Desnuda.

Quiero que te desnudes para mí. 

No desnudes tu cuerpo, eso vendrá después. Desnuda tu alma, desnuda tus ojos, desnuda tus brazos, desnuda tu mente. Quiero ser tu subconsciente, que tú seas el mío, que no haya secreto alguno.

Si después de desnudarnos sigues aquí, todo habrá valido la pena.

Poesía original de @iamonlyawriter

Hogaño,
incomparable a días de antaño,
aquellos colmados de su alucinante aparición.
Hogaño,
en tan menudo cuerpo
se posa la aflicción
de una vida contingente
a tropezar con la dicha.
Vacíos
que solo utópicamente
pueden ser atiborrados,
miradas de insustancialidad
a cualquier rincón existente,
lágrimas que nacen de ojos fatigados.

Estoy contaminada y molida,
quiero mi vida de vuelta,
anhelo su calor,
su olor,
lo aspiro a él.
Ansío sus manos en mí
apreciando lo palpable de nuestros seres,
deseo sus labios sobre los míos
deslizándose dócilmente,
quiero sus ojos posados en los míos
goteando amor.

Amado mío,
acá me urges,
haciéndome el amor cada noche,
recordad que verso a verso te llevo presente,
y que recostado en mi iris te regalo memorias.

Poesía original de @uncuartodegema

I hate you 7.

Cada vez me importa menos tu opinión. Ya no me interesa que te sientas orgulloso de mí, no me importa si estás bien, me da igual si te sientes triste.

Tus lagrimas, ya no me hacen ni cosquillas al corazón. Tu dolor, solamente me irrita. 

El peso que cargas en tus hombros, espero que ampolle tu piel; que sangres. Que el sol queme tu nuca, que tu boca esté seca y tu mente nublada.

Espero que caigas de rodillas, sobre hojas de acero afiladas. Que no puedas levantarte y que nadie nunca te de la mano.

Poesía original por @libroabierto-bmar

Callejeron

Caminando
por la vereda de grandes baldosas marrones y cuadradas que cada tanto se
encontraban quebrajadas, me encontraba entre el suelo y los tejados que me
impedían mirar el cielo, se sentía la gente encerrada en sus casas con mentes
apagadas y secas como pasas. Yo caminaba sin todavía ver la luz, economía empobrecida
reflejada en lo que se decía. Más marrón que el suelo era el río por donde
barcos cruzaban sin amigos, solo mulas de carga para dónde yacía la luz, ya ni
se creía en Jesús. En aquel exterior era todo mas luminoso a mar abierto se
proclamaba lo grandioso, dinero y nobleza a puro ocio. Grandes islas en las que
se hacían los negocios, de la que nosotros solo éramos los mozos. El ambiente
dentro de nuestro habitad no era enfermizo, pero solo ahí se notaba el sucio
piso. Ocultos bajo un inmenso puente no nos permitían abrir las mentes ni el
sol ver sonriente, y lo que menos se veía era esa risa justamente. Decidí huir
como un cobarde sin cambiar dónde crecí como hombre y viví hambre, solo pensé egoístamente
en a mi cambiarme. Me esperaba soledad y peligros nadie salía a pasar la maldad
que se vivía, muy peligroso allá afuera, lo desconocido es lo que nos encierra.
Siempre las historias frecuentaban sobre los aventureros que allí cruzaban, se
dividía por un libre sendero que al parecer para pasar siempre había un pero,
PERO me di cuenta que mi pero valía por esos sesenta que esclavos de rentas
necesitaban libertad a la que no apuestan. Ha de ser por que el número sesenta
se restaba y si salían iban a ser cincuenta. Así fue por años que de miles solo
quedaron hermanos de lo muertos en vano. Y ahora decidí dejar en mis manos el
escalofriante acto de salir a ser humano.

Prosa poética original por @dobarro

Mujer en cierne (Sayulita mi amor)

Delicada, suave y efímera. Te vi caminando entre las rocas, el mar agonizaba por tus curvas. Las olas se rompían con cada paso que tú dabas. Amazónica y espléndida, eras de otro mundo. Florecías majestuosamente ante los rayos del sol, Sayulita, mi amor. Eras la erosión de mi éxtasis. Tú cabello áureo me seducía suavemente, aterciopelado con el reflejo del Sábado. Te hacías una con las olas, te deslizabas entre el mar y te convertías en sirena. Y tu cuerpo, no se diga de tu cuerpo: atezado y moldeado por Praxíteles en el Olimpo. Seductora de las olas y los dioses. Tú risa resonaba en las nubes y el cielo, estrepitosa y orgásmica, las estrellas se alinearon en tu nombre. Los astros nos abrazaban a las dos cálidamente. Con la fogata de mi ukelele te inmortalicé en el eco de la playa. Resonaremos eternamente hasta que se opaque el bello cielo. Mujer, eras un paraíso dentro de otro, abriendo puertas al infierno, dos amantes sin acercarse, dos mujeres sin tocarse. Sayulita mi amor, escapémonos a Chapala y embriagemonos con nuestros labios. Sayulita mi amor, vivamos en Bellas Artes y hagamos el amor con pinturas y cinceles. Sayulita mi amor, recorramos la Republica mexicana de nuestros cuerpos que ansían por ser descubiertos. Te llevo en mi mente, mujer en cierne que crece en mis vértebras, como albur esporádico. Alcoholizada por tu recuerdo, montamos olas como peces en verano pérdidas en este océano que llamamos vida. Mujer en cierne, creces día a día dentro de mi, te llevo hasta el día que nací.

Prosa poética por @trisiaf

PAS DE DEUX

La foto de Elia lo miraba desde el escritorio en la habitación, mientras revolvía las hojas corrugadas, esparcidas sobre las sabanas verde esmeralda, simulando copos de nieve, logrando un contraste blanquecino entre los verdosos pliegues que se formaban sobre el colchón.

Estaba vestida con un tutu rojo, bordado con lentejuelas doradas. Los pies en punta,  listos para emprender el vuelo. Sus brazos formaban un semicírculo, conectando las líneas finas de su cuerpo.

Dijo con tono bajo

— Su última presentación—

suspirando, ensimismado en remolinos de recuerdos,  que arrojaban notas de violín en las paredes.

Cerró los ojos durante un instante, extendió la mano derecha y los dedos huesudos de Elia lo recibieron en pas de deux.

Elia estiraba la pierna en arabesque, mientas él colocaba el brazo a la altura de su cadera para fungir como respaldo. Entrelazaban las manos, se miraban de frente; ella con ojos de metal, y la nariz altiva arqueando las cejas.

Pecho erguido, muslos firmes, poco a poco la subía con la palma de la mano, gotas de sudor resbalando por las medias y el leotardo, plantas de los pies apoyadas en el suelo de madera, mientras se dibujaban sonrisas de complicidad. Abrió los ojos,  contempló  escarcha en el marco de la ventana,

llegó el inverno—

pensó.  

Prosa poética original de @castillosliterarios
Inspiración: Nocturne in C minor, Chopin