¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
Etiqueta: Fragmento
Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
(Ésta es la última vez que yo te quiero.
En serio te lo digo.)
A los quince ya sabía deletrear una mujer.
He aquí que me desnudo para habitar mi muerte.
Me acuerdo de ti más de lo que tú imaginas. Ah, y una noticia: antenoche te soñé. (…) Tenías la cara más linda que he visto en mi vida. Era tu cara, pero como pintada, un óvalo perfecto, una expresión de amable y sonriente disgusto. Yo supe allí que te quería para siempre. En tu sonrisa había algo de beatitud y de elegancia; en tus ojos una mirada inmóvil, transparente. Fui hacia ti, descubierto, perdido. Reímos los dos.
La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besosy de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.
(…) Los amputados sienten dolores, calambres, cosquillas, en la pierna que ya no tienen. Así se sentía ella sin él, sintiéndolo estar donde ya no estaba.
Él se abate y bebe o juega
en un revés de la suerte;
ella sufre, lucha y ruega;
(Permitidme que me asombre). ella se llama “ser débil”,
y él se apellida “ser fuerte”
porque es hombre.
La poesía es un arma cargada de mercurio,
a casi todo el mundo se le escapa.
Y no sé por qué insisto en estos tiempos,
se nos van los poetas en silencio,
y luego el homenaje-navajada.
