drwde:

Poema I.

Arraigaste en mi carne

sembrando mis dolores,

haciendo brotar la sangre,

haciendo brotar las flores.

Con tu aliento mataste

al garzón de colores.

Están llorando sin padre

mis desbañadas azores.

Te lavaste en tu balde

de jocosos olores.

Por ti no nace la tarde

en donde quiera que mores.

Invente una estrofa.

Poesía original de @drwde

escribir-huyendo:

sixteen-clumsy-and-shy:

I.

apretá el gatillo, fracasado
intenté detenerlo,
pero solo lo hacía peor.
más fuerte.

¡dispará!
disparádisparádis
pará
lágrimas caían por mis mejillas.

sos un fracaso. una copia. un error.
nunca vas a ser nada.
dispar
á.

II.
ya había intentado de todas formas
pero incluso con una oreja menos,
seguía retumbando dentro mío.
no eran voces, era yo.
tal vez el otro vincent
exigiéndome devolverle lo que era suyo;
su nombre y
su identidad.
la familia que él sí merecía,
la vida que él sí podía soportar.

III.
¿y para qué seguir?
nadie nunca me quiso,
nadie nunca me va a querer.

nadienadienadie
nu
nca.
cerré los ojos
y lloré.
tantos años, tanto esfuerzo,
¿para qué?
la tristeza era eterna.

IV.
moví mi índice
y escuché el disparo.
al fin.
ya no tendría que esconderlo,
ya no tendría que disimular mi dolor.
ya no sería necesario
pintar para acallar mi mente.
ya nada era importante,
nada.
¡al fin!

V.
desperté
y lo único que hice fue llorar.
no quería estar ahí,
no quería respirar más.
me arrastré como pude
hacia ningún lugar.
todo a mi alrededor era borroso
y sentíame sangrar sin parar.
“theo…” musité.
“theo… perdón”.

VI.
desperté de nuevo.
esta vez, en brazos de mi hermano.
mi estómago dolía,
pero yo no podía emitir palabra.
abrí los ojos
y la triste mirada de theo me azotó.
“vincent, ¿qué te hiciste?”
“vincent, yo te quie
ro”.
lloré.
¡qué injusta era la vida!
¡sentí cariño en ese momento!
justo antes de que todo
se volviera color negro.

Vincent Van Gogh II

Poesía original de 

María Lorena Gatti Vergara, @escribir-huyendo 

lasluciernagasdesofia:

Deja que me ame alguien más

Nooo, no cuentes al mundo que aún te amo, ¡no lo hagas!, mejor quédate callado, podría haber alguien que desde hace mucho, a lo lejos, me esté observando y le dará temor acercarse al pensar que en mi corazón no hay espacio.
Si deseas hablar, mejor di que yo sí sé amar, que siempre doy todo lo que en el manual del amor dice que se tiene que dar, diles que fuiste tú el que se quiso marchar, platícales de todo lo que oculto dentro, de todo eso que viste mientras en mi corazón estabas latiendo, háblales de todos mis talentos y porqué no, también de mis defectos, incluye mis miedos, no los vayas a olvidar, diles que me da miedo la soledad y que el motivo son los años que viví en la oscuridad, dales como consejo primordial que si se me van a acercar, si logran que los llegue a amar, no se vayan a marchar, porque yo no lo sé soportar.
¡Hazlo!, cuentales todo, menos afirmes que no te he sabido olvidar, no me robes la oportunidad de que alguien me quiera amar; además, dejame aclarar, que tú ya no habitas en mi corazón, el lugar que ocupas es en los recuerdos y nada más.

Sofía Mendoza

In Memoriam

crucialdelicacy:

Ve querida,
Encuentra algún lugar
Bajo tu ceja o tus senos,
Para finalmente descansar

De esta lluvia como llanto
Que desde antaño no deja de sonar,
Amada alarma funebre
Dejame soñar.

Lejos de este mundo,
Que no deseo ver mas
(Que en tus ojos, o mirada)
Dame un nostálgico cantar.

Y detengan ya el ritmo
Del nocturno corazón
Que lleva 61 latidos,
con cuatro minutos de su son.

Poema original de @crucialdelicacy

Conversaciones con la tristeza.

poesiasantiagorincon:

Últimamente cuando la tristeza viene a visitarme la recibo con una gran sonrisa
Y un buen vino (ojalá castillo de liria blanco). 
La invito a que pase y se ponga cómoda, que bien sabe que es bienvenida
Y a decir verdad, la única compañía que puedo esperar.

Que me cuente cómo van esos corazones rotos, esas lágrimas que salen a su nombre, esas decepciones amorosas… Esos suicidios y borracheras que provoca.
Tiempo después, entre la 1am y la quinta copa de vino, nos ponemos a hablar de ti..

Siempre sin llegar a ningún lado, sin sacar conclusiones. Sólo preguntas:
Y es que ¿Qué sabe de tristeza alguien que no te conoce y nunca te vio ir?
¿Qué sabe de corazones rotos alguien que nunca ha amado como yo te amé y ya no te tiene?
¿Qué sabe de decepciones alguien que nunca visualizó una vida a tu lado y ahora está sólo?…
…Hablamos tanto de ti que hasta parece que también se enamoró
Y por eso viene seguido, sólo para que le hable de ti mientras me da pinchazos en el corazón.
Porque todas mis noches tienen que ver contigo y siempre hay algo que decir, siempre hay algo que escribirte,
siempre es buen momento para extrañarte.

Pero, por mucho que te escriba, te extrañe ¿acaso regresarás?
¿Vale la pena darte a cuentagotas toda mi esperanza?…
Quiero suponer que todavía no me has olvidado
Que aún existen esas fotos juntos,
los poemas que te envié,
las cartas que te escribí.
Que guardas en la lista de reproducción las canciones que te dediqué y en tus oídos las veces que fui cancion para cantarnos.

Cada vez que la tristeza se abalanza sobre mí, como queriendo matarme poco a poco, no tengo problema en mostrarle mis desgracias…
Y que guardo en mi piel todos los besos que me diste,
en la espalda los rasguños,
en mi cama tu aroma,
en mis noches tus sueños.
Que guardo los cinco cigarrillos que te tocaban y la media botella de ron que debía guardarte,
las películas que se nos quedaron pendientes,
tu voz cuando me leías a Bécquer hasta dormirme y las sábanas en las que hicimos más poesía que en cualquier papel.

*Ojalá decir que te llevaste mi vida fuera solo una metáfora*,
Pero realmente me dejaste solo con la tristeza.

Y
Seguiré dejando la ventana abierta,
con la esperanza de que alguna de las noches más frías no sea la tristeza la que se escabulla a hacerme compañía o seguirme matando
que alguna vez
seas tú.

Poesía original de @poesiasantiagorincon

VULCANOLOGÍA

niandra-in-the-moon:

“ Después de andar por montañas y bosques, llegue al tiempo en que una canción terminaba para empezar con la melodía de un rugido terrenal. “

La encontré en una montaña de cientos y miles de frases 
y textos de sus poetas favoritos, 
Escondida entre letras que hacían de su alma poesía 

(escondida entre dos palabras y una misteriosa -A)

Tarareaba una canción conocida o
¿era de un libro titulado anatomías íntimas?

La vi entre la arena y una danza de estrellas,
Coloreada de lava y prisma estelar….

Abrió cada una de sus grietas,
los árboles y el viento habían esperado su nacimiento,
Mientras que en algún lugar del universo
Saturno y urano hacían brillar sus anillos por ella.
Así nació mi pequeño volcán dormido.

Ahora tiene cimientos en la Tierra y
fuegos artificiales en su cámara magmatica,

image

Eres el descubrimiento más impresionante nacido de la tierra,
que ningún geólogo te pudo dar nombre.

Entonces comienza una nueva canción
que nace de tu corazón,
Se presenta un amanecer presumido
por qué el día se volvió inmensamente especial.

Los planetas se alinearon al sol de tus ojos.
Había llegado el momento
y por primera vez estabas comenzando a despertar.

“ Me has llevado hasta los límites de la imaginación
Y aún no sé si hay algo de cierto o eres de ciencia ficción
Y he venido desde lejos al ritmo de la luz ”

Suena esa canción en mi cabeza,
Por qué tú eres el volcán dormido
que estuve buscando para despertar.

Ahora te veo despierta y puedo decirte con toda la sinceridad que:
 "Superas las barreras de la lógica y la física “


-De Niandra para mi volcán dormido que lleva por nombre @alicia-rasmus

Poesía original de @niandra-in-the-moon

Regresar a la noche

erosignem:

Cuánto cuesta salir de la ciudad,
sacarte la piel cansada de los párpados,
no meter en la maleta ningún nombre tan pesado que me impida caminar.

He venido
para perderme entre los bosques,
con el alma tan ligera como entonces;
para abrir de nuevo el viejo libro
que me vio nacer tal y como soy;
el libro entre cuyas palabras
desperté y dormí.

Porque quiero que mi aliento
transite de nuevo ingenuo y extasiado
por dentro del silencio abandonado y viejo que recorre cada una de sus páginas;
un silencio que apenas ya recuerdo;
un silencio musical portador de una enfermedad desconocida;
un silencio que me insinúo
que ya jamás sería el mismo.

Y para conseguirlo,
tengo que alejarme en todo lo posible
de aquello que ahora soy,
y poder así acercarme
a lo que aquellos días fui.

Debo dejarme consumir
por el verdeoro incinerado de la tarde;
debo dejarme oscurecer
por la piedra sagrada
de latir pagano
cuyo adobe cargado de luna
emerge hacia los cielos
y calienta los vientos de septiembre
que barren poco a poco
el polvo enfermo de mis labios.

Pues esta luna clara y limpia
repara los aullidos rotos,
arranca sus poderes a las brujas
y convierte de nuevo al lobo en hombre.

Eros Ignem

Poesía original de Eros Ignem

No Retorno.

theuniverseofemmanuel:

“¿Cuántas veces ha muerto?”

Escuché, de pronto, esa voz inquisidora en mis oídos… Fue como un relámpago que me despertaba de un letargo que hacía días había estado experimentando. 

“¿Me escucha? ¿Cuántas veces ha muerto?”

No abrí los ojos, no pude hacerlo… Dejé salir un par de lágrimas, sólo eso… Un par que resbalaba por mis mejillas hasta morir en mi mentón.  Temblaba. Sentía que el aire me faltaba… Me dolía el pecho y las entrañas, era tanto el dolor que, por un momento, pensé que era yo el mismo dolor encarnado.  Me olvidé de mí; del hombre que estaba sentado en esa silla frente a esa voz masculina que me cuestionaba como si hubiese cometido un crimen. Me hundí en sollozos… No pude contenerlos. En realidad, no podía contenerme nada… El agua me desfloraba los sentidos.  Quise apretar los puños, pero fue lo único que no pude hacer, tenía las manos amarradas y extendidas sobre la mesa… No entendía por qué.

“No voy a caer ante la trampa de su supuesto llanto. Es común que los incriminados muestren ese lado cuando están frente a mí, así que, sea sincero… Le va a ir mejor si coopera…”

Tomó aire después de decirme eso con una frialdad que me escaldó el alma. Honestamente, no sabía dónde me encontraba… Sentía un frío que calaba hasta los huesos, y el aroma que me rodeaba no era otro que el del humo de un cigarrillo a punto de apagarse. Tragué saliva con trémulo pesar, pues en realidad estaba siendo sincero al llorar.  No entendía a qué se refería, ni siquiera podía hilar mis pensamientos… Parecía que había estado dormido y que, súbitamente, había sido vuelto a mis sentidos por una fuerza incomprensible que rayaba en la agonía… Era esa agonía la que me mantenía latiendo el corazón.

“Abra los ojos, tarde o temprano tendrá que ver mi rostro y espero le sea más fácil responderme la pregunta que le he hecho ya más de una vez, ¿quiere que lo haga una más?”

Solté el llanto… Lo solté… El agua era mucha… No podía detenerla… Se me escurría por la cara, por el cuello, por el pecho… Me empapaba… Me mojaba tanto que parecía que estaba bajo una nube tormentosa.  Y seguía sin entender, sin comprender qué hacía en ese lugar, qué era ese lugar, de quién era esa voz. Bien pude haber abierto los ojos, y lo hice en su momento, pero no veía más que el agua fluir de ellos… Mis oídos… Oh, mis oídos… Sólo eran capaces de escuchar mis lamentos compungidos… Y el latido de mi corazón que se sumergía en un abismo de agitación, de una premura que sentía iba a ponerme al punto del colapso, pero no lo hacía… Era como si me tuviesen sedado los impulsos, sólo podía llorar… Llorar a mares… A llanto abierto.

La voz volvió a preguntar… Y esta vez fue peor que las anteriores. Mi cuerpo comenzó a llenarse de espasmos, pero no placenteros, sino dolorosos, agitados, desastrosos… Movimientos inconscientes que me hacían convulsionarme en el asiento. Ya no sólo lloraba, gemía de dolor mientras mis extremidades se blandían en un duelo con lo inentendible. 

Grité… Si, ¡grité! ¡Me sumergí en un grito agudo que hizo a mis cuerdas desgarrarse! 

“¡No sé! ¡No sé cuántas veces he muerto, no lo sé! ¡Deje de hacerme esa pregunta! ¡Me duele, me martiriza, me está matando! ¡Y si no he muerto, con esa pregunta me va a hacer morir!”

Sollocé con la voz hundida en ahogo y con el cuerpo tenso, trémulo, fuera de mí.  La voz pareció sonreír maliciosamente…

“¡Tonto! ¡Ya estás muerto! Preguntarte sólo me ayudará a saber tu motivación para seguir respirando después de haber tocado la tumba… ¡Abre los ojos! ¡Mira en dónde estás! ¡No te de miedo a contemplar el último resquicio del mundo!”

Entre el agua que me seguía inundando, hice lo posible por ver lo que me rodeaba… Así, envuelto en agitación y una bruma que se desprendía de mí, pude ver… El corazón se me detuvo por unos segundos, los mismos que me provocaron nauseas y ardor en el estómago. 

Estaba dentro de una habitación gris y oscura… sólo podía apreciar sombras a mi rededor; unas frías, gélidas y mudas. Fijé la mirada en el hombre que me cuestionaba y no pude verle la cara; yacía cubierto con una túnica negra desde los pies a la cabeza. Le recorrí la faz con la mirada agitada, me paseé por sus brazos hasta llegar a sus manos, que estaban firmemente colocadas sobre la mesa como las mías, pero había algo monstruosamente diferente en las suyas… Estaban desnudas de piel… Eran simples huesos sin músculo que se movían en espera de una pregunta; sus falanges la hacían de segundero de un reloj que sólo él podía sentir. 

“Ahora, ¿me vas a responder? Podríamos quedarnos todo el tiempo del mundo aquí, pero… ¡Sorpresa! Aquí el tiempo sólo te hará desear desaparecer, tanto que suplicarás por no haber vuelto a despertar.”

El dolor continuaba haciendo mella en mi cuerpo, así como el agua naciendo de mis ojos y el ardor revolviéndose en mis entrañas. Sin embargo, me llené de fortaleza, miré mis manos que yacían sujetas a la mesa con las palmas abiertas y pregunté…

“¿Qué tienen mis manos que están amarradas?”

Él suspiró con cansancio y me respondió con una pesadez que se notaba exasperada…

“¿No ves lo obvio? Tus manos son las que te han traído aquí, son lo más sagrado que has tenido en todas las vidas que te has empeñado en tomar. Eres el ladrón más astuto que he conocido, tan es así que no quiero encarcelarte, pero no me darás opción si no me respondes la pregunta de manera honesta.”

¿Qué tenía que responder si no entendía la pregunta? No entendía nada. Duré mucho tiempo sollozando y convulsionándome, no hubo fin a ese tormento, mientras trataba de razonar esa pregunta con la poca mente que tenía y es que, ¿cómo poder pensar con el dolor lacerándome el alma?

Escuchaba a sus falanges golpetear en la mesa como fiel reloj al tiempo, al tanto que mi cabeza daba vueltas por todo lo que podía recordar… Si, recordaba ya, poco a poco, se me venían las imágenes de lo que había vivido. Momentos que, en un lapso de tiempo, fueron experimentados por mi esencia, mas no por mi materia… ¿A eso se refería al decirme ladrón? Pero, ¿cómo soy un ladrón si esas vidas que viví lo hice siendo Yo? Esta pregunta me martilleaba la sien. Como si hubiera adivinado mis pensamientos, él me respondió…

“Claro que fuiste Tú quien vivió esas vidas… Todas y cada una fueron concebidas por Ti, de eso no hay duda y no es lo que se está cuestionando aquí. Lo que me tiene aquí, frente a tu presencia, es el hecho de que has sido un ladrón de tiempos, además de vidas que no habían sido hechas para ti. Las tomaste porque amas la vida, según lo que he podido observar cuando has estado vivo. Amas tanto la vida que no te ha importado si la robas y dejas a otras almas vagando en las penumbras por tu terca ambición… ¿Qué tiene la vida que te hace robarla? ¿Qué? ¿Acaso no es dulce mi beso, mi caricia, mi sustento? ¿Acaso no hay felicidad en Mí? ¿Acaso soy tan triste para que no desees quedarte conmigo? Sabes que los que roban vidas son los primeros que van al paredón de los que no supieron aceptar su destino… Todos están hechos para no regresar y, sin embargo, hay obstinados como tú que roban la dicha de otras almas de nacer. Eres un alma muy vieja ya, demasiado… Dejarás a las recién nacidas vivir… Aprenderás a quedarte en tu lugar, así te tenga que encarcelar en la fuente del No retorno. Sabía que te iba a atrapar, tarde o temprano… Quizás también disfruté de verte desplegar las alas, pues volabas majestuosamente… Lo hacías… Tanto así que lloré de pesar y amargura cuando pasé mi haz por tu cabeza. No quería matarte… Lo juro, no quería… Pero, lo hice, y estás aquí… Frente a Mí, una vez más… Ahora, ¿vas a responderme? ¿Cuántas veces has muerto?”

Doliente y taciturno, respondí…

“Ya no lo recuerdo…”

Se echó a reír y el recinto se cimbró. 

“¡Claro que no lo recuerdas! ¡Claro!”

Sus carcajadas vibraban en mis oídos como taladros que me hacían retorcerme, y el agua seguía naciendo de mis cuencas… El agua era lo único que quedaba de mí… De ése que había sido hasta ese instante frente a La Muerte y que, al final de todo, era Yo mismo. Lo supe cuando lo vi ponerse de pie, tenía esa soltura y esa gallardía que tantas veces me aplaudí frente al espejo… ¡Era Yo! ¿Cómo pude pasarlo desapercibido? 

Se dio la media vuelta, se puso una vez más frente a mí, pero ahora de pie… Llevó sus manos echas hueso a la capucha que le cubría el rostro y, con la ligereza de un viento suave, se mostró… 

Vacío… Eso era… Un vació que se le salía por las cuencas oscuras… Una vacuidad que comenzó a absorberme el aliento.  Me contraje… Mi boca comenzó a abrirse mientras mi vientre se apretaba con violencia… Sabía que era mi fin… Lo sabía, y no puse resistencia, no la puse… Sentí el desprendimiento de mi alma, la sentí… La vomité… Y ahí… Ahí en sus cuencas oscuras y gélidas, sucumbí… Esa era la cárcel del No retorno… Ese era el calabozo de los obstinados… De los que no ceden a la muerte y yo… Yo yacía entrando en él sin poner trabas, sin llorar ya siquiera… No hice más que entregarme a mi destino… A la oscuridad eterna. 

Relato original de @esusbinnacle

Juego de Cadencias I

thatawkwardwhat:

Llegó el invierno tan rápido como pasa el otoño
de hojas que no caían,
hasta que cayeron,
precipítandose todas contra suelo
en frenética carrera por ver cuál conseguía morir primero.
Aterrado vi que al final todas morían
y aún queriendo no las enterré yo sino el invierno bajo un manto seco,
húmedo,
y gris.

Llegó también quien debiera llegar como llega el silencio,
con los labios firmes y austeros
que no regalan palabra.
Ni palabra de odio ni palabra de aprecio,
jamás palabra de amor.

Llegó así el amor al póstumo verso como llega la muerte,
al final siempre segura.
Segura, firme y seca.
Como el otoño, el invierno,
el beso,
el desengaño amoroso.
Amor siempre seguro,
amor siempre inconexo,
amor siempre pícaro,
amor,
amor.

Amor.

De tanto decirte, de tanto quererte,
de tanto huirte,
de tan y tanto juego azaroso, creí tenerte.
De tanto querer morir, ay amor,
paso otoños preguntando al frío tu nombre,
que de tan y tanto llamar olvidé cómo sonaba.

– Iñigo Rivera Gamundi –

Poesía original de @thatawkwardwhat