inerte, como suspendido en el espacio mientras tu orbitabas en torno a algo desconocido para mi.
Son incontables las horas que he pasado esperándote, no recuerdo cuando pero decidí que si no podía verte comenzaría a escribir acerca de ti.
Nos hemos vuelto a ver, debes recordarlo. Quiero que sepas que en esas cortas conversaciones que manteníamos acerca de nada, cuando tu decías “Que bueno volver a verte” yo moría por decir “he pensado en ti cada día del año.”
Los años han pasado y he mantenido el asiento del copiloto desocupado (Literal y metafóricamente) esperando encontrarte en la próxima curva, no se como vivir de otra manera, no se si quiero hacerlo.
Hasta entonces, seguiré escribiendo esperando que un día lo leas y entiendas todo lo que nunca dije.
Nunca tuyo,
DV
Prosa original de David Valdez.
Quiero que sepan que me sentí tranquilo la noche en que maté a dios, dormí como un bebé, sin miedo ni del infierno ni de ese otro gran abismo al que todos llaman cielo. Que para mí la literatura, o más bien, los libros y escribir, cumplieron con todo lo que a otros daba dios: consuelo, esperanza, castigo y una forma —no mejor ni peor— de tratar de explicarme qué mierda era la vida.
¿?
Es inevitable cuestionarme el propósito de todo esto: vivir lo mismo una y otra vez en la rareza de los pequeños cambios de la rutina. Mi realidad es diferente pues cada minuto hay un yo nuevo enmarcado en las nimiedades de la realidad, de los horarios y de las costumbres que sólo existen para esclavizarme… a lo que debo decir que lo han logrado con éxito. Ser libre es una constante lucha contra la aceptación de una vida banal y absurda, una eterna resistencia a la regularidad de un corazón vacío, una protesta airada en el silencio de la desesperación por no ser inexistente… prescindible.
Todos somos prescindibles, sin embargo es difícil entenderlo y aún más aceptarlo. Anhelamos una eternidad vacía en la mente de quienes nos aman cuando claramente sabemos que el amor es inconstante, etéreo, gaseoso: Existe pero no está, intentas tocarlo y desaparece, lo sientes y te envenena. Nunca estaremos satisfechos con nada, pues nuestro fin en esta tierra es buscar la felicidad, entonces ¿qué más buscarás cuando la hayas encontrado? Somos seres errantes, eternamente inconformes, deseando una perfección que únicamente existe en nuestro mundo de conexiones cerebrales donde somos merecedores de la sonrisa infinita; el único lugar donde todo tiene sentido, el único escenario que podemos transformar.
Y entonces me pregunto: ¿Qué hacemos aquí?. Pregunta compleja cuya respuesta hallaré el día en que mi alma deje este mundo. Claro, contando con el hecho de que haya un verdadero propósito y sobretodo una vida después de la muerte, pues deprimente sería hacer una pregunta sin respuesta o conocer dicha respuesta cuando ya no puedes reescribir la vida. Somos cíclicos e ignorantes, escépticos y fanáticos; somos una perpetua contradicción, una ironía ininteligible que sólo un ser in-existente entiende y disfruta. No queda más que vivir con la plena conciencia de la ignorancia, asombrado como quien admira un cuadro hermoso sin comprenderlo, como quien se deleita con una melodía que ronda en su mente sin saber de dónde proviene. ¿Se es libre en la ignorancia? No sé, respiro cada segundo tratando de averiguarlo.
Prosa original de Laura Pérez.
La niebla
Todos en la vida, sufrimos una incensante ida y venida de rostros anónimos. Llegan, llenos de luz mientras que otros, lo hacen de oscuridad. Impregnan con su olor lo que somos y lo que se nos ha dado como pertenencias. Entonces la niebla que los rodea empieza a desaparecer, a veces es rápido, sin embargo puede ser un proceso lento, largo e incluso, para alguna gente, tedioso. Pero no todo es blanco o negro, hay infinidad de matices, como cuando un haz de luz atraviesa un prisma trasparente y descubre en sí los colores del arcoíris.
Y así descubrimos la verdad que hay detrás de cada identidad, lo que esconde un hombre y heridas tan profundas que ni el tiempo ha aprendido a curar. De modo que algunos comienzan a irse, cuando el sol ha desvelado lo que realmente son. Otras personas se quedan, sin saber por qué, de entre tantas posibilidades, comienzan a unirse los lazos, a coserse en el espacio todos esos rincones vacíos que llevamos con nosotros.
En este punto he de decir, que he tenido poca suerte, o tal vez todo lo contrario, he tenido mucha suerte, ¿por qué? Todo depende de cómo se vea. Los amigos, los que conocen el verdadero significado de esa palabra solo puedes contarlos con los dedo de una mano. Y eso es así, no es un verdad implícita, puede que solo lo vea desde mi perspectiva, pero muy poca gente merece la pena como parar molestar en quedarse o que realmente sea lo suficientemente consciente de lo que hay en su interior.
Y después hay gente, que los ves brillar en la oscuridad, con una intensidad que deslumbra a todo lo que hay a su lado. Cuántos habrán codiciado esas luces, cuántos habrán perdido la suya… cuántos, tantos como jamás podremos llegar a imaginar. Como si la inmensidad del tiempo pudiera dividirse y mostrar todos los que han pasado y los que están por llegar.
¿Y adónde quiero llegar? A lo que considero realmente importante. Siempre he creído que cuando alguien no merece la pena, es mejor dejarla de lado. Y ahora, creo estar equivocado. ¿Por qué? Es cierto que hay ocasiones en las que te das cuenta que realmente es como creías y no vas a encontrar nada más profundo que lo que ves en la superficie, pero si encuentras a gente que, por sus razones, por las veces que habéis reído o llorado, cuidadlos. Quién sabe lo que el futuro les deparará, no sabes cuánto tiempo se quedará. Respetadles, ayudadles, no es el mundo en contra de ti. Es lo que tú mismo quieres pensar contra lo que de verdad está ocurriendo.
Todos nos hemos perdido, hemos necesitado ayuda. Nadie en el mundo es tan fuerte como para permanecer sobre sus pies el suficiente tiempo que pueda ser lo que viva entre nosotros. Somos hijos del destino, un destino, que desde lo que creo, nos lleva a la nada. Y si la nada es todo lo que nos queda, entonces, debemos desdeñar todas esas cosas que nos han sido otorgadas como objetos, pertenencias. Realmente, lo único que importa son las personas que nos rodean. Eso es lo que debemos cuidar, antes de que sus rostros se cubran de nuevo de niebla. Porque hay veces que esa es tan espesa que puede que no se disperse jamás.
Narración original de Líneas Superpuestas.
No sé lo que pasa, ya no sé, no sé… ¿cansancio? ¿desesperación? ¿rutina? ¿aburrimiento? No tengo idea de por qué todos los días me parecen igual, todo es tan relajado que es tedioso, no pasa nada, absolutamente nada que me enloquezca, son lapsos en la vida en que quisieras dormir y despertar hasta que todo tenga sentido, no sé si cambiar, hacer otras cosas ya no sé, todo es tan igual que frustra. Un punto en que no entiendes nada, todo te cansa y quieres mandar al carajo todo, pero eres demasiado cobarde y te sigues conformando.
Solo quieres que el tiempo pase y después verte en otra situación, porque vivir estos días tan simples, tan vanos hace que muera más rápido aunque los días pasen mas lento.
Narración original de Taciturnadelgado.
BÓVEDA CELESTE
¡Oh hermanos! No sé qué sería de mi existir si no estuvieran presentes en mi vida esos seres divinos provenientes del espacio exterior; esos seres con fuerza descomunal capaces de iniciar y terminar guerras con simples miradas; esos seres con más poder que el mismo rayo, con más calor que el mismo sol, con más frialdad que el mismo invierno y más firmes que la misma tierra; esos seres poseedores de la más grande estética desenfadada en sus cuerpos terrenales; esos seres que llevan, en un pequeño pedazo de papel color rojo doblado en el pecho, la etiqueta de “mujer”.
Dicen que las mujeres vienen de Venus y los hombres de Marte.
¿Es acaso por lo que esos dioses representan?
Porque de ser así, los hombres deberíamos venir de Mercurio, como simples mensajeros que deambulan de aquí para allá. En cambio, las mujeres deberían ser tanto de Venus como de Marte, como diosas del amor y de la guerra ya que dentro de cada una se encuentra esa dualidad tan interesante.
Como mortales, ellas encarnan las virtudes de los mismos dioses, pero eso, la carne, es lo que vuelve débil al ser humano; el hombre es débil a sí mismo, por más cualidades divinas que posea.
A veces me refiero a mí mismo como un dios en todos los aspectos, pero ante las pasiones terrenales, sucumbo como cualquier simple mortal.
Esa debilidad terrenal fue la que tomó posesión de nuestros cuerpos anoche, después de apagar las luces de la habitación. Sabía que ella no es del tipo de mujer que se deja llevar por el momento, aunque no voy a negar que ella misma enviaba mi mano a su entrepierna, mientras se movía de adelante hacia atrás, mientras nuestros labios se anudaban, mientras sentíamos la cálida respiración agitada del otro.
Sin que me diera cuenta tomó prisioneros mis labios con tal fuerza que los sentí desprenderse de mi rostro aunque en realidad eso no sucediera, se trató de un dolor tan placentero que me llenó de vitalidad y me dejó con ansias de más, pero cuando me di cuenta, ya me encontraba debajo de la bóveda celeste, bajo el universo mismo, recordando la silueta de la luna.
Conforme estas letras surgen, también nacen un sinfín de recuerdos de la noche pasada, pero a la vez, un sinfín de historias alternas se desarrollan en mi mente: ¿Qué habría pasado si hubiera podido hacer esto? ¿Qué hubiera sucedido si ella hacía aquello? ¿Qué hubiera sucedido si ella no fuera tan abnegada y yo tan egoísta?
Tal vez nuestros labios nunca se hubieran encariñado; tal vez nunca hubiésemos probado el manjar divino de la creación; tal vez nunca hubiéramos estrechado nuestras manos mientras, entrelazando los dedos, acariciábamos con el pulgar el dedo índice del otro; tal vez nunca nos habríamos visto a los ojos, tal vez nunca nos hubiéramos conocido.
Ahora, mujer abnegada inscrita en la bóveda celeste, espero no volver a acercar mis labios a los suyos sin que éstos sean secuestrados de la forma más dolorosa. Aunque, si le aterra bailar en una pesadilla, respetaré su decisión después de una pequeña gratificación.
Me duele morder mi labio inferior…
Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.
y si nos encontramos ¿muy feo?
Catarsis existencial,
Tu cuerpo me aquieta, me desespera
Y es que, desde lo más intimo de mi alma,
Se enfrasca este sentimiento.
Son más que palabras, son más que simples golpeteos del corazón.
Si supieras esto que tengo aquí en mi pecho,
Entenderías el dulce calor de mis manos,
Abrazándote.
Hoy por hoy te espero en mi azotea,
Y poder ver tan siquiera un segundo tú hermosa figura a lo lejos.
Aún cuando llueva, cuando la tempestad me acongoje el alma,
Aún cuando el frío calcine mis venas y el vacio consuma mi paciencia.
Te espero, te lo juro que espero,
Con mi guitarra, y con el corazón en mi mano,
Saludándote.
Sueño con tus labios, duermo como un infante con su utopía
Jugando a la eternidad
Jugando a la juventud del corazón.
Fingiendo que estoy cansado
Y seguir consumiendo tus bellas palabras en mi conciencia.
Te extraño, no sabes cuánto.
Cálculo matemático incalculable,
Calculadora inservible,
¿Cómo calcular el infinito?,
¿Cómo calcular el tamaño de mi amor por tu espíritu?,
Por tu todo, por tu nada, por todo aquello que eres y serás
Te extraño, hermosa rareza.
Poesía original de Manumdez.
Amanece. Tu cabellera se disipa en la acuarela del infinito nocturno,
trasluce.
Tu oscuro perfume de astro perenne inunda la superficie vaporosa de
azoteas y callejones; brota tristeza de flores lacrimales, pasa un tren
liviano y sin destino.
Pájaros de bronce trinan entre los árboles de tus dedos los himnos gloriosos
de tu evangelio.
Cierta alegría en tus ojos convierte en milagro lo cotidiano.
Una niña recoge flores de agua y las junta en racimos marinos.
Un anciano pasa fumando y el humo dibuja olvidadas ilusiones.
Paisajes nuevos asoman en cada esquina y al instante desaparecen.
En la sombra de tu pecho los amantes toman un respiro antes de sumergirse de nuevo en sus gastados adioses.
La lluvia reticente se ha evaporado. De ti nacen rayos de luz dorados
y veloces como peces.
Tañe sola una campana. Hay un niño de rodillas en un campo distante.
Ve arder algo alegremente. Es el lenguaje de un mundo que no entiende.
Desde que recuerda, le ha prendido fuego cada noche. Quiere empezar de nuevo.
Parvadas de nubes anidan en lo alto de los fresnos mientras formaciones de elefantes en el horizonte anuncian la caída de una cometa.
El niño arrodillado, pronto sabrá que la tristeza no se pierde.
La encontrará otra vez, cuando atareado nombrando el mundo,
distraído te dé otro nombre.
Poesía original de Alberto Villegas, Adán.
Arrebatos
Qué tal si volvemos en el tiempo!
Allí donde se conservan tus mejores recuerdos,
un aroma único,
sensaciones nítidas, vívidas,
el tacto de una flor,
el sabor de unos labios carmesí,
un cielo fantasmal y a la vez angelical,
un aliento que te alienta,
unas manos de sol,
unos pasos firmes con destinos inciertos,
el riesgo del azar.
Un escenario des-equilibradamente perfecto
en un instante remoto, si remoto quizá,
pero tuyo, sólo para ti, sin arrebatos.
De la serie Regresiones por Hipnótico Carmín.
